Trashumancias 2.6 continuó en Almonacid del Marquesado y Uclés con una jornada centrada en la cultura pastoril y creación contemporánea

El programa formativo Trashumancias 2.6 celebró este sábado, 18 de abril, una nueva jornada en la provincia de Cuenca con una propuesta desarrollada entre Uclés y Almonacid del Marquesado que volvió a situar la trashumancia como eje de trabajo entre formación, territorio y cultura contemporánea. La actividad combinó una sesión académica de mañana en el Monasterio de Uclés, una jornada abierta al público en el Museo de La Endiablada y un concierto final de Carlos Herrero en el Salón Municipal de Almonacid.

La iniciativa se enmarca dentro del proyecto impulsado por la Cátedra UCLM–Diputación de Cuenca de Oportunidades frente al Reto Demográfico, que tendrá su continuidad en el proyecto Aula Albura, y mantiene su objetivo de trasladar la universidad al territorio, activar el diálogo entre conocimiento académico y saberes locales y generar nuevas prácticas culturales vinculadas al medio rural.

La jornada comenzó con una primera sesión académica en el Monasterio de Uclés. Carmen Vázquez Varela, codirectora de la Cátedra y profesora titular de Análisis Geográfico Regional en la Universidad de Castilla-La Mancha, ofreció la conferencia “La trashumancia, una visión interdisciplinar”, en la que planteó esta práctica como mucho más que una forma de ganadería extensiva. Su intervención presentó la trashumancia como un sistema histórico capaz de articular territorio, economía, cultura y formas de vida, con una incidencia decisiva en la configuración de la provincia de Cuenca y de buena parte de la historia social y productiva de España.

A lo largo de su exposición, Vázquez abordó el papel del Honrado Concejo de la Mesta y la importancia de la oveja merina y de la lana en la economía histórica, subrayando cómo este sistema conectó el medio rural peninsular con redes comerciales de alcance internacional. Al mismo tiempo, defendió la necesidad de leer hoy la trashumancia desde claves contemporáneas, vinculándola a cuestiones como la sostenibilidad, la biodiversidad, el manejo del paisaje, la prevención de incendios y la salud ecológica del territorio. En este sentido, insistió en que el conocimiento asociado al pastoreo no puede entenderse como una reliquia del pasado, sino como un saber vivo, útil y necesario en el presente.

Su conferencia también incidió en la dimensión social y cultural del fenómeno, prestando atención al papel de las comunidades rurales y a la importancia de integrar distintas disciplinas para comprenderlo en toda su complejidad, desde la geografía y la economía hasta la sociología, la literatura y la antropología. En esa línea, defendió la descentralización del conocimiento universitario y la necesidad de llevar el debate académico a los espacios en los que este patrimonio sigue teniendo arraigo. Para la codirectora de la Cátedra, sacar la universidad de las aulas y situarla en diálogo con el territorio es una forma de reconocer que el conocimiento también nace de la experiencia, de la memoria local y de las prácticas que han modelado el paisaje durante siglos.

A continuación, la artista visual y gestora cultural Ana Yedros impartió la ponencia “De la idea al proyecto. Del proyecto a la realidad”, centrada en los procesos de creación cultural en contextos rurales a partir de su experiencia en LaLAB Rural Future. Su intervención giró en torno a la necesidad de pensar los proyectos culturales no solo como programación o gestión de actividades, sino como procesos complejos en los que investigación, relato, dirección artística, comunicación y arraigo territorial deben avanzar de manera conjunta.

Yedros explicó cómo proyectos desarrollados en el entorno del Monasterio de Uclés han partido de una inmersión profunda en los materiales históricos, simbólicos y sociales del territorio para transformarlos en experiencias culturales contemporáneas. Reivindicó elementos como la lana, la trashumancia o la memoria pastoril como parte fundamental de una cultura de la identidad que todavía puede activar formas actuales de creación, pensamiento y pertenencia, mucho más allá de imágenes folclóricas o elementos decorativos. En ese sentido, defendió que el patrimonio deje de entenderse como una realidad administrativa o estática para convertirse en una experiencia compartida y reinterpretada por la comunidad.

