Carmen Madorrán: “No es tiempo de terraformar Marte, sino de cuidar la Tierra.”

“¿Llevamos una vida decente? —Sí. ¿Y hacia dónde la llevamos?”, preguntaba Mafalda, como si la ética pudiera caber en una viñeta. Esta frase del eterno personaje de Quino sirvió para cerrar la intervención de la filósofa Carmen Madorrán en la tercera sesión de Sagita Magma, un encuentro en el que pensamiento y arte se dieron cita para imaginar horizontes posibles en tiempos de crisis, bajo el título, en esta ocasión, de “Encarnadas: cuidados para dejarse enraizar en tiempos de crisis ecosocial.”

“Vivimos una crisis que no es solo ecológica, sino también simbólica: de atención, de sensibilidad y de vínculos”, explicó Carmen Madorrán, que define la crisis ecosocial como el marco característico de este momento: un entramado de degradación ambiental, desigualdad y agotamiento vital. Recordó que “hemos sobrepasado siete de los nueve límites planetarios”, un dato que debería hacernos reflexionar y buscar una ética del límite entre la fe tecnológica y el catastrofismo.

Aprender a vivir dentro de lo posible, con conciencia de interdependencia. “Hay partido todavía, pero solo si somos capaces de pensarnos como seres interdependientes”, explicó esta doctora en Filosofía por la Universidad Autónoma de Madrid, donde enseña en el Departamento de Filosofía e investiga en el grupo Humanidades Ecológicas (GHECO). Ha construido su trabajo en la intersección entre ética, feminismo y ecología.

“El problema no es que necesitemos demasiado, sino que hemos confundido necesidades con privilegios”, afirmó, reiterando lo que expone en su libro Necesidades ante la crisis ecosocial (Icaria, 2023), donde propone una ética material y situada frente al modelo capitalista del deseo ilimitado. Frente a la cultura de la independencia, Madorrán propuso una ética de la fragilidad compartida, que reconozca que la vida se sostiene en redes materiales y afectivas que requieren cuidado. No se trata de celebrar la debilidad, sino de reconocer algo aparentemente tan obvio como que, sin interdependencia, no hay existencia.

Carmen Madorrán durante la entrevista. Foto de Adrián de la Dueña.

Madorrán defendió un ecofeminismo crítico que entiende que la crisis ecológica y la crisis de los cuidados son una misma crisis. “La lógica que explota los ecosistemas es la misma que precariza los cuerpos.” De ahí que el cuidado deba ocupar el centro de la ética y de la política. Citó a María Puig de la Bellacasa, quien escribió que “cuidar no es un acto virtuoso, sino una práctica material que repara mundos.”

Madorrán también reflexionó sobre la tentación del escape: la idea, tan extendida, de que la tecnología podrá librarnos del planeta. “Las mismas élites que provocan la crisis ecológica son las que imaginan sobrevivir sin ella”, comentó. En este punto resonaron las reflexiones de Douglas Rushkoff, quien en La supervivencia de los más ricos (Capitán Swing, 2024) describe el sueño de los magnates de Silicon Valley de abandonar la Tierra: “…ellos se preparaban para un futuro digital que no tenía tanto que ver con hacer del mundo un lugar mejor como con trascender por completo la condición humana.” Rushkoff llama a ese impulso The Mindset, el deseo de fuga de una élite que aspira a alcanzar la “velocidad de escape”. Frente a ese imaginario, Madorrán insiste: “No hay escapatoria. Seguimos aquí, en la Tierra, con la misma gente y en el mismo planeta que se nos anima a dejar atrás.”

Carmen Madorrán durante su intervención en Sagita Magma. Foto de Adrián de la Dueña.

“No necesitamos más velocidad —dijo—, necesitamos más cuidado”, una invitación a reorientar la innovación hacia el cuidado, minimizando el impacto energético de la digitalización, la dependencia extractiva de los materiales y la vulnerabilidad social que sostiene la economía de datos. Para ello, reclamó una alfabetización tecnológica ecosocial.

