
Detener el tiempo en un instante perfecto, como escribió Fernando Pessoa: «Pousa um momento, / Um só momento em mim… / Que a vida tenha fim / Nesse momento!». Cada día en La Mar de Músicas tiene ese momento, esa perla escondida. Hay jornadas en las que aparece pronto y otras en las que se hace esperar. A veces no llega hasta el último suspiro, hasta el último bis. Como un gol de España en la final de un Mundial. Anoche, la perla apareció al final del concierto de Carminho.
La cantante lisboeta regresó al Auditorio Paco Martín trece años después de su primera actuación en el festival para presentar Eu vou morrer de amor ou resistir. Retornó defendiendo que las tradiciones permanecen vivas cuando cada generación encuentra su propia manera de habitarlas. Para Carminho, el fado está en constante evolución y adaptación a los tiempos, reutilizando melodías tradicionales con nuevas letras.

Con una iluminación que apenas dibujaba la silueta de Carminho y de los músicos, sin artificios, comenzó el concierto. João Pimente Gómez, André Dias, en la guitarra portuguesa, Flávio César Cardoso, a la guitarra, y Tiago Maia, al bajo acústico, sostuvieron las melodías tradicionales del fado, mientras la atención recaía en las canciones y en las historias que las acompañaban.
Carminho, especialmente habladora y cercana, explicó que muchas de sus canciones pertenecen a mujeres que abrieron camino antes que ella. Habló de su madre, de Amália Rodrigues y de Beatriz da Conceição, para recordar que durante mucho tiempo no fue sencillo que una mujer pudiera vivir de la música con libertad y defendió que cada generación tiene la responsabilidad de decidir qué conserva y qué cambia de la tradición.
Con «As fontes», el poema de Sophia de Mello Breyner Andresen al que Carminho puso música, continuó esta conversación. Después llegó «Sofrendo da alma», escrita por Amália Rodrigues, en un repertorio que situó la palabra en el centro y recordó que el fado es, antes que nada, poesía cantada.

Palabras que van reescribiéndose constantemente, como esos fados tradicionales cuya letra decide modificar. En aquel fado sobre la joven que no podía ir sola a la fuente, la versión original contenía una visión de la mujer con la que ya no se identificaba. La reescribió desde el presente, porque para Carminho conocer la tradición sirve para seguir escribiéndola y preguntarse qué sigue teniendo sentido.
Antes de interpretar «À sombra do teu cabelo», contó que la compuso para su hijo cuando era un bebé y recordó aquellas noches de insomnio en las que imaginaba que, detrás de su nuca, existía una puerta hacia otro mundo. Cada explicación aportaba una capa de significado al repertorio y ayudaba a entender la belleza de este arte colectivo.
Cuando parecía que había llegado el final de una gran noche, quizá aún bajo la fuerza chamánica de Lila Downs, con la que había cantado «La Llorona» en este mismo escenario el día anterior, evocó a la añorada Sara Tavares interpretando «Estrela», compuesta en 2016 durante una gira por Estados Unidos compartida con ella. Como explicó sobre las tablas, es un tema dedicado a esas personas «que nos aceptan como nosotros somos, sin pedir que cambiemos».
Fue justo entonces cuando ocurrió algo que cambió por completo la atmósfera del auditorio. Carminho se quitó el auricular, dejó el micrófono en su pie y dio un par de pasos hacia delante.

El cierre definitivo de ese recorrido llegó con un epílogo totalmente a capela al interpretar «Escrevi teu nome no vento». Cantó a voz natural, con el acompañamiento apenas audible de las guitarras. Durante unos minutos, el Auditorio Paco Martín se convirtió en una pequeña casa de fados, reproduciendo ese espacio «sin amplificación» y «de comunión» del que la propia artista habla cuando explica dónde nació esta música.
La voz de la lisboeta terminó rompiéndose ligeramente. No hizo falta más. Tras apagarse la última nota y con la emoción a flor de piel, nadie parecía tener prisa por abandonar el silencio que quedó en el auditorio.
La vida es eso. Momentos por los que merece la pena llegar hasta este puerto. Frente al mar de Cartagena, y envueltos en ese dulce naufragio, las palabras de Fernando Pessoa cobraron más sentido que nunca: «Cantigas de portugueses / São como barcos no mar / Vão de uma alma para outra / Com riscos de naufragar». Y anoche, afortunadamente, todos aceptamos ese naufragio, porque como Ulises antes de llegar a Ítaca, hay puertos que solo se alcanzan después de haber perdido la nave.

Carminho. La Mar de Músicas 2026. Auditorio Paco Martín (Cartagena). 21 de julio de 2026. Acompañada por André Dias (guitarra portuguesa), Flávio César Cardoso (guitarras), Thiago Maia (bajo acústico) y Juan Viviente Gómez (percusión).