Panaderas compartidas

Por La (Mínima) Circular

Tras el concierto de El Naán en el Principal me vino a la cabeza la cita de John Berger en la que decía que “En la mesa campesina, la relación entre los utensilios, los alimentos y los comensales es íntima”. Se comía en la misma estancia en la que se cocinaba, con una relación íntima entre los utensilios y los comensales. Hablaba Berger de que se limpia el plato con el pan, se comparte el embutido o el queso directamente sobre la mesa. Un ritmo estacional de la alimentación que formaba un continuo indisoluble con la vida. Un ritmo en el que habitó el ser humano durante milenios y del que apenas tenemos hoy un reflejo.

Terminado el set principal, salen al escenario todos los músicos y los colaboradores, aplausos y saltos de alegría. Se retiran a camerinos, y entonces, allí está, sola sobre el escenario. La mesa. La mesa que abrió la puerta a los ritmos tradicionales. Volverán a tocarla Carlos Herrero y María Alba en solitario. Sirvió para presentar al grupo y que se fueran sumando uno a uno. Sirvió para entretejerse con Finisterre de Vetusta Morla en el Metropolitano. Pero hoy vuelve ahí. Al origen.

La versión con letra de Héctor Castrillejo abrió la puerta a la tradicional de Mayalde. A la reunión de la tribu, al ejercicio de supervivencia de las noches de invierno con poco que compartir. De ahí a las sartenes y las cucharas de Vanesa Muela y al “almacén de instrumentos” de Eliseo Parra de aquel maravilloso Cantar y Batir.

“Nos cerrarán las puertas. Se burlarán de lo más sagrado. Pobre de ellos, aún no lo saben. Pero ya hemos ganado”, escribieron Vetusta Morla. Lo cierto es que nunca se gana del todo. Tampoco se vuelve. Las mesas se multiplican. Aparecen en Mayalde, en El Naán, en Masamadre, en Entavía, en Rozalén, en Valeria Castro golpeando la guitarra. La misma secuencia de manos sobre la madera, al ritmo de los corazones.

Tal vez porque cada mesa conserva el recuerdo de otras mesas. De personas que ya no están, de cocinas que desaparecieron, de conversaciones que no volverán a repetirse.

Carlos y Alba frente a una mesa. Nada más.

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