Experimentos Feministas. Parte I: Marta Vaamonde

Regresan los tiempos del blanco y negro, de maniqueísmos extremos, cuando los penaltis siempre son en el área contraria y nunca en la propia, en un exagerado “conmigo o contra mí”, como si la historia no nos hubiera enseñado nada, mil y una veces, sobre dónde acaban estos viajes.

Frente a esa visión dual del mundo, Sagita Magma lleva meses proponiendo lecturas más profundas de lo contemporáneo, sumergiéndose sin temor en las aguas del pensamiento, no solo desplegando la gama de grises, sino describiendo la realidad con todo el pantonario.

Sirva como ejemplo esta octava sesión en la que, bajo el título ‘El arte de la transformación social: experimentos feministas’, se reunieron las profesoras de filosofía Virginia Fusco y Marta Vaamonde para dar un paso más allá en el debate feminista actual. Sus trabajos van más allá de las grandes corrientes mayoritarias para ubicarse en otras coordenadas.

Mientras Virginia Fusco se inscribe en la tradición del feminismo de la autonomía y sus derivaciones post-operaístas y marxistas, Marta Vaamonde lo hace desde un feminismo pragmatista, en la estela de Jane Addams.

Lo más estimulante de todo es que estas sesiones de Sagita Magma, que buscan nuevos marcos de pensamiento, están atrayendo cada vez a más estudiantes universitarios del Campus de Cuenca, transformando los salones de actos y las aulas en espacios híbridos entre el arte y el pensamiento.

Marta Vaamonde: Parir no significa no pensar

José Luis Cuerda, maestro eterno que nos legó Amanece que no es poco, decía que le gustaba “la gente sentipensante, que no separa la razón del corazón”. Algo parecido recorre el pensamiento de Marta Vaamonde, profesora de Teoría del arte y estética en la UNED, cuya investigación busca desactivar los dualismos que empobrecen el pensamiento y abrir, desde el pragmatismo, modos de pensar anclados en la experiencia y en la vida compartida.

“El pragmatismo se nos hace difícil porque estamos acostumbrados a trabajar con dualidades: o ciencias o letras, o esto o aquello. Pero el pragmatismo no funciona así. Es un método que entiende los conceptos como guías de acción, situados en una experiencia concreta”, dice, en alusión directa a los dualismos modernos que fragmentan la vida y el pensamiento. Para ella, “el pragmatismo no es un cuerpo doctrinal cerrado, es un método”, una forma de rechazar los dualismos que, en lugar de emancipar, nos aprisionan.

“Yo creo que es una palabra que se despliega en plural. Entonces, más que feminismo habría que hablar de feminismos, porque hay muchas corrientes feministas distintas”. Frente a la idea de un sujeto femenino homogéneo, la filósofa reivindica la pluralidad como condición estructural del pensamiento feminista.

Desde la idea de Nancy Fraser de que la identidad supone pluralidad y heterogeneidad social, critica los dualismos ilustrados que situaron a las mujeres del lado de lo natural y lo afectivo, negándoles el estatuto de sujetos intelectuales. “Las mujeres, por parir, se ubican en el lado de la naturaleza, del cuerpo, de los afectos. No se pensaba que pudiéramos desarrollar un pensamiento filosófico interesante”.

La filosofía feminista, para Vaamonde, no es una actividad puramente teórica. “El feminismo siempre se ha caracterizado por vincular teoría y práctica. Las teorías nacen en un contexto concreto y material. Por eso el feminismo pragmatista elaboró teorías a partir de la práctica”, vinculando reflexión, experiencia y transformación, y tomando la democracia no solo como sistema político, sino como forma de vida compartida. La democracia como modo de vida, que diría Dewey.

Durante la conversación, Vaamonde reivindica la figura de Jane Addams como una pieza clave del pragmatismo feminista, cuyo pensamiento fue durante décadas relegado a los márgenes del canon filosófico. “Jane Addams es uno de los ejemplos más claros de cómo la filosofía se ha contado de forma muy parcial. Fue una mujer que llevó el pensamiento a la práctica, a las calles, al trabajo comunitario, y, sin embargo, durante mucho tiempo quedó fuera del canon filosófico”.

Addams, defensora de los derechos de las mujeres y de los inmigrantes, recibió el Premio Nobel de la Paz en 1931 por su labor como reformadora social y activista política, aunque el reconocimiento de su aportación filosófica tardó mucho más en llegar. Este borrado no es anecdótico, sino sintomático de una tradición filosófica que ha privilegiado la abstracción y los nombres masculinos frente a las experiencias encarnadas y las prácticas transformadoras.

