
Hace algo más de un mes vimos a Lila Downs en el Estadio Ciudad de México, el siempre Estadio Azteca. Vestida con un huipil blanco, daba la bienvenida al Mundial con el ya icónico «Pueblos del mundo, bienvenidos a México». Un mes después, mientras España celebraba la conquista de la segunda estrella, llegaba a Cartagena para recibir el Premio La Mar de Músicas. Demasiadas coincidencias para pensar que todo era fruto de la casualidad.
Antes de la entrega del galardón, la periodista y escritora Lara López recordó que no todas las civilizaciones dejaron su memoria escrita en piedra, sino «en los tejidos, en la cerámica, en la manera de bailar, en los ritmos de la siembra». Definió a Lila como una artista que ha convertido su música en «un vehículo de identidad liberadora», demostrando que «lo profundamente local es la forma más honesta de universalidad».

La cantante recogió el premio mirando hacia el pasado y hacia quienes la acompañaban en el escenario: «Gracias a todos los organizadores de La Mar de Músicas por este reconocimiento a nuestra música y a los que siguen con el legado de Paco Martín… Seguiremos cantando de México y Latinoamérica con todo el orgullo y respeto que llevamos dentro». Con este reconocimiento, Lila Downs inscribía su nombre en un palmarés en el que ya figuraban Totó la Momposina, Oumou Sangaré, Salif Keita, Pablo Milanés u Omara Portuondo.
Era, además, su tercer concierto en Cartagena. Atrás quedaba su debut español en La Mar de Músicas de 2002. También aquel maravilloso concierto de 2015, del que Jam Albarracín escribió que Lila Downs «se acerca hoy más a una gran dama de la canción mexicana que a la joven vertiginosa de antaño», observando una evolución marcada por el dominio escénico y la madurez. Seguramente habría disfrutado escribiendo la crónica de este nuevo reencuentro.

Y entonces comenzó el concierto. Con él, un viaje cultural y geográfico por México. Desde las montañas de Guerrero hasta los valles de Oaxaca. Desde la cosmovisión de los pueblos originarios hasta el México mestizo de hoy. Desde la cumbia al corrido, del son a la ranchera. Dos horas para recorrer un país tan diverso como la propia voz de Lila Downs. Tampoco faltaron los homenajes a José Alfredo Jiménez, a Emiliano Zapata, al mezcal como ritual comunitario o a la tradición zapoteca de la Guelaguetza basada en dar y recibir. Lenguas, sonidos, costumbres y tradiciones que iban entrelazándose de manera orgánica.
“Soy de mar y de sol, soy de papel de maíz que me orienta la raíz. Soy amaranto de cana. Soy de México y de España. Soy nieto de indios y moros. Soy el Jaguar y soy los toros. Caribe Mediterráneo…”, recitó el jaranero y bailarión Sinuhé Padilla.

Como es tradición en las noches del Premio La Mar de Músicas, el concierto dejó espacio para las colaboraciones irrepetibles. En «La Llorona», Carminho y Manuel Vega «El Niño» se unieron a Lila Downs combinando la tradición mexicana, el fado portugués y el flamenco andaluz. Culturas que se van entrecruzando, rompiendo las fronteras, creando nuevos senderos.
Y aún quedaba otra perla para el recuerdo: la aparición en escena de Silvana Estrada. «Tengo el gran privilegio de que venga a cantar conmigo una hermana de México», la presentó Lila Downs antes de interpretar juntas «Zapata se queda».

Si el concierto dejó una imagen para la memoria, fue ese encuentro entre dos de las grandes voces de la música mexicana contemporánea. Un símbolo de esta noche inolvidable de las lenguas que sobreviven, las canciones heredadas, las mujeres que conservan la memoria, los artistas que dialogan entre generaciones y los festivales que continúan el legado de quienes los imaginaron.

Fue entonces cuando todas esas herencias, las de Oaxaca, las de Paco Martín, las de las voces invitadas y las de todas las que habitaron Cartagenal, hsbitaron el mismo escenario. “Porque la voz del pueblo… es un mestizaje. Allí arriba, arriba, arriba, allá arriba y abajo, más adelante le da fuerza y aliento a los inmigrantes.”
Lila Downs. La Mar de Músicas 2026. Auditorio Paco Martín (Cartagena). 20 de julio de 2026. Acompañada por George Sáenz (dirección musical, acordeón y trombón), Josh Deutsch (trompeta y teclados), Rafael Gómez (guitarra), Luis Guzmán (bajo y sintetizador), Sinuhé Padilla (jarana, bajo y zapateado), Lautaro Burgos (batería) y Nikki Campbell (percusión). Artistas invitados: Carminho, Silvana Estrada y Manuel Vega «El Niño».