Una parte central de su conferencia se centró en la metodología de trabajo que siguen en Lalab. Desde el proceso de creación, hasta cómo “aterrizar” una idea, dotarla de rigor, construir equipos y articular redes de colaboración que permitan convertir una intuición inicial en un proyecto viable y con impacto. Subrayó la importancia de la excelencia y de la profesionalización en el medio rural, alejándose de la idea de que este tipo de propuestas deben conformarse con fórmulas menores o de baja exigencia. Para Yedros, la cultura rural necesita ambición, calidad y capacidad de comunicar bien lo que hace, controlando sus relatos y situando el territorio en un mapa más amplio sin perder su singularidad. También puso el acento en la dimensión social y económica de estos procesos, señalando que la cultura puede contribuir a fijar población, generar oportunidades y proponer modelos de desarrollo más lentos, sostenibles y respetuosos con el entorno.

La sesión matinal concluyó con una mentoría colectiva de proyectos en la que participaron Laura Budia, José An. Montero, José María Martínez Navarro y María Herreros. En este espacio, los participantes en Trashumancias trabajaron sus propuestas culturales vinculadas al territorio, acompañados por perfiles procedentes del arte, la comunicación, la geografía y la gestión cultural. La sesión permitió trasladar a un plano práctico muchas de las cuestiones abordadas durante la mañana, desde la necesidad de construir relatos sólidos y arraigados hasta la importancia de pensar la viabilidad, la mediación y el contexto de cada propuesta. También se planteó la propuesta de crear una incubadora de proyectos que puedan ejecutarse a lo largo del próximo curso. 

Por la tarde, la actividad se trasladó a Almonacid del Marquesado con una jornada abierta al público celebrada en el Museo de La Endiablada. La inauguración institucional contó con la participación de Álvaro Martínez Chana, presidente de la Diputación de Cuenca, y Carmen Vázquez Varela, en representación de la Universidad de Castilla-La Mancha. En su intervención, Martínez Chana reivindicó el valor del patrimonio humano vinculado al mundo rural y al pastoreo, subrayando que “el patrimonio de esta provincia no son solo las piedras de sus monumentos, el patrimonio más valioso es el patrimonio vivo, y no hay nada más vivo en nuestra tierra que el oficio del pastor”. El presidente provincial reafirmó además el apoyo de la Diputación a este tipo de iniciativas, que permiten sacar la universidad de las aulas y llevarla a los pueblos.

Por su parte, Carmen Vázquez defendió la importancia de descentralizar el conocimiento y situarlo allí donde nace, conectando el análisis académico con la experiencia directa del territorio. Durante su intervención subrayó el valor de una mirada interdisciplinar capaz de reunir literatura, geografía, memoria oral y experiencia pastoril en un mismo espacio de aprendizaje y reflexión.

La primera conferencia de la tarde corrió a cargo de Martín Muelas Herráiz, catedrático jubilado de Didáctica de la Lengua y la Literatura, con la ponencia “El pastor como personaje literario y cultural”. Su intervención propuso un recorrido por la presencia de la figura del pastor en la historia cultural occidental, no tanto como reflejo directo de la vida real de los pastores, sino como construcción simbólica, literaria y moral. Muelas situó el origen de este imaginario en los primeros relatos de la civilización, desde el mundo mesopotámico y la tradición bíblica hasta su incorporación al cristianismo a través de figuras como el Buen Pastor.

A partir de ahí, desarrolló una lectura de la literatura pastoril y bucólica en la tradición europea y española, explicando cómo, especialmente entre los siglos XVI y XVII, el pastor se convirtió en un símbolo de pureza, libertad y distancia crítica frente a los espacios del poder. En su recorrido aparecieron referencias a Garcilaso, San Juan de la Cruz, Lope de Vega y otros autores en los que el paisaje rural y la figura del pastor funcionan como escenario y emblema de una forma de entender la vida, el deseo, la moral o la belleza. Muelas se detuvo también en la evolución teatral del personaje, desde la figura idealizada y casi sagrada de los autos y misterios hasta el pastor más rudo y cómico que acabaría derivando en tipos fundamentales del teatro áureo.

Más allá del recorrido histórico y literario, la conferencia planteó una idea de fondo especialmente relevante para el programa: la trashumancia y la cultura pastoril no solo han producido formas de vida o de organización económica, sino también imágenes, relatos y símbolos que siguen operando en la forma en que una sociedad se piensa a sí misma. En esa línea, Muelas reivindicó la figura del pastor como personaje central en la construcción cultural del territorio y vinculó el mundo pastoril con una forma de sostenibilidad histórica que, en muchos sentidos, anticipa debates que hoy se formulan bajo términos contemporáneos como circularidad o equilibrio ecológico.

