
«Somos mezcla, somos mejunje / y cada generación escupe a esa marmita eterna / y añade trenza a la trenza, y trenzando se alimenta», escribe Héctor Castrillejo, poeta de El Naán. Y así lleva siendo desde el principio de los tiempos. Las diferencias solo existen en las fotos fijas, porque la vida es siempre mezcla y el aquí y el allí son siempre adverbios relativos.
¿Qué significa ser de aquí? Ese es el interrogante del que parte Los de aquí, la exposición que acoge el Palacio Consistorial de Cartagena dentro de La Mar de Arte. Una exposición de madera entre mármoles donde dialogan artistas ecuatorianos contemporáneos como CMAL, la Fundación Proarte, Azul Macas, Pamela Suasti y Alexandra Cuesta, con fotografías realizadas con cámaras analógicas desechables por quienes habitan esa realidad cada día, a propuesta del fotógrafo Adrián Madrid, y acompañado por estudios de Geografía Humana que funcionan casi como notarios de esta realidad.

Una mezcla con la que la muestra juega, al pedirle al visitante que se sumerja en la exposición para ir viendo las distintas caras de esta realidad. Tienes que dejarte llevar y superar esa primera impresión. Un dispositivo expositivo en que las imágenes se apoyan en arquitectura efímera de madera que obliga al espectador a rodearlas y a tener siempre una vista parcial. Descubriendo u obviando. Tomando decisiones. La identidad, al fin y al cabo, es un punto de vista subjetivo de la realidad, en un juego continuo de revelar y esconder. Los de aquí es una de esas muestras en las que el trabajo de los comisarios, María Garberí y Pepo Devesa, resulta determinante para guiar al visitante por esta realidad.
Esta conversación entre la realidad subjetiva y los estudios académicos, mediada por el arte, es un reflejo del cambio de realidad cartagenera y, por extensión, española. Aquí el arte aporta significado a la memoria individual y al dato científico. Pintura, escultura, instalaciones y videoarte de artistas de allí, aquí, o de aquí con raíces allí. Siempre hay una imagen detrás de otra, un giro inesperado que abre una lectura nueva, en la que solo el arte logra hacer confluir las miradas. De la estadística geográfica a los afectos y, de estos, al arte, arman un inmenso tejido de conexiones del que es imposible encontrar un hilo único.

Los datos aportan datos y análisis sobre esa realidad, aunque esta resulta todavía más compleja y difícil de aprehender. Quizá pueda resumirse en la pieza Escritura Fósil, de Nebraska Flores, artista que propone desplazar la mirada exclusivamente antropocéntrica para pensar el territorio como una red de relaciones entre cuerpos y memorias compartidas. Inspirada en arquitecturas no humanas, como nidos o colmenas, su instalación imagina un hábitat temporal donde materia y memoria conviven, e invita al visitante a experimentar otras formas de convivencia. Escritura Fósil plantea el territorio como un lugar de coexistencia y cuidado, en transformación constante, y condensa en una sola obra muchas de las preguntas que recorre la exposición.
A su espalda, encontramos la obra de Día Muñoz, artista guayaquileña formada en Nueva York y Londres, que presenta BERAP, instalación que toma como punto de partida las ondas alfa, el ritmo cerebral asociado a los estados de relajación y vigilia, y busca inducir en quien la observa una sincronización neuronal capaz de modificar temporalmente esos patrones eléctricos. Si Flores piensa el territorio como hábitat compartido, Muñoz lo hace desde el propio cuerpo, entendido como sistema eléctrico que también puede reconfigurarse. BERAP podría haber formado parte sin fisuras del ciclo Sagita Magma, señal de que estas inquietudes, la del cuerpo como sistema, la del ser humano descentrado, atraviesan a una generación de artistas más allá de su procedencia.

Quizá no hay respuesta a la pregunta de qué es ser de aquí. Si el tiempo, no solo el espacio ni las fronteras que dibujan los mapas y que tan fácilmente se cruzan o se cierran según el siglo, condiciona también la forma en que miramos lo que nos rodea, entonces la historia escrita, esa que ocupa los libros y los archivos, apenas roza un fragmento mínimo de la historia humana entera. Ser de aquí, quizá, sea formar parte de una trenza generacional. Que se sigue tejiendo.
La exposición puede visitarse de forma gratuita en el Palacio Consistorial de Cartagena entre el 17 de julio y el 27 de septiembre de 2026. Forma parte de La Mar de Arte, dentro de la 31ª edición de La Mar de Músicas, dedicada este año a Ecuador.