
Cumplir dieciséis años como festival de circo de iniciativa privada supone desafiar la gravedad económica y emocional, casi tanto como lo hacen con la física muchos de los espectáculos programados. Circarte, organizado por la entidad sin ánimo de lucro Familia Circarte, volvió a desplegar, con acrobática constancia, una constelación de compañías, talleres y espectáculos que han recorrido durante todo este mes de octubre la provincia de Alicante.
En sus últimas jornadas, la Casa de Cultura de El Campello, con su Auditorio Pedro Vaello como escenario principal, volvió a convertirse en el corazón latente de Circarte. Este sábado, preludio del cierre del festival, ofrecía un programa doble que condensaba el espíritu del circo contemporáneo: riesgo y poesía, humor y hondura. La propuesta de circo-danza de Siroco y el espectáculo Solo de Roi Borrallas, Premio de la Crítica al Mejor Espectáculo de Circo Nacional el año pasado, formaban un programa más que atractivo para justificar el viaje hasta la localidad alicantina.

La tarde comenzó con L’Appel du Vide, “la llamada del vacío”, esa expresión francesa que nombra el impulso de asomarse al abismo y sentir, por un instante, el deseo de saltar. La pieza, firmada por la compañía Siroco, lleva la impronta técnica de Vitaliy Motouzka, figura imprescindible para entender la evolución de la acrobacia escénica en España durante las últimas décadas, y la dirección de Sophie Acosta. Un espectáculo que gira alrededor de la báscula coreana, pero que posee la sensibilidad de la danza, incluso en sus partes aéreas, disolviendo las fronteras entre ambas disciplinas.
El vértigo de la vida es el pulso que sostiene el espectáculo. Una obra coral interpretada por Noemí Suelee, Martín Franz, Alberto Soro, Miguel Gambín y Charlie Poisson, en la que cada artista aporta su propio aliento y temperamento, sumando a un conjunto en una conversación física sobre la existencia, el miedo y ese anhelo tan humano de abandonar el camino seguro y lanzarse a la aventura del vacío. “El vértigo no es el miedo a caer, sino el deseo de volar”, explican en la presentación.

Apenas una hora después, el público pasó de los vuelos de Siroco en el exterior de la Casa de Cultura a la intimidad del Auditorio Pedro Vaello, donde Roi Borrallas presentaba su espectáculo Solo. Literal. Un hombre frente a su reflejo, rodeado de objetos cotidianos: un tocador de camerino, un bote de espuma de afeitar, un cepillo de dientes y un público que observa sin red a través del espejo.

Ecos del Pagliacci de Leoncavallo, ese síndrome del payaso triste que tanto fascina: la paradoja del que hace reír mientras se deshace por dentro. Roi Borrallas es capaz de provocar lágrimas y sonrisas con un humor cálido, artesanal, con esa ligereza tan propia de lo frágil. Abre una puerta hacia un diálogo eterno al transmutarse en todo un linaje de payasos, del Clown Blanco al Augusto, de Pierrot a Chaplin o Charlie Rivel. Su trabajo dialoga con la tradición de Marcel Marceau, maestro de la melancolía muda, y con la comicidad emocional de David Larible, cuya célebre número del espejo Borrallas reinterpreta y eleva hasta convertirla en pieza esencial de su lenguaje escénico.
Cada pieza forma parte de una cadena que une a los payasos a través del tiempo, jugando en la frontera entre la persona y el personaje. En Solo, unas gafas con nariz postiza abren la puerta a un mundo mágico. En Solo, un bote de espuma de afeitar es capaz de hacer saltar las lágrimas, y hacer viajar al público desde el fantasma de la ópera hasta el, quizá, más terrible de la vejez. Suena Nessun Dorma con alma, con soledad, con talento. Todo el escenario es un espejo, y todo público también lleva su nariz de payaso, aunque sea de merengue o de espuma de afeitar.

Circarte lo volvió a hacer. En un tiempo en que los festivales nacen como setas anónimas, Circarte sigue construyendo comunidad con alma: tejiendo complicidades, cultivando cuidados, dejando aflorar lo humano, el vuelo colectivo. Porque la pregunta es siempre la misma: ¿qué nos sostiene cuando caemos?
Tarde del 25 de octubre de 2025 en la Casa de Cultura de El Campello y su Auditorio Pedro Vaello. El programa incluyó los espectáculos L’Appel du Vide, de la compañía Siroco, y Solo, del clown Roi Borrallas, dentro de la XVI edición del Festival Circarte, que se extendió del 9 al 26 de octubre con veintidós actividades, trece compañías y más de cincuenta artistas.