Javier de los Nietos: “En los pueblos está todo por hacer”

Por Alba Martínez Vicente

Conversamos con Javier de los Nietos, biólogo y partícipe del proyecto ‘TERRIS’ (Territorios e Innovación Social), en el que un grupo 100 personas se han unido en un proceso de co-creación para construir una “nueva ruralidad”, una identidad rural para el siglo XXI. Hombres y mujeres relacionados con el mundo rural unidos para trabajar a través de la inteligencia colectiva, poniendo en común los conocimientos de su área. Javier de los Nietos forma parte de la línea de acción de ‘Nuevas Economías e Innovación Social’.  

Javier de los Nietos

¿Qué es para ti la nueva ruralidad?

Una nueva ruralidad abierta a las oportunidades, que abandone el victimismo y no quiera para nada dar pena. Tenemos el mejor entorno, las posibilidades y las opciones. Una nueva ruralidad para el que quiera sumarse a esa realidad y disfrutar de todo lo que conlleva, pasando por un proceso de aterrizaje, de enraizamiento al territorio. Pero abiertos a la innovación en la que cualquiera puede proponer una revisión de aquello que se está realizando de forma tradicional y, sobre todo, soluciones que sean una alternativa sincera, que permita desbloquear problemas del entorno rural más allá de lo que está pasando en las grandes ciudades. 

Tenemos que ser capaces de analizar las cosas con una lupa y una óptica diferente, es a lo que invitamos. ¿Podría ser una especie de invitación a una investigación de laboratorio? ¿Por qué no? Los municipios rurales que sean los nuevos espacios de investigación y de desarrollo de grandes proyectos. Ofrecemos sin querer dar lástima, la sociedad está perdiendo algo que tiene un valor material tremendo. Parece que nos quejamos desde el mundo rural porque realmente no somos conscientes de la suerte que tenemos. La pandemia del Coronavirus ha cambiado este paradigma.

¿Cómo se puede innovar en el modelo económico y social de los pueblos?

Está todo por hacer. Una población envejecida puede ser una gran oportunidad y se puede revisar frente a las grandes inversiones de centros de día, centros de residencias para mayores, etc. Cómo poder ser capaces de garantizar la autonomía de esas personas mayores en su entorno. Es un gran reto, supone sumarse mucha gente joven, gente formada y cualificada. Otro ejemplo es la educación. Escuelas pequeñas, paupérrimas, que parece que no hay medios, ni profesores, ni grupos de alumnos y ahora son el mejor lugar donde poder mantener una educación abierta, al aire libre, en la naturaleza. Una regeneración para el futuro del mundo rural.

¿Durante mucho tiempo se ha hecho creer que los jóvenes se tenían que marchar?

La generación de nuestros padres no querían que emprendiéramos en el entorno rural, no querían que desarrollásemos actividades tradicionales, decían que no era para nosotros. Cuando tienes treinta te das cuenta de que te han empujado hacia el mundo universitario en la ciudad, en el que resulta que tampoco hay un espacio para ti o para tu proyecto de vida y tienes que buscar en las raíces. Crees que es un salto muy fuerte porque te han estado contando que todo aquello era malo, que no era para ti, y ahora volver es difícil. Hay otros que lo buscan por escapada y acaban en un entorno que les protege de algo que la ciudad les está machacando.

La ciudad es muy dura, el día a día y las rutinas. De la ciudad hay que descansar, desconectar para regenerarse, del campo normalmente no. Esa fortuna que ofrece el mundo rural, el contexto que lo rodea ofrece la oportunidad para adaptar nuestra vida social, cotidiana, familiar y de trabajo a un ambiente psicológico mucho más amable que el de la hipercompetitividad de las ciudades que devora prácticamente todo.

¿Poniendo estos métodos en práctica se atraería a personas repobladoras?

Yo creo que sí, ahora mismo las familias se mueven más, cambian sus hábitos y lo hacen con más capacidad de permanencia. Cuando uno quiere establecer un proyecto familiar en un entorno buscas asentarse sobre una raíz, unas bases que mínimo tienes quince años para permanecer en un lugar. Un sitio en el que van a haber unos niños, van a conocer una realidad social y cultural diferente. Esto hace que podamos ser atractivos para ese tipo de perfil de ciudadanía. 

No nos preocupa tanto el envejecimiento que se está produciendo sino el ser atractivos para los nuevos perfiles. Hay que conectar con la juventud de alguna forma y ese es el gran reto. Ahí está la brecha tecnológica que impide al sector más joven poder garantizar su conectividad global desde el entorno rural. Cada vez hay más influencers y youtubers que desde los pueblos son líderes de opinión y de imagen porque a la gente les sorprende cómo pueden ser tan naturales.

¿Cómo integrar en la imagen que se está dando de la economía circular al mundo rural y los saberes tradicionales?

En una ciudad tú formas parte del proceso circular, sin embargo, en una zona rural, en un pueblo, tú finalizas el proceso. Realizas economía circular desde el inicio hasta el final. En tu jardín o en tu huerta puedes recoger una hortaliza, llevarla a casa y cocinarla, luego esos restos orgánicos compostarlos y llevarlos otra vez como abono a tu propia huerta. En la ciudad esa oportunidad no te la ofrece. Puedes ser más sostenible comprando una hortaliza ecológica o de kilómetro cero y participar llevándola luego a un contenedor marrón. En cambio, la economía circular en los pueblos sí que se finaliza y llegas a completar todo el proceso, se puede personalizar, tiene vida, no es algo que sea un proceso alineado en el que al final hay una serie de operarios, máquinas, infraestructuras que intervienen en todo ello, sino que es mucho más natural, eso es importante. 

Tenemos un reto importante, nos estamos dando cuenta de que las ciudades han sido centros turísticos y comerciales, se han deshumanizado y realmente las ciudades tienen muy poco tejido social, tan necesario para conocer a las personas. La gente en las ciudades sale de esos barrios porque necesita esa socialización que apenas se produce. Al final lo encuentran en sus segundas residencias en sus pueblos de antaño, o durante quince días que descubren un pueblo durante unas vacaciones. Hay que generar un flujo que nos conecte realmente. 

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