En la bahía de Cartagena coincidían aquella tarde un patrullero de la Armada, el Disney Dream y un grupo de jóvenes que se lanzaban al agua al ritmo de canciones llegadas de la otra orilla del Mediterráneo. A veces el mundo se explica mejor desde el fondo que desde el primer plano. “Hay 200 millones de personas migrantes en el mundo. Yo soy una de ellas”, dijo Rachid B. desde el pequeño escenario de la Plaza del Antiguo CIM, uno de esos tesoros escondidos de La Mar de Músicas que resiste incluso a la ola de calor que estos días cae sobre Cartagena.
Rachid B canta al ghorba, esa nostalgia del emigrante que nunca encuentra una traducción exacta. Tampoco la encuentra la saudade portuguesa, la morriña gallega o el hiraeth galés, porque cada tierra necesita su palabra exacta para nombrar su propia nostalgia.
Nacido en la ciudad costera de Asilah y afincado en España desde hace veinticinco años, Rachid B llevó al escenario del Patio del Antiguo CIM las canciones de El Ghorba, un debut que ha sorprendido a la crítica por la honestidad con la que aborda esa melancolía del emigrante. Una sensación que parecía aún más intensa con la bahía al fondo y los gritos de quienes descendían por el AquaDuck del Disney Dream, buscando emociones seguras.
Durante el concierto recordó que el disco nació junto a unos amigos en una edición de apenas doscientas copias, agotada en muy poco tiempo y hoy reeditada. “Gracias por darnos la oportunidad de compartir nuestra música y nuestra biografía como inmigrantes”, agradeció antes de volver a un repertorio cantado en darija, el árabe marroquí. Bastaron una guitarra y una voz contenida para que las palabras se convirtieran en universales.