Del cancionero medieval a Perales: misma esencia, mismo destino

Por José An. Montero
“Este concierto es una propuesta inusual y poco ortodoxa tanto por el repertorio como por su presentación en plato”. Con estas palabras comenzaban las notas al programa de mano del Concierto 4 de Música en la Catedral a cargo de Cristina Alís Rauris, organetto y órgano de Anaya, y Bruno Bonhoure, canto, conocido internacionalmente por el proyecto performativo ‘La Camera delle Lacrime’ junto con el director escénico camboyano Khaï-Dong Luong. 
Bruno Bonhoure durante la interpretación de ‘Por qué te vas’ de José Luis Perales

El programa de la velada, bajo el título ‘Canciones para recordar’ incluía piezas del Cancionero del Monasterio de San Lorenzo del Escorial del siglo XV junto con temas contemporáneos de Ennio Morricone, Astor Piazzola, José María Cano o José Luis Perales en una “propuesta inusual y poco ortodoxa”, recuperando de nuevo la cita, que puede traducirse en la realidad entre una velada ligera de ‘clásicos populares’ sin mayor transcendencia y un ejercicio de experimentación sonora con incierto resultado. 

Sin embargo, lo vivido en esta velada fue literalmente lo que el diccionario de Oxford define como performance: “Espectáculo de carácter vanguardista en el que se combinan elementos de artes y campos diversos, como la música, la danza, el teatro y las artes plásticas”, con una calidad musical y una puesta en escena memorable. Así que volvamos al principio. 

La primera parte del programa se desarrolló en órgano de Anaya, situado cerca del Crucero del lado de la Nave de la Epístola, con tres temas del Cancionero del Monasterio de San Lorenzo del Escorial, completados con ‘O Rosa bella’, pieza del siglo XV de John Dunstaple, aunque recientemente se ha puesto en duda su autoría. Sentados en T alrededor del órgano de Anaya, el público que completó el aforo fue testigo de los inéditos veintisiete grados interiores de la Catedral. Alternancias entre el órgano de Anaya y el Portativo de Cristina Alís Rauris, acompañado de la sutil percusión de claves de madera y la voz “descalza” de Bruno Bonhoure jugando con el tono, el volumen y la ubicación, marcaron un inicio sutil de tono cortesano. 

Procesión laica cantada siguiendo la voz de Bonhoure, transformado en un dulce tenor de Hamelín, que condujo al público hasta el claustro iluminado con decenas de pequeñas velas en el ángulo noreste. Allí esperaban dos pantallas sin sonido que relataban lo que ocurría en el coro de la anexa Capilla del Espíritu Santo donde se ubica el órgano de Francisco Molero de muy finales del siglo XVIII, restaurado en 2015.

Con la puerta de la capilla abierta, resonaron por todo el claustro varias piezas del siglo XV, que dieron paso a la melodía inconfundible de ‘Gabriel’s Oboe’, tema principal de Ennio Morricone. Pareció levantarse la brisa (y la esperanza) sonriendo entre la alambrada de espino de ‘El laberinto del dictador’ de Florencio Galindo que habita desde 2016 el claustro de la Catedral. Era el momento mágico de abrir las puertas. 

Un sonido de lo que parecía una flauta de pico se acercaba hacia el escenario iluminado con velas donde aguardaba el órgano portativo esperando ser dotado de vida por Cristina Alís Rauris, que según rezaba en el programa “ha colaborado con el constructor de órganos históricos Walter Chinaglia para construir el único modelo que existe en el mundo de órgano portativo del siglo XIII”. 

Tras la introducción cortesana, Bruno Bonhoure realizó una arriesgada versión de ‘Por qué te vas’ de José Luis Perales acompañado por el órgano portativo y por una baqueta de espuma que percutía sutilmente sobre la tarima del escenario. Silencio. Escalofrío. La melodía viajó en el tiempo y espacio con el público prendido en sus notas. Bruno Bonhoure se transformó en este trovador occitano que cantaba en los atrios de las iglesias al amor profano. “Como cada noche desperté / Pensando en ti / Y en mi reloj todas las horas vi pasar / Porque te vas” se tornan medievales con el marcado acento de Bonhoure, de gesto teatralmente exagerado, marcando los movimientos, los sentimientos, para que nadie pudiera perder el hilo de la historia por muy lejos que estuviera en el espacio o en el tiempo. Sinceramente, no recuerdo si hubo aplausos o no, andaba todavía en mi viaje espacio-tiempo del que ya no pude salir hasta la ovación final puesto en pie. 

Bruno Bonhoure, durante la interpretación de ‘Comanche’ (2015)

Tras Perales, una composición performativa del propio Bonhoure, titulada ‘Comanche’ (2015) que sirvió de transición al tema central de Cinema Paradiso, en una versión maravillosa en el órgano portativo a cargo de Rauris, que abrazó un tango de Piazzola con ‘La tonada de luna llena’ de Simón Díaz, “La luna me está mirando / Yo no sé lo que me ve / Yo tengo la ropa limpia / Ayer tarde la lavé / Luna, luna, luna llena / Menguante”. Luna llena de agosto a la que seguro que cantaron muchos esclavos a lo largo de los siglos, buscando la esperanza y la libertad como ese ‘Blues del esclavo’ de José María Cano con el que casi finalizó la velada, pues hubo bis, en el que se evocó la figura de San Francisco de Asís al que se ruega llenar la vida de tranquilidad y felicidad, imprescindible en estos tiempos convulsos. 

Durante ‘El Blues del Esclavo’ (1989), de José María Cano.

Regreso al principio, “este concierto es una propuesta inusual y poco ortodoxa tanto por el repertorio como por su presentación en plato”. Un plato de ingredientes imposibles que una vez trabajados por las manos virtuosas de Cristina Alís Rauris y  Bruno Bonhoure convierten en coherente lo impensable, y posible únicamente porque desde la Catedral de Cuenca fueron capaces de visualizar sobre el papel la belleza de esta arriesgada propuesta, arropándola y mimándola, buscando el lugar y el contexto  adecuado para cada uno de los tres bloques. Se podrán tocar las mismas notas en otros lugares, pero nunca serán tan bellas. 

Como dijo unas horas después Félix Albo, “Feliz luna de agosto./ Felices estrellas que caen./ Feliz verano”. Así sea. 

Concierto 4 del programa de Música en la Catedral de Cuenca celebrado el viernes 12 de agosto de 2022, luna llena, en el Crucero, la capilla del Espíritu Santo y el Claustro de la Catedral de Cuenca bajo el título ‘Canciones para recordar’ a cargo de Cristina Alís Rauris, organetto y órgano de Anaya, y Bruno Bonhoure, canto. Este concierto puede verse en el Canal Youtube de la Catedral de Cuenca.

Texto y fotos de José An. Montero para La Circular.

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