Los pequeños ladrillos del aprendizaje: la importancia de la psicomotricidad

Por Marta Cigliutti

La  psicomotricidad es una ciencia todavía difícil de evaluar, porque no se limita a asociar la mente con el cerebro y la red neuronal o canal sináptico, sino que la relaciona también con la parte emocional-relacional o empática. Hemos intentado entender más sobre este tema con la ayuda de dos expertas italianas, Roberta Borrelli y Cristina Baudino. 

Foto: Studio EleMenti

Roberta Borrelli es una terapeuta neuropsicomotriz de la edad de desarrollo, sigue la metodología Aucouturier y se ocupa tanto de la educación y prevención como de la rehabilitación psicomotriz de niños entre los 0 y los 18 años.

Cristina Baudino es psicóloga y psicoterapeuta, ha trabajado con todos los grupos de edad pero ahora, con Roberta, trata principalmente con familias, tanto con los padres como con los hijos. Juntas llevan el estudio EleMenti, un centro multidisciplinar con actividades preventivas y terapéuticas para niños de distintos grupos de edades, junto a otros profesionales, como una logopeda y una ortoptista.

Sabemos que el ejercicio físico es indispensable para el cerebro, porque afecta al estado de ánimo, la vitalidad, la atención y la sensación de bienestar. El aprendizaje se produce a través del cuerpo y todos los sentidos que nos permiten controlarlo en el espacio y en relación con los demás. Los niños necesitan movimiento para aprender y concentrarse. La falta de actividades al aire libre, por ejemplo, tiene efectos negativos tanto en el campo psicofísico cuanto en las relaciones sociales, como en el sobrepeso, la falta de coordinación y la falta de concentración o atención. La actividad física también se relaciona con la memoria. Por ejemplo, es probable que un niño con un equilibrio alterado tenga un rendimiento académico más bajo que un niño que ha desarrollado una buena estabilización. Se trata de muchos ladrillos pequeños que sirven como base y, si falta alguno, la casa probablemente temblará…

Roberta Borrelli: La dimensión de la corporeidad es el ladrillo fundamental desde que los niños nacen y por varios años. El adulto también necesita el cuerpo y la corporalidad pero se pierde un poco la importancia que se le da. Todos somos uno y tendemos a olvidar esto, especialmente cuando crecemos.

Foto: Studio EleMenti

Tal vez es porque no nos enseñan, ¿verdad? En la hora de educación física en el colegio se practica deporte pero no hay un momento de reflexión sobre el movimiento…

Roberta Borrelli: es necesario que los profesores observen a los niños para notar cómo se mueven, cómo saltan o corren, y entonces comprender cómo están por dentro. A veces, los niños vienen al estudio para recibir una evaluación de una posible torpeza psicomotora. Si sigo el protocolo haciendo los típicos ejercicios de salto, aparentemente todo puede ser adecuado, como si el niño tuviera todos los ladrillos en el lugar correcto. Eso es que la parte neuropsicomotriz funciona bien. Pero cuando lo miras puedes ver cómo su actuación es muy torpe. Su expresión motora es el problema, y ​​está relacionada con la parte emocional. Fácilmente será etiquetado como un niño que no es apto para los deportes, mientras que al mirar más de cerca uno puede darse cuenta de que está sacando algo de su mundo interior.

Cristina Baudino: el tiempo de educación física en la escuela obviamente tiene un valor fundamental, pero es muy importante que sobre todo los profesores sean conscientes de que los niños, desde que nacen hasta los 7/8 años, no solo necesitan hacer movimiento, sino también percibirse a nivel corporal. Es necesario diferenciar entre estos dos conceptos.

El cerebro se activa con la motricidad. Esto no quiere decir que debamos estar en constante movimiento, pero al menos en varios momentos. Los descansos durante la lección también son importantes, el cerebro los necesita. En estas pausas, lo ideal sería centrar la atención en la postura, la respiración y la relajación, en la percepción del cuerpo. En primer lugar, los profesores deben conocer estos conceptos y ponerlos a prueba en ellos mismos para comprender su importancia para poderlos transmitir. De esta forma los niños los aprenderían y los llevarían con ellos por la vida.

Uno de los últimos descubrimientos en neurociencia son las neuronas espejo. Cuando observamos una acción, mientras otra persona la está haciendo o transmitiendo por televisión, nuestra red neuronal se activa exactamente como si estuviéramos haciendo esa acción. Es precisamente lo que nos hace sentir empatía hacia los demás, o lo que nos emociona al ver una película aunque no estemos viviendo la escena en primera persona. Se trata de un hallazgo importante para el aprendizaje, porque nos hace comprender que su origen es la imitación.

