La Teta Calva, un ‘Tributo’ al fracaso

Por José An. Montero

Dicen que el rock murió el mismo día que nació la primera estrella del rock. Porque el rock, sin la épica del fracasado, del marginal, del resistente, deja de ser rock y empieza a ser otra cosa. En el rock se sabe volar, pero nunca se aprende a caer. Esa es, en el fondo, la historia de los Osamenta: una caída libre hacia la nada. El rock es una colección de himnos sobre el fracaso. El rock siempre fue una crónica del fracaso. Nadie lo cantó con más crudeza, ni con más belleza.

Las risas, ni siquiera las carcajadas, logran acallar ese dolor sordo y agudo, como un crujido en la espalda, casi de hueso roto, que recorre todo Tributo de La Teta Calva. Un autorretrato en clave de comedia que, por debajo, sigue hiriendo. El teatro y la música actúan como catalizadores, como motores que intentan dar sentido a un camino ya recorrido. Ese punto sin retorno en el que uno mira atrás y sabe que el trayecto no puede reescribirse. Fue así: con destellos de éxito, pero también con el peso de las pérdidas y de los senderos nunca transitados.

Son heridas que supuran mientras dura la vida, cuando ya no se es una joven promesa ni se alcanzó el estatus de vieja gloria. Es también nuestra historia. La mente reconstruye recuerdos para volver soportable el presente; los adorna con gestas íntimas, con glorias privadas de las que apenas nadie fue testigo. Es la paradoja de la memoria: maquilla lo que duele y convierte las grietas en épica doméstica.

Hoy el rock, salvo contadas excepciones, sobrevive a base de giras de reunión, discos homenaje, bandas tributo y despedidas prefabricadas. El tributo se convierte en simulacro de lo que fue. Hablar del rock y de sus viejas reivindicaciones, en forma de letras, resulta casi absurdo visto con distancia. Tan absurdo, y tan naive, como el setlist imposible de los Osamenta, la banda ficticia que protagoniza la función.

Este montaje reciente de La Teta Calva rinde homenaje a nuestros fracasos, abrazándolos desde la miseria que nos descoloca hasta la carcajada que nos conmueve. Un local de ensayos, dos músicos, interpretados con autenticidad por Leo de Bari y Xavo Giménez, y el delirio de un pasado épico que nunca existió. Tiempos gloriosos en que los fracasos pesaban menos porque la piel todavía era nueva.

Dos actores, encerrados en ese búnker de eco y memoria, tejen la pieza con la a partir de un diálogo fluido y ligero en una estricta unidad de tiempo y espacio siendo capaces de construir un retrato generacional. Un gag tras otro que van trascendiendo la carcajada. Calando. Poniendo nuestras contradicciones frente al espejo. Permaneciendo. Viva el rock. Somos parte de esta obra, porque todos tenemos un pasado inventado. Como escribió el maestro Lapido, “Un rock and roll son tres acordes, como veis, y aunque pase el tiempo nunca serán seis”. Al final la vida, como el teatro, son sólo tres acordes. El resto es actitud.

Tributo (La Teta Calva, 2025). En el programa oficial de la XXVIII Feria de Teatro de Castilla y León, el 27 de agosto de 2025, a las 23:30 h en el Patio de los Sitios de Ciudad Rodrigo, dirigido e interpretado por Leo de Bari (batería) y Xavo Giménez (guitarra) como los integrantes de la banda de rock Los Osamenta

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