Clara Ysé, cantar ante el naufragio

Por José An. Montero

La francesa Clara Ysé cerraba el programa de La Mar de Músicas 2025 en el patio del Antiguo Cuartel de Instrucción de Marinería (CIM), un escenario que ha acogido momentos brillantes durante esta edición. Hace una eternidad desde que Salif Keïta lo abrió hace diez días. En este tiempo, Ángeles Toledano, Youn Sun Nah, Sunwoo Jung‑a o Arooj Aftab, por citar solo algunos nombres, han obsequiado al público con veladas inolvidables.

En un programa que, en esta ocasión, ha mirado hacia Oriente y hacia el flamenco, no podía faltar uno de los grandes nombres emergentes de la canción francesa. Esa sensibilidad oblicua, impregnada de aromas decadentes y fantasmas culturales, parecía pedir exactamente este escenario para desplegarse. Un patio con memoria, con ecos de lejanas victorias y derrotas aún calientes.

Las siluetas de Clara Ysé, acompañada por Camille El Bacha y su fiel escudero Sylvain Rabourdin, en un formato más íntimo que su habitual quinteto, se recortaban sobre los tonos cálidos y tenues del patio. Componían el fondo perfecto para cerrar esta edición con un aire de melancolía, justo antes de la fiesta final que aguardaba en el Castillo.

Evocando los versos de Virgilio y las noches oscuras de Victor Hugo, Clara Ysé entrelazó referencias que atraviesan los siglos: del infierno íntimo de la Eneida, ese viaje por lo invisible y lo perdido, al título de su primer disco, Oceano Nox, tomado de un célebre poema de Hugo en el que el mar devora la memoria y el amor. Tanto hemos perdido en los últimos tiempos. “Je ne sais, c’est vrai, chanter que les naufrages.” No sé, es cierto, cantar sino naufragios, se define Ysé, en un ir y venir de la voz como las olas en la oscuridad.

“La Maison”, tocada a cuatro manos, evocaba la despedida irremediable de la casa de la infancia. Un umbral al que no se vuelve, una escalera que solo desciende. Camina sobre recuerdos dolorosos, sobre los ecos de voces ya lejanas en el tiempo. Frágiles en la memoria.

Pero el discurso de Clara Ysé no es plano ni edulcorado: expresa con fuerza una poética de la dualidad emocional, entre la dulzura y la violencia, la ternura y la furia, la vulnerabilidad y la fuerza.  “Tu sais la tendresse est mon guide / mais elle opère en terre aride.” (Sabes que la ternura es mi guía / pero actúa en tierra árida), canta en Douce. Dulzura que muerde. 

Canciones como “L’Océan”, “S’aimera”, “Magicienne” transitan el mar como estado emocional. Hija de filósofa y pintor, cantó La Llorona en un perfecto castellano colombiano, aprendido de su nana colombiana, con todo el desgarro que dan las ausencias.  “¿Qué hacemos con la noche oceánica que nos habita?” en un regreso constantemente a los versos de Virgilio. La respuesta es incierta, pero la música la hace habitable. Buscamos luz en la noche, responde Victor Hugo. “J’entends encore les pas dans l’escalier.”  Aún oigo los pasos en la escalera, canta en La Maison

Aún oímos su voz en el CIM. Y esa vibración, casi imperceptible, la guardaremos en la memoria, como el niño que guarda un caramelo en el bolsillo hasta la siguiente Noche de Reyes. Mientras esté ahí, sabrá que fue verdad.

Clara Ysé. Concierto en La Mar de Músicas 2025. Patio del Antiguo CIM, Cartagena.. 25 de julio. Con Camille El Bacha (piano) y Sylvain Rabourdin (violín).

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