Enrique García-Vázquez, director de ‘Gallo Rojo’: “Ana llega al pueblo por nostalgia y se encuentra con la despoblación”

Por José An. Montero

‘Gallo Rojo’, el primer largometraje de ficción de Enrique García-Vázquez, rodado en Castromembibre, acaba de estrenarse en las salas comerciales. Una película que retrata a una generación de jóvenes que, aunque anhelan construir su futuro en el lugar que vieron crecer a sus antepasados, se enfrentan a la cruda realidad de no encontrar las condiciones para hacer florecer en los pueblos sus proyectos profesionales y personales. 

La historia presenta dos miradas a la realidad del mundo rural que se entrelazan. Por un lado, Ana, interpretada por Pino de Pablos, que sueña con establecer su carrera en el pueblo de su abuela Azucena; y por otro, Lucía, interpretada por Lucía Lobato, quien se ve obligada a marcharse en busca de su identidad, para convertirse en la persona que no se atrevió a ser ni en su propio hogar. Una pared de adobe, convertida en la pantalla de un cine rural, es testigo de los recuerdos que se resisten a desvanecerse y se erige como el refugio de una memoria que no se quiere perder. 

Durante tres semanas del verano de 2022, el reducido equipo de rodaje de ‘Gallo Rojo’ convivió junto con los habitantes y veraneantes de estas  población de Valladolid para plasmar en la gran pantalla un proyecto que se fraguó durante los meses de confinamiento. “Durante esos meses, muchas personas reconsideraron su estilo de vida y su lugar de residencia, lo que inspiró también muchos proyectos como ‘Buscando la película’ (2020)”, el documental que rodó durante este verano Enrique García-Vázquez, en el que también participó Lucía Lobato, y que aborda como esta pandemia global representó una crisis más para sus sueños frustrados de una generación que ya había vivido una crisis financiera. 

Este proyecto se ha armado completamente desde Castilla y León donde, como en tantas regiones del interior, no existe una industria cinematográfica robusta, a pesar de su riqueza cultural. “Nos usan de plató, pero no se rueda desde aquí. Tenemos grandes estudios en Guadalajara y empresas de efectos especiales en Segovia, pero apenas hay producciones locales. Esto provoca que el acceso a la financiación y los recursos técnicos sean mucho más complicados fuera de Madrid.”

A pesar de que ‘Gallo Rojo’ ha tenido un buen recorrido en festivales. “El camino hasta las salas comerciales ha sido una batalla tras otra”, explica García-Vázquez. “Ha sido un desafío mayor debido a los grandes intereses económicos de las grandes distribuidoras que limitan el acceso a producciones independientes con poca capacidad de promoción. A pesar de todo hemos conseguido comenzar a proyectar ‘Gallo Rojo’ en Valladolid, Palencia y Cuenca y esperamos que pronto estemos en Vigo o en Valladolid. Vamos cine por cine y ofrecemos la posibilidad de realizar coloquios para hacer la experiencia más personal”. 

En ‘Gallo Rojo’ se aborda el tema de la despoblación desde el punto de vista de Ana que quiere aportar “traigan ideas nuevas y transformadoras”. Frente a Ana que “tiene una visión más idealizada y fresca, aunque carece de una dosis de realidad”, está el personaje de Lucía que “ha vivido en el pueblo y conoce sus desafíos. Lucía representa una visión más realista y pragmática de la vida rural, entendiendo que no hay muchas oportunidades, lo que la lleva a planear su futuro en Barcelona”, explica el director. “Esta dualidad entre los dos personajes refleja las diferentes perspectivas sobre la vida en el pueblo y la lucha entre la nostalgia y la realidad”. 

“El título de la película proviene de la canción de Chicho Sánchez Ferlosio” escrita desde el exilio interior y que se escuchó de manera clandestina durante mucho tiempo, como si fuera un antiguo himno de la Guerra Civil. “La canción ‘Gallo Rojo, Gallo Negro’ es una canción que habla desde la derrota pero también de la resistencia. Me gustaba esa idea para la película.”

Durante el rodaje “no trabajamos con un guión cerrado, sino sobre una estructura flexible que permitía la improvisación y la incorporación de situaciones reales con la gente del pueblo. Esto buscaba capturar la autenticidad y la naturalidad de las conversaciones y experiencias. Teníamos clara la evolución del personaje de Ana, que comienza grabando ficción pero acaba conectando realmente con la gente del pueblo y sus problemas”. Esta evolución quizá refleja también el propio crecimiento de Enrique García-Vázquez como director y el interés en buscar y recuperar la identidad rural.

Enrique García-Vázquez comparte su dificultad para encontrar un final optimista y su creencia de que la batalla de la despoblación ya está perdida dentro del sistema actual. “No quería concluir con un mensaje optimista porque deseaba que el público reflexionara sobre la situación de los pueblos y llevase esa incertidumbre a sus casas. ‘Gallo Rojo’ es casi como un ‘Cinema Paradiso’ a la inversa. En lugar de salir del pueblo para realizarse, aquí se explora la idea de vivir con menos y encontrar felicidad en un cine humilde en un pueblo. A lo mejor la felicidad está en tener tu pequeño cine humilde en un pueblo y atraer gente todas las semanas.”

También subraya García-Vázquez el simbolismo de que el proyecto de Ana sea precisamente un cine “como espacio colectivo y símbolo de reunión humana”. La generación de Ana y Lucía, nativas digitales, “ha crecido con redes sociales que no son verdaderos espacios públicos, sino entornos controlados por intereses económicos. Comparando las redes sociales con un espacio público real, el director subraya la necesidad de espacios físicos como el cine para recuperar la atención y la convivencia”.

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