Ese lugar donde nos encontramos, donde pasan la vida en común y llegan los viajeros. Ese espacio circular (o no) donde conversar, cantar, bailar, pintar, escribir o soñar.
Los olores, los sabores y las canciones se van quedando agarradas a los recuerdos y nunca jamás podremos desprendernos de ellas. Los nombres y las caras se irán diluyendo como los adobes de esta tierra de campos, pero las canciones irán pasando de boca en boca, decantándose y volviendo a sonar cada vez que la realidad lo requiera.