
Anoche se levantó el telón del Teatro Auditorio de Cuenca José Luis Perales para dar vida a un sueño. El sueño del proyecto Agalma de QNK.Ópera que ayer presentó ‘Le Nozze di Figaro’ en versión íntegra con intérpretes mayoritariamente conquenses.
El título no pretende ser un spoiler de cómo termina la obra, sino de la transformación de un sueño en una realidad. Más de cincuenta intérpretes, en su mayoría conquenses, sobre el escenario del Teatro Auditorio de Cuenca, haciendo vibrar a un público con una ópera íntegra compuesta a finales del XVIII.
Peter Brook, el gran maestro del teatro contemporáneo, escribió que el teatro es el medio de expresión más difícil de todos, porque no admite piedad, no hay lugar en él para el error o el desperdicio. Aceptada la tremenda dificultad de hacer teatro, la ópera aún se sitúa varios escalones por encima. Más si cabe, cuando el reto es ofrecer una de las grandes joyas del repertorio en versión íntegra, de casi tres horas.

La clara demostración de la calidad de la función puesta en escena ayer bajo la dirección escénica de Carlos Lozano y la dirección de orquesta de Ignacio Yepes, es que el público asistente, que completó el patio de butacas, rió, se emocionó, se sorprendió durante tres horas sin que apenas se vieran luces de móviles mirando la hora, ni sonara ninguna melodía extemporáneamente. Algo casi mágico.
Sobre el escenario, una producción artesanal con la obra, alejada de las deconstrucciones más o menos acertadas, hecha desde el rigor y el respeto al texto y partitura original. Un montaje que conserva vivo el latido de esta ópera bufa estrenada en 1786 y que completa la trilogía de montajes mozartianos de QNK.ÓPERA, repertorio en el que se ha especializado.
Un elenco consistente encabezado por el propio Carlos Lozano en el papel del Conde de Almaviva que consiguió transmitir el alma de este conquistador voraz y cruel, incapaz de consentir la presencia de rivales. Su voz poderosa alcanza los registros necesarios para captar la esencia intimidatoria del Conde de Almaviva.

Si el Conde de Almaviva es el motor de la obra, ‘Las bodas de Fígaro’ , necesita un reparto bastante coral para mantener en pie la obra, especialmente los femeninos. La cada vez más solvente soprano Carla Ortega, en el papel de Susanna, ocupó ese lugar crucial en la evolución de la trama, regalando momentos brillantes especialmente en las escenas compartidas con la mezzosoprano gallega Andrea Rey, en el papel de Cherubino, que capturó toda la esencia traviesa y vibrante del personaje.
El trío de jóvenes intérpretes formado por la mezzo Andrea Rey y las sopranos Alicia Sánchez y Carla Ortega, en esta ocasión como Condesa de Almaviva, regalaron momentos llenos de complicidad y frescura. Uno de los grandes aciertos de este montaje reside precisamente en complementar el elenco conquense con intérpretes que hagan crecer y florecer al elenco local.

En el foso, la Orquesta de la Ópera de Cámara de Cuenca, QNK.ÓPERA, bajo la dirección de Ignacio Yepes. Una treintena de músicos que demostraron una noche más la solvencia interpretativa que se vive en estos momentos en la ciudad de Cuenca, que no sólo cuenta con solistas de gran nivel, sino que es capaz de formar agrupaciones eficaces y capaces, como en este caso, de acompañar una ópera en su tono justo, de manera clara pero sin tapar las voces.
‘Las bodas de Fígaro’ es siempre una apuesta arriesgada, por archiconocida y siempre sujeta a la comparación de montajes de renombre y alta capacidad presupuestaria como los recientes del Teatro de la Maestranza, el Liceu o el Teatro Real de Madrid, producciones que han ofrecido diferentes enfoques y estilos, de la obra de Beaumarchais y Mozart. Bravo por asumir este riesgo, por sacarlo adelante y por llevar esta obra patrimonio de la Humanidad a otros públicos, porque la supervivencia cultural de la ópera no está en los grandes escenarios, sino en que forme parte de nuestro día a día cultural.
Pocas ciudades con cincuenta mil habitantes como Cuenca disfrutan de una actividad cultural tan abundante, tan rica y con tanta calidad como la capital conquense. Esto es así básicamente porque en Cuenca existen una decena de programadores y programadoras culturales, entre los que tiene un papel destacado Carlos Lozano, que día tras día dan lo mejor de sí para crear, programar y sacar adelante propuestas como la que anoche se pudo disfrutar en el Teatro-Auditorio de Cuenca, que en otros lugares serían una quimera.

FICHA TÉCNICA: Teatro Auditorio de Cuenca José Luis Perales. Sábado 14 de diciembre de 2024. El Conde de Almaviva • Carlos Lozano, barítono / La Condesa de Almaviva • Alicia Sánchez, soprano / Susanna • Carla Ortega, soprano / Fígaro • Willingerd Giménez, barítonobajo / Cherubino • Andrea Rey, mezzosoprano / Marcellina • Inés Olabarría, mezzosoprano / Bartolo • Alfonso Baruque, bajo / Basilio • Francisco Pardo, tenor / Don Curzio • Francisco Pardo, tenor / Barbarina • Pilar López, soprano / Antonio • Helio Machado, barítono / Coro de campesinos – Coro de la Ópera de Cámara de Cuenca / Iluminación: Kira Argounova / Escenografía: Kira Argounova y Carlos Lozano / Director de escena: Carlos Lozano / Dirección Orquesta: Ignacio Yepes / Clave recitativos: Alba Herráiz / Idea de Coreografía: Ana Yepes / Orquesta de la Ópera de Cámara de Cuenca, QNK.ÓPERA / Coro de la Ópera de Cámara de Cuenca, QNK.OPERA / Producción: Proyecto Agalma / Vesturario y Atrezzo: QNK.ÓPERA