Emilio del Carmelo Tomás Loba: Trovo, improvisación y otras formas de respirar

El trovo murciano e improvisación poética son mucho más que expresiones culturales: son lenguajes vivos que atraviesan generaciones, territorios y disciplinas. Desde el freestyle del rap hasta las décimas cantadas en fiestas populares, la capacidad de improvisar versos conecta el pasado con el presente. Emilio del Carmelo Tomás Loba es referente del trovo y defensor de la improvisación como herramienta educativa, artística y comunitaria.

Emilio del Carmelo Tomás Loba: Trovo, improvisación y otras formas de respirar

Será mejor que te pierdas en la música, en el momento —“You better lose yourself in the music, the moment…”, rapeaba Eminem en la banda sonora de 8 Mile. Resulta inevitable recurrir al rap como referencia contemporánea cuando hablamos de improvisación. El freestyle, considerado como lo más crudo, lo más inmediato, lo más verdadero, según lo definía KRS-One, pionero del rap neoyorquino. La improvisación es también un elemento fundamental del flamenco, “ese dejarse llevar por lo que pasa” del que hablaba Paco de Lucía.

Mucho antes del rap, pero también mucho antes de que el flamenco fuera llamado por ese nombre, la improvisación transitaba por esos espacios de libertad en los que las palabras se disuelven en el aire al ser cantadas en versos que nacen y mueren al instante. Repentismo andaluz, payador sudamericano o trovo murciano forman parte de una tradición casi tan larga y obstinada como la existencia humana.

Emilio del Carmelo Tomás Loba: Trovo, improvisación y otras formas de respirar

Emilio del Carmelo Tomás Loba, figura referencial del trovo, pero también investigador, cronista, poeta oral y uno de los mayores expertos en improvisación poética en España, sintetiza como pocas personas el diálogo entre la esencia popular y la academia. Hace apenas unas semanas, en Almonacid del Marquesado (Cuenca), participó en las jornadas de formación del proyecto Trashumancias 2.5, una iniciativa impulsada por la Cátedra UCLM-Diputación de Cuenca de Oportunidades para el Reto Demográfico, en colaboración con la Fundación Los Maestros y con el respaldo del propio Ayuntamiento, que trata de establecer un diálogo profundo entre el saber popular y el conocimiento científico.

En este lugar de la Mancha donde se reunieron una treintena estudiantes universitarios, junto a docentes, expertos, vecinos y escolares, Emilio del Carmelo Tomás Loba arrancó su intervención con un rotundo «Improvisar no es inventar, es encontrar». La etimología lo respalda: del latín trobar, hallar, dar con lo que estaba —quizá— esperando ser dicho.

El escenario del Centro Cultural de Almonacid del Marquesado convertido en sala de encuentro y conversación, sirvió de aula improvisada para un recorrido apasionante por la historia del trovo, esa tradición que sigue latiendo con fuerza en la Región de Murcia pero que, como recordó, tiene hermanas en toda la península. Desde las corrandes catalanas hasta los glosadors baleares o las décimas canarias, la poesía oral improvisada es un lenguaje común en la diversidad.

Emilio habló de Homero y de Quevedo, de Calderón y de Sabina. «Improvisar es lo más antiguo que hay en la poesía», afirmó, recordando que antes de que la literatura se encerrara en libros, fue viento y palabra dicha en voz alta. La cultura popular, explicó, prefirió siempre los versos de arte menor —de ocho sílabas— porque se ajustan al ritmo natural de la respiración. Improvisar, en cierto modo, es respirar colectivamente.

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Alejado del discurso académico más convencional, entre las explicaciones se colaron ejemplos vivos. Improvisó allí mismo, jugando con las palabras que el público le lanzaba: «café», «césar», «cafeína». Versos repentinos que sacaron la sonrisa, o la carcajada, de muchos asistentes. Pero el trovo no es solo juego, advirtió. Es también disputa elegante. «Como en el rap, en el trovo tradicional hay combate, pero es un enfrentamiento con normas. No vale cualquier ripio ni la vulgaridad». Hay, explicó, trovo clásico —más escénico y formal— y trovo de cuadrillas, vinculado a las festividades navideñas y a la vida comunal. Ambos son igualmente valiosos.

En Murcia, el trovo fue reconocido en 2014 como Bien de Interés Cultural. Sin embargo, Emilio fue claro al subrayar las carencias de esa protección: «Declarar no es conservar. Únicamente el bertsolarismo vasco ha logrado articular un modelo real de apoyo institucional». En otras palabras: el trovo vive porque hay personas que lo practican y lo cuidan, no porque haya un decreto.

Emilio del Carmelo Tomás Loba: Trovo, improvisación y otras formas de respirar

Emilio del Carmelo cree que no basta con preservar. Hay que transmitir. Por eso buena parte de su intervención se centró en proponer cómo integrar la improvisación poética en la educación. «Si un niño aprende a construir versos, mejora su competencia lingüística, su capacidad de expresión y su pensamiento creativo». Más allá de los objetivos curriculares, el trovo enseña a escuchar, a dialogar, a respetar turnos y a reírse sin herir. Es, en definitiva, una escuela de convivencia y de empatía.

En tiempos de pantallas y algoritmos, reivindicó la potencia subversiva de la palabra dicha: “Improvisar es estar presente. No se puede hacer con prisa ni desde la distancia». La improvisación es, para él, un antídoto contra la desconexión contemporánea. “No se trata de museizar ni de hacer arqueología. Se trata de mantener vivo lo que aún es útil y hermoso”. Para él, el trovo —como las vías pecuarias o la gastronomía pastoril, temas también de estas jornadas— es parte de una cultura viva que aún tiene mucho que aportar al mundo actual. En un tiempo en el que todo parece buscar la inmediatez del like y la viralidad, defender el valor de la palabra dicha —de la palabra que se arriesga al ser dicha— suena casi revolucionario. El trovo no es una rareza del pasado. Es un lenguaje en el que se reconocen los seres humanos.

Emilio del Carmelo Tomás Loba: Trovo, improvisación y otras formas de respirar

El taller práctico en el que participaron varios miembros de la Ronda de Motilleja que siguió fue la mejor demostración de esa vitalidad. Las palabras se convirtieron en puente entre generaciones y procedencias. “La improvisación es la voz del pueblo, viva y auténtica, latiendo en quienes aún saben escucharla”. Por la tarde, en el concierto de la Ronda, Emilio del Carmelo Tomás Loba transformó la teoría en práctica. Quizá, como decía Machado, lo importante no sea el camino ni el destino, sino el paso mismo. Improvisar es, al fin y al cabo, seguir caminando.

Texto: José An. Montero / Fotos: María Brito

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