Foto: Studio EleMenti

Al mismo tiempo, sabemos que hay aprendizaje si hay placer. Aprendemos a través de los cinco sentidos, del equilibrio y del movimiento kinestésico, y cuanto más agradable es esto, más lo hacemos nuestro y tendemos a repetirlo. Controlar y poseer el propio cuerpo permite a la persona aprender habilidades como el escribir o actividades como el deporte, y en general de estar a gusto con su cuerpo y abrirse al mundo exterior.

La forma estática de enseñar y por tanto de aprender es perjudicial, especialmente para la escuela primaria y para todo el sistema escolar en general.

En este sentido, ¿puede ser traumática la transición de la guardería a la escuela primaria? Porque pasamos de la realidad completamente lúdica del jardín de infancia al tener que sentarnos en el escritorio sin movernos durante muchas horas al día…

Roberta Borrelli: los niños tienen muy poco tiempo y espacio para desarrollar la corporalidad. Antes pasaban mucho más tiempo afuera jugando, trepando, rodando y cayendo. Lo que nos han enseñado expertos como el pedagogo Bernard Aucouturier desde los años sesenta es que todo el aprendizaje en los primeros años de vida de un niño pasa por el cuerpo. Esto significa que los niños necesitan experimentar, sentir, jugar. Junto al aprendizaje más emocional y relacional, se debe ejercitar la organización espacial, la lateralidad y la coordinación. Todo lo que pasa por la experimentación física llega al cerebro de forma mucho más rápida y duradera.

La escuela primaria empieza a los seis años porque en ese momento el cerebro cambia un poco, el aprendizaje abstracto se suma al físico. En el último año de guardería se trabajan los prerrequisitos para el aprendizaje, es decir, las hojas de preparación para ingresar al primer grado. En realidad, por muy útil que sea, debería ser el último paso. Si los niños no han desarrollado primero toda una gama de habilidades corporales, como la organización espacial, tendrán dificultades a la hora de administrar el espacio de la hoja. Como no lo han experimentado primero a nivel físico, no lo tienen correctamente lateralizado. Otro ejemplo es la capacidad de enderezar el eje del cuerpo disociando el movimiento del brazo, lo cual garantiza que, una vez sentado en el escritorio, el niño mantenga una posición correcta y tenga una fluidez de movimientos en la mano que le permita aprender a escribir en mayúsculas y en cursiva sin problemas.

Muchos niños llegan al estudio con un «tono bajo», no patológico ni neurológico, simplemente están un poco apagados debido a las modalidades de cuidados iniciales, y tienen repercusiones negativas a nivel escolar.

Foto: Studio EleMenti

¿Cuál sería la forma ideal de prevenir ciertos problemas en los niños?

Roberta Borrelli: Hay que empezar a prestar atención al cuerpo desde temprana edad, dejándoles experimentar. Esto se ha perdido un poco, la actual generación de padres está más ansiosa y apresurada, frenada por el miedo a que el niño se caiga y se haga daño. Los espacios han cambiado, introduciendo nuevos objetos diseñados con cuidado para la postura de los niños, como cunas y asientos. A partir de los dos meses, los bebés se deben sujetar con los brazos o colocar sobre la alfombra, para que experimenten el movimiento, desarrollen la coordinación y la conciencia corporal. Es en ese momento que nacen todos los puentes neuronales de las sinapsis. El gateo, que es un movimiento transversal, conecta los dos hemisferios a través del cuerpo calloso, predisponiendo a una buena motricidad futura.

¿Cómo se puede actuar si los niños no han experimentado suficientemente sus habilidades motoras de pequeños?

Cristina Baudino: lo ideal es obviamente que todo se haga a tiempo para que a los 5 años los niños ya tengan todos los ladrillos para entrar a primaria, donde tienen que sentarse rectos o sostener el bolígrafo correctamente. Si esto no sucede y vienen a nosotros, tenemos que ayudarles a recuperar ciertas habilidades en etapas más avanzadas de desarrollo. En nuestro estudio, en el espacio de la habitación, los niños experimentan la psicomotricidad relacional: ruedan, saltan, gatean, se envuelven… Dependiendo de dónde se haya detenido el niño, vamos a identificar esa pieza que falta y la recuperamos. Él también nos echa una mano, suele buscar espontáneamente el ejercicio en el que encuentra un placer, como ser mecido.

Desafortunadamente, ahora casi todas las habilidades motoras son establecidas y funcionales, incluso hay campos de tenis para niños de 4 años.

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