Para Marta Vaamonde, “la educación es clave porque es el espacio donde se transforman las relaciones de subordinación en relaciones de cooperación. Sin coeducación no hay democracia real”. Una democracia que no se limita a las instituciones ni al sistema representativo, sino que se plasma en la vida cotidiana: en cómo cooperamos, cómo aprendemos o cómo nos relacionamos. Desde ahí se hace posible pensar juntas democracia, feminismo y justicia social, desplazando el foco del individuo en abstracto hacia las relaciones reales.

Era inevitable hablar sobre el arte al celebrarse la sesión en la Facultad de Bellas Artes. “El arte tiene una dimensión moral porque clarifica valores. Nos permite percibir de otra manera y, en ese sentido, también transforma nuestra forma de estar en el mundo”, señala, siguiendo a Dewey en su obra Art as Experience, donde el arte deja de estar separado de la vida. Una concepción que entra en tensión con la mercantilización del arte y su desligamiento de la experiencia común. “Cuando el arte se convierte solo en objeto de consumo, en pieza de museo, pierde ese vínculo con la experiencia vital y comunitaria que para Dewey era fundamental”.

El arte no tiene que ser una herramienta de adoctrinamiento. Su potencia está en abrir espacios de experiencia, en hacer visible aquello que no siempre se puede formular de manera conceptual. Marta Vaamonde entiende el arte como una experiencia que abre preguntas, genera sensibilidad y amplía los márgenes de la imaginación política. “Desde el pragmatismo, el arte se entiende como una experiencia que nos implica corporal y afectivamente. Eso es lo que lo hace relevante políticamente, no su capacidad de transmitir un mensaje explícito”.

El arte comunitario y los proyectos educativos aparecen como espacios donde se reconfigura la relación entre conocimiento y vida cotidiana. “Cuando hablamos de saberes situados, hablamos de conocimientos que no se producen en abstracto, sino en contextos concretos, en comunidades concretas, con problemas reales”. Aquí el aprendizaje no se produce de forma vertical, sino a través de la transmisión, la cooperación y la experiencia compartida.

Pensar no es solo un ejercicio intelectual. “Tiene que ver con cómo nos sentimos, con cómo nos relacionamos, con cómo nos dejamos afectar por los demás”, subraya Vaamonde, insistiendo en la importancia de los afectos y la imaginación para el conocimiento moral y político. Esta dimensión afectiva, siguiendo a Dewey y Jane Addams, resulta indispensable para pensar formas de convivencia democrática. La simpatía no es un sentimiento privado, sino una capacidad que permite ampliar la experiencia propia al contacto con la de los demás. “La simpatía es fundamental porque nos permite salir de nuestro punto de vista y ampliar la experiencia. No es solo una emoción, es una forma de conocimiento”.

Marta Vaamonde no habla de la cooperación democrática como un ideal armónico sin tensiones, sino como un proceso atravesado por desacuerdos, conflictos y negociaciones. “Pensar la democracia como modo de vida no significa idealizarla. Significa reconocer que el conflicto es inevitable y que la cuestión es cómo lo gestionamos”. Y añade: “El pragmatismo no busca eliminar el conflicto, sino generar herramientas para negociarlo en situaciones concretas, en contextos determinados”.

“No hay un modelo cerrado de democracia al que tengamos que aspirar. Es un proceso experimental, abierto, que se construye en la práctica”. Así lo ve Vaamonde cuando explica que la democracia no es un modelo cerrado ni normativo, sino que requiere imaginación y apertura al cambio: “el feminismo pragmatista ofrece herramientas para pensar ese futuro desde la experiencia, desde lo cotidiano, desde la vida compartida”.

La entrevista con Marta Vaamonde se realizó poco antes de su intervención en la octaba sesión de Sagita Magma. Seminario-Dopamina. Estética Política y Ontología de la Comunicación, celebrada el 13 de noviembre de 2025, en el Salón de Actos Antonio Saura de la Facultad de Bellas Artes del campus de Cuenca de la Universidad de Castilla-La Mancha. La sesión titulada “El arte de la transformación social: experimentos feministas” en los albores del ocaso, en la que participó junto con Virginia Fusco. Este ciclo está coordinado por Ignacio Escutia, Andrés M. García Romero y Laura Budia Piña, con la colaboración de la Facultad de Bellas Artes, la Facultad de Comunicación y la Facultad de Educación y Humanidades. El seminario se prolongará hasta diciembre, con trece encuentros que entrelazan filosofía, arte y pensamiento crítico. 

Textos de José An. Montero con fotos de Adrián de la Dueña y vídeos de Marina Álvarez

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