La última edición de La Mar de Músicas dedicada a Ecuador, que terminó hace apenas un par de semanas, ya es pasado. Porque pasado es anoche, y pasado son las cenizas calientes de una hoguera recién apagada. Pasado es, incluso, lo sucedido hace diez minutos.
En Cartagena, desde hace miles de años, cada día es una nueva capa de historia. Descender por cualquiera de sus sótanos es retroceder cientos de años en busca de un tiempo anterior. ¿Qué dirá, sin embargo, la arqueología de nuestro tiempo? ¿Qué quedará de nosotros cuando alguien trate de reconstruir este presente a partir de sus restos?
Frente al peligro del olvido, con todo, siempre cabrá oponer la vieja máxima de los arqueólogos que Mary Beard hace suya: “la ausencia de testimonios no es testimonio de una ausencia”. Una máxima que también parece hacer suya Salvi Vivancos en su exposición Distrito.
Para llegar hasta ella hay que descender al sótano de la sala Dora Catarineu. El descenso tiene algo de metáfora arqueológica. La propia sala acumula estratos de la historia de Cartagena. Junto a los restos de un tramo de la Muralla de Carlos III, las fotografías de Vivancos registran otros restos, mucho más recientes. Dora Catarineu falleció en el intervalo entre esta exposición y la celebrada el año pasado, 숨; SUM (Aliento), del artista surcoreano Kihong Chung, que precisamente hablaba de la desaparición y la transformación a través del carbón, de aquello que permanece cuando el fuego ya se ha extinguido.
Distrito es una serie fotográfica sobre el desaparecido espacio del mismo nombre, durante años lugar de encuentro de la comunidad ecuatoriana. Vivancos eligió fotografiarlo los lunes, cuando ya no quedaba nadie, en lugar de hacerlo en sus momentos de mayor actividad. En las imágenes aparecen sillas descolocadas, neveras, cenizas y espacios vacíos. Huellas que dejaba tras de sí la vida del fin de semana.
Vivancos mira con ojos de artista, pero también con algo de arqueólogo, esos restos de ayer, los pasados recientes de una comunidad que durante un tiempo pobló este descampado. Son restos de hace apenas unos días, pero ya pertenecen al pasado.
Hoy el recinto también es pasado y aquellas fotografías han cambiado de significado. Documentan ahora un mundo desaparecido, y no un presente continuo. Quizá la arqueología es precisamente eso, llegar un lunes y observar lo que quedó.
Distrito, de Salvi Vivancos. Sala Dora Catarineu, Cartagena. Hasta el 27 de septiembre de 2026. Entrada gratuita.