A continuación intervino Vicente Caja Real, pastor y alcalde de Buenache de la Sierra, con la conferencia “Vivencias de un trashumante”, en la que ofreció el contrapunto experiencial y práctico de la jornada. Su intervención, basada en una vida ligada al pastoreo desde la adolescencia, permitió escuchar una voz directamente vinculada al oficio y al conocimiento cotidiano del territorio. Caja comenzó recordando sus inicios en el campo en 1975, cuando dejó la escuela con catorce años para ayudar a su padre con el ganado, y repasó sus primeras campañas de trashumancia como pastor de temporada desde la Sierra de Cuenca hacia el Campo de Calatrava, el Valle de Alcudia, Jaén o zonas del Levante.

A partir de esa experiencia, reconstruyó la lógica del oficio y sus transformaciones en las últimas décadas: los desplazamientos en tren antes de la generalización del camión, la organización de la vida en ruta, el papel de los perros, los burros y los saberes transmitidos entre generaciones, así como la importancia del clima, los pastos y el estado de la lana en las decisiones del movimiento ganadero. Su intervención puso de relieve que la trashumancia no es solo un desplazamiento estacional, sino un conocimiento complejo sobre animales, caminos, estaciones, vegetación y gestión del territorio, adquirido a través de la práctica y afinado por la experiencia.

Vicente Caja insistió también en el profundo cambio que ha vivido el sector, marcado por la pérdida de rentabilidad, la caída del valor de la lana, la desaparición del relevo generacional y el aumento de la burocracia. Denunció la creciente carga administrativa que soportan hoy los pastores y cómo esta presión, unida a la dureza del oficio, está provocando la desaparición de una forma de vida esencial para entender muchos territorios de la provincia. Frente a ello, reivindicó el valor de una sabiduría que no siempre aparece en los libros, pero que resulta fundamental para comprender el paisaje, prevenir incendios, leer el tiempo o manejar el ganado. Su testimonio aportó así una dimensión humana y política a la jornada, al mostrar la distancia entre el reconocimiento simbólico del patrimonio pastoril y las dificultades reales que atraviesan quienes todavía lo sostienen.

La jornada concluyó en el Salón Municipal de Almonacid del Marquesado con el concierto Trashumante, de Carlos Herrero, músico, investigador y miembro fundador de El Naán. Su propuesta en solitario presentó un recorrido por cantos y ritmos vinculados a la trashumancia en la península ibérica e incorporó referencias al origen africano presente en parte de la música tradicional, junto a sonoridades afroperuanas y canarias.

El concierto abrió con una interpretación al pandero cuadrado de “La llaga perfecta”, pieza vinculada a El silbo de la llaga perfecta de Miguel Hernández. A lo largo de la actuación sonaron también piezas como “Coplillas de la Hierbabuena”, recientemente revisada en el último trabajo del grupo, Versos del Páramo Negro, junto a otras composiciones asociadas a su universo sonoro.

El repertorio incluyó el uso de instrumentos de raíz tradicional como el rabel, el acordeón, la quijada y distintas percusiones, a los que se sumó el gimbri, instrumento de cuerda de origen norteafricano que Herrero incorporó por primera vez en directo en este concierto. Con él interpretó unas coplas inspiradas en la tradición poética de Omar Khayyam, autor del siglo XI cuyos textos abordan el paso del tiempo, el destino y la celebración de la vida a través de símbolos como el vino.

El tramo final del concierto, con acordeón y el público en pie, evocó el ambiente de los antiguos salones de baile con pasodobles y corridos, entre ellos “El rey del glifosato”. Herrero cerró la actuación con cachava y percusión de lata en un charro de carácter festivo que desembocó en “La Danza de las Semillas”.

Con esta nueva parada en Almonacid del Marquesado, Trashumancias 2.6 consolida su recorrido como un laboratorio de formación, creación y mediación cultural en el medio rural. El programa continúa así su itinerario dentro de Aula Albura, reforzando la relación entre universidad, territorio y comunidad, y ofreciendo a los participantes un espacio real de trabajo donde los saberes locales, la investigación académica y la práctica cultural se encuentran.

Todas las crónicas y material gráfico de esta jornada han sido elaborados por el equipo de La Circular formado, en esta ocasión, por Marta Moyano, Milagros Sevilla, Samuel Quinones Hernandez, Darianyi Araujo Valdez, Irene Rotger Mas y María Romeu Álvarez

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