
Escribió Perec en Especies de espacios, hablando del origen de La vida instrucciones de uso: «Los orígenes de este proyecto son muchos. Uno de ellos es un dibujo de Saul Steinberg.» Una novela que va recorriendo un «inmueble parisiense cuya fachada ha desaparecido (..), de modo que, desde el entresuelo a las buhardillas, todas las habitaciones que se encuentran delante sean visibles instantánea y simultáneamente».
Ese es uno de los grandes valores del trabajo de Saul Steinberg (1914–1999): abrir las ventanas de la imaginación para centenares de proyectos artísticos, algunos de ellos verdaderas obras maestras, como La vida instrucciones de uso de Georges Perec. Autor de imágenes universalmente reconocibles —sencillas y sofisticadas al mismo tiempo—, sus ciudades imaginadas, paisajes mentales, máscaras y arquitecturas imposibles fueron los hombros de gigante sobre los que se apoyaron autores, de Calvino a Barthes, pasando por el poeta Charles Simic o por El Roto, que participó recientemente en la presentación de esta exposición en el Museo de Arte Abstracto Español de Cuenca, que permanecerá abierta hasta el 19 de abril de 2026.

Aportó una mirada crítica y analítica al siglo XX comparable a la de Umberto Eco o Toni Judt. “Dibujó un laberinto y se dibujó a sí mismo dentro de él…”, escribió Simic para explicar esa capacidad de Steinberg de implicarse en los mundos que dibujaba. Nacido en 1914 en Rumanía, en el seno de una familia judía de origen ruso, llegó a Estados Unidos en 1941, donde comenzó a colaborar con The New Yorker en 1943, revista en la que fue autor de portadas icónicas. Steinberg desarrolló un humor conceptual y filosófico que observaba, con lucidez y ironía, las contradicciones del mundo moderno.
Una obra hecha de líneas que parecen pensar y que transita por un territorio indefinido entre la literatura, el arte y la filosofía visual. Roland Barthes elogió su capacidad de desbordar las apariencias con un gesto mínimo. Italo Calvino escribió: “El mundo se ha transformado en una línea, una única línea quebrada, tortuosa, discontinua. El hombre también. Y este hombre transformado en línea es finalmente el dueño del mundo, aunque no escapa a su condición de prisionero, pues la línea tiende, después de muchas vueltas y revueltas, a cerrarse sobre sí misma y atraparlo”. Steinberg es un creador clave para entender qué fue el siglo XX, ese siglo del que Toni Judt escribió: “Si no hemos aprendido nada más del siglo XX, al menos deberíamos haber entendido que cuanto más perfecta es una respuesta, más aterradoras son sus consecuencias”.
