El pastor y el catedrático

Por Ángela Velert

Conversamos sobre el lenguaje de la ganadería tradicional con Martín Muelas, catedrático de Didáctica de la Lengua y la Literatura, y con Vicente Caja, pastor y erudito.

Martín Muelas y Vicente Caja al finalizar el taller de vocabulario tradicional ganadero. Foto: Evelyn Mardomingo (cc-by)

Mardano, remonta, rochanos, rebrojo, burraca o muesa son hoy palabras casi olvidadas, pero en un tiempo sirvieron a las gentes de la Sierra de Cuenca para sobrevivir. Lenguaje de un pastoreo tradicional que sabía interactuar con el medio natural conservando su equilibrio durante milenios y que, en la actualidad, es un patrimonio cultural a cuidar como lo cuidan Vicente Caja desde su uso cotidiano y Martín Muelas desde su estudio académico. 

Vicente es pastor y alcalde de Buenache de La Sierra (Cuenca). Lector de clásicos, aúna en su conversación la sabiduría del que sale al campo todos los días a vivir y convivir con su ganado con el conocimiento del que ha asumido también a los clásicos como un acervo a conservar. Martín, catedrático de Didáctica de la Lengua y la Literatura e histórico decano de la Facultad de Educación de Cuenca, vive el mundo, pregunta y observa, pues sabe que la lengua y la literatura antes que en los libros, habita entre las gentes. 

Dos miradas diversas y complementarias que unidas realizaron un taller sobre el vocabulario tradicional ganadero de la Serranía de Cuenca en la reciente Semana Universitaria del Optimismo Rural celebrada en Tragacete organizada por la recién creada Fundación Los Maestros. Un taller que continúa con ellos en la terraza del hostal, mientras Damián refresca de los calores de agosto a los que se van uniendo al animado diálogo que mantienen.

Vicente Caja durante la celebración del taller de vocabulario tradicional ganadero. Foto: Javier Maroto (cc-by)

Como cuenta Martín Muelas, “habría que hablar de variedades dialectales del castellano en cada una de las zonas, los términos usados en esta zona tienen mucho que ver con el valenciano tan próximo geográficamente, mientras que en la zona de La Mancha tendría muchas influencias extremeñas y andaluzas”. Esta es una de las bellezas del lenguaje pastoril, que “no puede hablarse de un prototipo válido para toda Castilla, sino que en cada zona y comarca existen variaciones que van conformando un atlas lingüístico”. 

Cuenca era una de las cuatro cabeceras de la Mesta y su serranía era un lugar con un importante trasiego de ganado que se trasladaba a la Mancha, Andalucía o Levante durante el invierno y que regresaba a la sierra o cruzaba hasta Aragón durante la época más cálida. “En estos pueblos se hablaba de ido al Reino”, cuenta Vicente, “para referirse a las tierras de Valencia y Murcia”. 

“Hace tan sólo treinta años sólo en el término municipal de Tragacete podían pastar más de treinta mil ovejas, hoy no llegan ni a la tercera parte”, cuenta Martín, “este ganado consumía la hierba de los pastos, manteniendo un equilibrio medioambiental tradicional. Este tipo de ganado necesitaba un manejo y para ello se desarrollaron una serie de términos que hicieran referencia a su manejo y cuidado”. 

“Los ganaderos usamos el lenguaje que nos es es útil, si este lenguaje tradicional está desapareciendo es porque es necesario un lenguaje nuevo para una nueva realidad”, prosigue Vicente Caja. “El lenguaje va creando realidades, pero también se acomoda a las necesidades”, apostilla Martín. “Hay un acervo cultural muy importante que se ha perdido ya, sobre todo lo relacionado con los ganados mayores. Ahora no le digas a ningún joven lo que es una aparcería o una dula, porque ahora ya no tienen ningún sentido  práctico para ellos”, replica Vicente, “estas son palabras usadas para usos tradicionales que ya no existen porque, en este caso concreto, son prácticas de juntar unos ganados con otros que la normativa ya no permite. Esa forma de tener los ganados de toda la vida ha desaparecido. Ahora cada ganadero tiene el suyo y tiene que tener su veterinario que lo supervise, que extienda las recetas y se cumplan las normativas europeas porque si no, no cobras las ayudas europeas”. Martín habla de que ahora “se utilizan palabras más profesionalizadas y modernas, adaptadas a unas nuevas necesidades”.  

Martín Muelas durante la celebración del taller de vocabulario tradicional ganadero. Foto: Javier Maroto (cc-by)

Es fundamental conocer el lenguaje de tu pueblo, porque “el lenguaje contextualiza una realidad”, afirma Martín, “hay que conocer, potenciar el lenguaje en el contexto en el que estás. A veces creemos que el lenguaje sirve para describir la realidad y eso es verdad, pero es una verdad a medias, el lenguaje sirve para describir la realidad, pero también para construirla. Lo que no nombramos no existe, y eso ocurre con el campo semántico de la ganadería, pero podría aplicarse a otros campos semánticos”. “El lenguaje es importante porque una persona se conoce a sí misma también a través de su lenguaje materno, porque es con el que uno vive y con el que se da a conocer a los demás”, apostilla Vicente, catedrático de la vida. 

Sobre la reciente polémica generada sobre el consumo de carne , Vicente habla de que “los prejuicios se generan también por exceso de información, que acaba mezclándolo todo. Hay que diferenciar entre la ganadería tradicional extensiva, pues nuestros animales forman parte ya de la naturaleza y son muy beneficiosos para el medio ambiente y otros tipos de ganaderías, que son industrias de animales. Es muy importante diferenciar una cosa de la otra. No hay mayor integración con la Naturaleza que la ganadería tradicional tal como la hemos entendido en la Serranía de Cuenca, por poner un ejemplo. Si se pierde la ganadería tradicional, se pierde un activo social y cultural muy importante, una tradición milenaria de gentes que saben interactuar con el medio vital para su sostenimiento”.

Conversando sobre el turismo rural y lo paradójicamente alejado que ha estado de la cultura rural, Vicente cree que los pastores podrían contribuir a “crear una guía de buenas prácticas par que el urbanita cuando viniera al campo supiera lo que hay, y respetara el campo y a sus gentes. Me refiero a los que salen al campo sin conocerlo y van en quads, bicicletas o con los perros sueltos, espantando al ganado y asustando al resto de animales o haciendo cualquier barrabasada por ahí”.

Este artículo de Ángela Velert y José An Montero con fotos de Javier Maroto y Evelyn Mardomingo realizado para La Circular también se publicó en Nueva Tribuna, Voces de Cuenca y AgroCLM

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