Sílvia Pérez Cruz y la sociedad de gente hermosa

Por José An. Montero

Dicen que Sílvia Pérez Cruz es la artista que más veces ha actuado en La Mar de Músicas. En una de aquellas primeras visitas se subió al escenario de El Batel para interpretar «Senza fine» junto al recientemente fallecido Gino Paoli. «Non hai ieri / Non hai domani / Tutto è ormai nelle tue mani» («No tienes ayer ni mañana. Todo está ya en tus manos»), dice la canción. Y algo de eso hay en la trayectoria de Sílvia Pérez Cruz en la Mar de Músicas. Cada concierto, cada proyecto encuentra una vida propia, como si no hubiera pasado ni tuviera que responder al futuro. Y todo bañado con la voz casi omnipotente de Sílvia Pérez Cruz.

En esta nueva propuesta de Sílvia Pérez Cruz, basada en su nuevo álbum «Oral Abisal», se despliega una puesta en escena más escenográfica, en la que Sílvia mira más tiempo hacia atrás, hacia «esta pequeña sociedad de gente hermosa» que la acompaña que hacia el público, aunque sorprendentemente, está más cercana al público que nunca, al que consigue hacer partícipe de «esa pequeña sociedad».

Krzysztof Kieślowski, el director polaco, decía que «Azul», «Blanco» y «Rojo» no pretendían reflexionar sobre la libertad, la igualdad y la fraternidad como conceptos políticos, sino descubrir cómo funcionan «en un plano humano, íntimo y personal». Algo parecido sucede aquí. En la propuesta de «Oral Abisal», las grandes palabras como cuidados, familia, amor o comunidad se tornan en gestos vivos. Una canción compartida con su hija Lola, un guiño al contrabajista Bori Albero cuando en plena canción se le rompe el mástil y acude en su ayuda Marta Roma, cuando cede el centro del escenario a Carlos Montfort, cuando se cambia de vestuario frente al coro juvenil.

No importan tanto la luna ni las estrellas, como dijo Paoli. Importan esas alas en los brazos de los tres trompistas cuando se entrelazan con las maderas. Importa ese manto negro que va deslizándose dejando al descubierto el abismo blanco infinito, importan las manos que van saliendo al rescate.

Por supuesto, hubo un cariñoso recuerdo al concierto suspendido por la lluvia el año pasado. Algunos fueron explícitos, como cuando comentó que esta vez, por suerte, no llovería, o cuando señaló que Salvador ya no estaría para darle la réplica. Otros fueron más sutiles, como el puente que tendió entre «Pequeño vals vienés» y algunos versos de «L’amour reprend ses droits», que da paso al blanco aterrador de las profundidades de la mente, al sueño, a la introspección, al metal, a las trompas, a las flautas, al tambor de doble parche.

Del negro al blanco y al final el rojo. La vida latiendo. Casi veinte músicos sobre el escenario para hacer un canto colectivo. Un canto de esperanza. «Gallo rojo, gallo negro» con todo el escenario en rojo, sin matices, abrasador. Pero antes de marcharse, una esperanza, «Mañana», un horizonte abierto. Un abrazo.

Sílvia Pérez Cruz (voz, guitarra y dirección artística) estuvo acompañada por Marta Roma (violonchelo, trompeta y coros), Carlos Montfort (violines, percusión, trompeta y coros) y Bori Albero (contrabajo y coros), junto a los trompistas Ionuț Podgoreanu, Pablo Cadenas y Gerard Sànchez, el trío de flautas formado por Anna Pujol Contreras, Estela Córcoles López y Alejandra Villalobos Cortés, además de un dúo de cuerdas, piano, sintetizador y el coro juvenil del proyecto Oral Abisal., presentado en el Auditorio Paco Martín de Cartagena dentro de La Mar de Músicas, el 18 de julio de 2026.

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