Cécile McLorin Salvant, todo es del color del jazz

Por José An. Montero & María Ramos

“Quiero ser una rana salta a un río, pero soy un volcán”, arranca Cécile McLorin Salvant en su primer fraseo. Parece haber pasado mucho tiempo desde aquella primera visita a España en 2016 o desde su rutilante paso por La Mar de Músicas en 2018, cuando apareció “volando” sobre unos tacones redondos amarillos mientras presentaba The Window, el álbum con el que obtuvo el Grammy al Mejor Álbum de Jazz Vocal.

Esta nueva gira McLorin se presenta en una versión más audaz, más libre, más cercana, más personal, más natural. El setlist nace de su presente musical, sostenido en Oh Snap, un disco donde explora una escritura más íntima y abierta. Desde la entrada contenida de “I Want to Be a River”, que funciona como presentación de lo que vendrá después, el repertorio avanza con una secuencia deliberada que se ensancha en el swing juguetón de “Anything But Now”, la chanson francesa expandida de “Le dehors”, de Léo Ferré, la introspección de “What Does Blue Mean to You?”, inspirada en Beloved, o la ligereza electrónica del medley que desemboca en “Second Guessing”.

Esta variedad de registros, además de mostrar la amplitud vocal de Cécile McLorin Salvant, revela una forma de entender el jazz como un espacio capaz de acoger canciones alejadas del canon y asimilarlas. Cada pieza encuentra su lugar dentro de un relato mayor, una narrativa que atraviesa el sentimiento interior, la búsqueda de paz y la intuición de un porvenir más respirable.

McLorin se desplaza por el escenario con una conciencia exacta del espacio y del sonido. Administra la distancia, el gesto y la intensidad con precisión, de modo que cada detalle forma parte de una partitura escénica. Puede sostener un hilo de delicadeza casi susurrada y, en el mismo tema, llegar al estallido. Cada inflexión responde a un guion preciso. Conoce bien sus posibilidades y las exprime.

La textura sonora del trío acompañante —Sullivan Fortner al piano, Yasushi Nakamura al contrabajo y Kyle Poole a la batería— refuerza cada matiz interpretativo. Entre McLorin y Fortner se establece una complicidad evidente, un intercambio de réplicas breves, casi teatral, en el que ambos se entienden a la perfección y juegan con la sorpresa, compartiendo un código privado que permite que cada gesto vocal encuentre una respuesta exacta en el teclado. Fortner alterna la calidez acústica del piano con la apertura tímbrica del sintetizador.

Poole atrae el foco cuando es necesario y, en los momentos precisos, introduce bases electrónicas que alteran el pulso del concierto y lo desplazan hacia un territorio contemporáneo sin quebrar el hilo acústico. Las líneas limpias y casi narrativas del contrabajo de Nakamura funcionan como una segunda voz que discurre bajo la voz principal, aportando una continuidad claramente jazzística que ancla el conjunto y permite que cada gesto respire con claridad.

Y cuando todo parecía avanzar por el territorio más reconocible del repertorio jazzístico de McLorin, el concierto dio un vuelco. Cécile McLorin firmó una versión demoledora de “Puro Teatro”, de La Lupe, que desmoronó cualquier barrera, y el recital entró en un espacio más directo, más expuesto, más desgarrador. Ese quiebro marcó el inicio de un bloque en español absolutamente memorable, donde sonaron “Un vestido y un amor”, de Fito Páez, y “Burbujas de amor”, de Juan Luis Guerra, transformada en un susurro de bolero en cámara lenta. En un último giro inesperado, sobre las tablas del Quijano surgió una versión estremecedora de “Todo es de color”, de Lole y Manuel, que respiró con la hondura del jazz como lugar donde cada canción puede reinventarse sin perder su raíz. Como dice la canción: “Sigamos por esa senda, A ver qué luz encontramos…”

Y si este bloque fue demoledor, el clímax llegó con una versión expansiva de “Until…”, de Sting, sostenida por un solo de batería casi narrativo que sirvió para regresara la senda del del jazz. Después, ya en los bises, “I Feel Love”, de Donna Summer, fue la liberación rítmica, con el público en pie, bailando y liberando de golpe la tensión acumulada durante un concierto intenso y lleno de matices.

El cierre llegó con la oración de Agamemnon, un conjuro, una palabra sostenida en la frontera entre lo teatral y lo ritual. Un recitado de densidad sobria, de declaración y de convicción. Una pieza que, según explicó la cantante, se inspira en el Agamenón de Esquilo y en aquel momento en que los hermanos Menelao y Agamenón leen en el vuelo de dos pájaros un presagio de guerra. Salvant transforma ese núcleo trágico en una letanía contemporánea. “Batter, batter the doom-drum, but believe there’ll be better!”. Tocamos el tambor de la perdición, sí, pero con la certeza de que algo distinto, algo mejor, aún puede abrirse camino.

Con el concierto de Cécile McLorin Salvant se cerró la XIX edición del Festival Internacional Universijazz–RealJazz en Ciudad Real, una edición que confirma la progresión del ciclo en los últimos años. La presencia de una artista como McLorin es un claro síntoma de la voluntad del festival de sostener una línea coherente y ambiciosa, capaz de situarlo en la primera línea del mapa de los grandes festivales de jazz hispanos.Cécile McLorin Salvant cerró la XIX edición del Universijazz–RealJazz el 15 de noviembre de 2025 en el Teatro Municipal Quijano de Ciudad Real, un festival organizado por la Asociación Real Jazz y dirigido por Antonio García Calero. Acompañada por Sullivan Fortner al piano y sintetizador, Yasushi Nakamura al contrabajo y Kyle Poole a la batería y electrónica, presentó un concierto articulado en torno a su nuevo trabajo, Oh Snap.

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