El pensamiento de Carmen Madorrán aboga por la necesidad de una “tercera cultura” que tienda puentes entre el arte, la ciencia y la filosofía, porque “la crisis ecosocial no se resolverá con soluciones técnicas, sino con imaginación ética.” Frente a la obsesión contemporánea por el control, propone aprender a convivir con lo que no se puede prever. “La incertidumbre no es un fallo del sistema, es una condición de la vida”, explicó. De esa aceptación surge lo que llama una “pedagogía de la finitud”: una educación que enseñe a sostener lo cambiante, a no huir de la fragilidad.

“La educación —y en particular la educación filosófica y humanística— es un territorio clave para reconfigurar imaginarios y sensibilidades. (…) Las humanidades ecológicas proponen otra cosa: aprender a habitar el mundo con atención, empatía, sentido de límite y responsabilidad. Se trata de formar sujetos capaces de pensar interdependencias, vulnerabilidades y futuros posibles. Educar hoy es enseñar a vivir con otros, humanos y no humanos, dentro de los límites del planeta.” Una pedagogía que busca reconciliar conocimiento y sensibilidad bajo la premisa de que la alfabetización debe ser también afectiva: aprender a leer los vínculos, los ritmos y los límites que hacen posible la vida.

Carmen Madorrán durante la entrevista. Foto de Adrián de la Dueña.

Carmen Madorrán teje una trama de pensamientos que da cuerpo a una visión del mundo en la que educación, justicia, economía, filosofía y arte se entrelazan como hilos de un mismo tejido vital. Su pensamiento se ancla en la noción de suelo social, entendido como el conjunto de necesidades básicas que toda sociedad debe garantizar para ser justa. Entre ese suelo y los límites ecológicos traza una frontera ética: “vivir bien sin destruir la posibilidad de vida de los otros”, no solo humanos, pues reivindica la necesidad de ampliar la comunidad moral más allá de la especie humana.

“La esperanza no es un estado de ánimo, sino una práctica compartida.” Se trata de una esperanza situada, modesta y activa, que se ejerce en los gestos cotidianos: cocinar, acompañar, escuchar, reparar. Frente al pesimismo del colapso o la euforia tecnológica, propone una esperanza terrestre, hecha de tiempo y atención.

Madorrán habló de rehabitar la Tierra. No se trata de nostalgia, aclaró, sino de reorganizar la vida desde la conciencia de los vínculos. Volver a la Tierra significa volver a los cuidados, al tiempo lento, a las prácticas que sostienen lo común. “Solo si aceptamos que somos vulnerables podremos reconstruir el sentido de comunidad.” En esa frase se condensa la dimensión política de su pensamiento: el cuidado como condición de la democracia.

Regresamos a la pregunta inicial que se hacía Mafalda: “¿Llevamos una vida decente? —Sí. ¿Y hacia dónde la llevamos?” Carmen Madorrán sugiere una dirección posible: hacia el suelo, hacia los otros, hacia el cuidado.

La entrevista con Carmen Madorrán se realizó poco antes de su intervención en la tercera sesión de Sagita Magma. Seminario-Dopamina. Estética Política y Ontología de la Comunicación, celebrada el 2 de octubre de 2025 en el campus de Cuenca de la Universidad de Castilla-La Mancha. El seminario, coordinado por Ignacio Escutia, Andrés M. García Romero y Laura Budia Piña, cuenta con la colaboración de la Facultad de Bellas Artes, la Facultad de Comunicación y la Facultad de Educación y Humanidades. El ciclo se prolongará hasta diciembre con trece encuentros que cruzan filosofía, arte y militancia. Puedes leer la serie completa en este enlace.

Entrevista de José An. Montero con fotografías de Adrián de la Dueña y vídeo de Edgar Atheling Rodriguez

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