
El antropólogo Pedro Javier Cruz Sánchez, junto con la gestora cultural Beatriz Sánchez Valdelvira, participó en la primera jornada de formación de Trashumancias 2.5 en Enguídanos.
El evento tuvo lugar en el Centro Social de Enguídanos, donde los estudiantes participantes en la fase de formación de Trashumancias 2.5, organizada por la Cátedra UCLM-Universidad de Castilla-La Mancha de Oportunidades frente al Reto Demográfico, en colaboración con el Ayuntamiento de Enguídanos y la Fundación Los Maestros, se reunieron con los vecinos de la localidad. Allí, asistieron a la segunda conferencia de la jornada, impartida por Pedro Javier Cruz Sánchez, doctor en Antropología y experto en religiosidad local y cultura popular. La ponencia, titulada “Aproximaciones a la trashumancia en España desde la etnografía”, ofreció un enfoque accesible y divulgativo sobre este importante fenómeno histórico y cultural.
Con un lenguaje cercano y ameno, Cruz introdujo a los asistentes en la tradición de las cañadas reales, los santuarios de alta montaña y las antiguas disputas entre ganaderos y agricultores. Todo ello estuvo acompañado de relatos sobre vírgenes viajeras, talismanes primitivos y el inagotable ingenio de aquellos que, con largas jornadas de vigilia y escasos recursos, transformaron el pastoreo en una fuente rica de cultura inmaterial. Según explicó Cruz, la trashumancia en España ha sido fundamental en la historia del país, contribuyendo de manera decisiva a la formación del paisaje y a la cultura popular.
Para empezar, Cruz subrayó la antigüedad del fenómeno trashumante, recordando que, desde la Prehistoria, los pastores han movido rebaños en busca de mejores pastos y han alimentado, al mismo tiempo, rutas comerciales y culturales que conectan el norte y el sur de la Península. Según explicó, estos caminos (cañadas, cordeles y veredas) están documentados en archivos como el del Real Concejo de la Mesta o el Archivo Histórico Nacional, y aún hoy se conservan o se han digitalizado en planes de medio ambiente, pese a las transformaciones de la segunda mitad del siglo XX. “Como veis, la trashumancia no es solo un desplazamiento de ganado. Es un fenómeno con profundas implicaciones económicas, sociales, ambientales y culturales, que ha modelado el paisaje, las comunidades y hasta la percepción del mundo de quienes la practican”, enfatizó el ponente.
Acto seguido, dedicó parte de su exposición a la importancia de la religiosidad popular, donde las advocaciones marianas desempeñan un papel fundamental como protectoras frente a tormentas, rayos o mordeduras de perros rabiosos. Los pastores llevaban medallitas cosidas a la ropa o guardadas en el morral —por ejemplo, de Valdejimena o la Peña de Francia— y, al desplazarse con los rebaños, propagaban la devoción por regiones muy alejadas. Además, relató la costumbre de recoger piedras prehistóricas, llamadas “piedras de rayo”, consideradas talismanes contra las inclemencias del tiempo y ejemplo de cómo la fe y la tradición ofrecían una forma de seguridad ante la dureza de la vida al aire libre.

Arte Pastoril: Creación en la Trashumancia
En otra fase de su exposición, exploró el sorprendente universo del arte pastoril, en el que las largas jornadas de vigilancia del rebaño propiciaban la talla de cuernos, madera o corcho para crear cucharas, sellos de pan o figuras diversas. A veces se copiaban motivos de estampas religiosas o de pliegos de cordel, y otras se improvisaban símbolos y escenas cotidianas. “El mundo pastoril es mucho más rico y complejo de lo que solemos pensar. No solo eran pastores cuidando ovejas; eran artesanos, observadores, artistas y transmisores de una cultura visual y simbólica que, aunque en desuso, sigue teniendo vigencia en muchos aspectos”, apuntó Cruz para subrayar la trascendencia de esta práctica.
Asimismo, explicó que la trashumancia no implicaba únicamente el traslado de ovejas y cabras, sino que también fomentaba un intercambio comercial clave para zonas de economía cerealista. Muchos pastores regresaban de regiones más cálidas con botijas de aceite, un bien esencial para cocinar en tierras frías, y con naranjas que maravillaban a los niños, sobre todo en las fechas navideñas. El corcho, por su parte, procedente de las dehesas del suroeste, llegaba a lugares alejados de los alcornoques y se transformaba allí en recipientes u otros objetos de uso cotidiano. “Las naranjas no crecen en Salamanca —explicó el ponente—, pero muchos chavales probaban su primera naranja gracias a esos pastores trashumantes que cruzaban media Península con ese tesoro en las alforjas”. Este flujo de mercancías, además de cubrir necesidades básicas, consolidó una auténtica cultura de intercambio. Los agricultores cedían sus campos a cambio del estiércol que abonaba la tierra, y así se tejía una red de beneficios mutuos en la que cada parte encontraba su oportunidad de prosperar.

La trashumancias como conexión cultural
Por otra parte, Cruz destacó el impacto de la trashumancia como motor de interconexión, ya que la movilidad de los rebaños dispersaba semillas, reducía la maleza y actuaba como un cortafuegos natural. Gracias a ella surgieron cañadas reales, pueblos a lo largo de las rutas y una interacción estrecha entre comunidades lejanas, todo lo cual contribuyó a modelar el paisaje.
Pedro Javier Cruz insistió en la necesidad de contemplar la trashumancia en toda su complejidad, puesto que abarca dimensiones económicas, sociales, ambientales y culturales que ameritan mayor estudio y revalorización. “La trashumancia en España es, en definitiva, un fenómeno con profundas raíces en nuestra historia, y su impacto en la cultura y el paisaje de España sigue siendo visible hoy en día”, aseguró.Este encuentro con el antropólogo finalizó con la sensación de haber asistido a algo más que una conferencia académica: un acercamiento a la esencia de una forma de vida que, aunque transformada por la modernidad, permanece en el imaginario colectivo. Tal y como subrayó Cruz, la trashumancia “ha modelado el paisaje, las comunidades y hasta la percepción del mundo de quienes la practican”, demostrando que todavía late en los caminos, las ermitas y los objetos que guardan el eco de aquellos pastores trashumantes.
Texto de Paz García Blanes con fotografías de Laura Martínez Oviedo y Evelyn Mardomingo