Bosque-Escuela, Wallapop vecinal, recogida de residuos a domicilio o huertas para hacer de su municipio un lugar ‘Residuo Cero’

Por Alba Martínez Vicente

Uno de los tres municipios de España ‘Residuo Cero’, junto con Barcelona, «haciendo algo que es propio nuestro y tradicional», Javier de los Nietos

La singularidad de El Boalo, Cerceda y Mataelpino, en la Sierra de Guadarrama, Madrid, radica en ser uno de los pueblos más sostenibles de España. Participan en una experiencia de ‘Zero Ways Europe’, comprometidos con ‘Residuo Cero’. Han sido seleccionados entre los 3 municipios de España para testar la certificación europea, junto con ciudades como Barcelona. La diferencia de escala es evidente, no por ello menos interesante. Esta puede ser una estrategia tan necesaria como útil para darles a las zonas rurales la oportunidad que merecen. Su alcalde Javier de los Nietos, biólogo y dinamizador de Iniciativas locales agroecológicas de la RED TERRAE, ha explicado en qué consisten algunos de los proyectos en Gestión de Residuos y Economía Circular que se han llevado a cabo en este lugar.

En sus pueblos tienen un proyecto de economía circular bastante completo. Por ejemplo, todos los vecinos y vecinas trabajan con las “erres” de reducción, reciclaje y reutilización. La primera es la reutilización para que algo no se convierta en un residuo y vuelva a tener valor. Tienen un proyecto que se llama “Reutiliza” donde todos los que tienen cosas en su domicilio que pueden servir para otras personas, se recogen en un lugar. No es un contenedor en la calle, sino que lo clasifican o suben a una app, donde cualquier otro vecino lo puede buscar y reservar para llevarlo a su domicilio. Así, tiene un segundo uso, otra vida. También tiene un tejido social importante porque hay personas que no pueden acceder a estos recursos de nueva compra y, sin embargo, a través de este sistema pueden obtener cualquier tipo de bien para su actividad de forma totalmente gratuita. Cientos de toneladas se retiran del vertido y es tan sencillo como conectar a la gente, generar esa red, lo que sería un ‘Wallapop’ en las ciudades, pero aquí se hace entre personas y sin renunciar a la innovación.

Por otro lado, todas las personas tienen la oportunidad de participar en el reciclado de manera orgánica, el compostaje. Lo pueden hacer desde la comunidad educativa, en los centros escolares tienen un gallinero junto al colegio, es un espacio abierto donde van los restos de comida. Sirve de alimento a las gallinas. Las familias de forma voluntaria cuidan de ese gallinero, una familia cada día y se llevan los huevos el día que les toca cuidar. Así, descubren cómo se han cerrado los ciclos de la materia orgánica, cómo se ha transformado en un alimento que son los huevos de las gallinas. El resto de materiales los depositan en el huerto del que luego recogen las hortalizas durante toda la época de cosecha. Están viendo cómo son los ciclos de la naturaleza, aprendiendo directamente, manchándose las manos y jugando en un entorno con animales y tradiciones. 

Las bosque-escuelas y proyectos parecidos a este resultan ser la oportunidad del futuro en el mundo rural. En su localidad tienen una bosque-escuela implantada, que es la primera certificada en España. Familias que cambian toda su planificación, sus rutinas porque sus hijos intervengan en esa bosque-escuela. Han surgido nuevos centros educativos que quieren dar continuidad al proyecto que solo era hasta los seis años. Javier de los Nietos explica que han transformado todo el modelo educativo, pues llevado a otras zonas, puede ser un atractivo. «Un pueblo que tenía una escuela de mínimos, de repente cambia el sistema, la pedagogía en la escuela».

También tienen un rebaño municipal de una raza autóctona, las cabras Guadarrameñas, que pastorean por sus zonas verdes, desbrozan y previenen de incendios forestales. Llevan dos años ya que no ha habido ningún incendio en su periferia urbana porque las cabras y otros rebaños de ganaderos del municipio se han sumado al proyecto. “Cambia el paisaje, la cotidianeidad cuando de repente aparece un rebaño, con sus perros, sus cencerros y forman parte de la foto del día a día que nos acompaña en ese entorno, y le da vida. Al final son cabras que tienen un blog e Instagram. Cuando se hace la paridera se hacen grupos de vecinos voluntarios a los que les formamos, chicas y chicos de quince, dieciséis años que se ponen un mono, antes de entrar al corral de los partos y están allí ayudando, al final se sube un selfie y lo comparten en sus redes. Trabajan de una forma en la que ahora mismo es su diálogo con sus tribus urbanas. Al final, conectamos todo eso con lo más actual” cuenta Javier de los Nietos.

El rebaño también sirve para reducir el volumen de las podas que se generan del municipio. Tantas ramas que se recogen en época de otoño y primavera, primero las comen las cabras, se reduce el volumen y el coste de retirada al vertedero de estos productos que al final nunca van al vertedero, sino que se trituran para añadirse al compost. “La recogida es fundamental porque necesitamos que sea una materia orgánica sin impropios, que no contenga plásticos, ni cartones ni otro tipo de residuos, porque si no, no se podría a compostar ni aplicar al suelo. Se recoge puerta a puerta, se composta y luego se puede aportar en granjas. Ahora en otoño muchos vecinos vienen a recoger el mantillo, o compost, para sus huertos y darle vida a sus hortalizas durante la primavera. Se trata de conectar todo y hacer un proyecto conjunto, colectivo, donde son muchas las manos, las voces, son proyectos corales” argumenta el biólogo.

“La singularidad de nuestra localidad es que también hemos integrado los saberes populares: ya no había rebaños de cabras en el municipio, hacía años, por supuesto nadie las pastoreaba, y ahora el alcalde pastorea cabras por las calles. La gente puede comprar leche de cabra en una lechería, ha hecho que realmente se haya innovado. Requiere mucho trabajo y esfuerzo en el día a día en ese tipo de proyectos, pero tienen premio. Ahora hemos sido seleccionados 2 o 3 municipios en España para testar la certificación europea de residuo cero, una de ellas es la ciudad de Barcelona, para que veáis la diferencia, y sin embargo estamos ahí, haciendo algo que es propio nuestro y tradicional” termina Javier de los Nietos.

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