Mientras Villarramiel prepara ya sus fiestas de San Bartolomé, instalando las vallas y graderías para sus tradicionales encierros, la iglesia de San Miguel acogió este 6 de agosto, aniversario del bombardeo de Hiroshima, el concierto de órgano ibérico de Joxe Benantzi Bilbao. Un aniversario que llevó precisamente al organista a dedicar el recital a la paz.
Esta iglesia es un buen ejemplo de templos que han intentado adaptarse a los estilos de las distintas épocas, en una yuxtaposición constante en la que conviven la fachada renacentista del siglo XVI, la reconstrucción neoclásica de finales del XVIII y añadidos posteriores, como el órgano de Juan Otorel de 1889. Las crisis y la decadencia castellana de los siglos XIX y XX impidieron en muchos casos que esas sucesivas mutaciones borraran por completo lo anterior; gracias a ello se han conservado numerosas huellas del pasado.
Y en ese palimpsesto de estilos, Joxe Benantzi propuso un programa que recorría la historia del órgano ibérico en Tierra de Campos, esos instrumentos olvidados durante décadas, hasta que Francis Chapelet se dejó caer, en los años setenta, por estas tierras y quedó atrapado por la riqueza de los que habían sobrevivido en semiabandono en sus pueblos
.
Un olvido muy relacionado con la segunda parte del programa propuesto ayer por el organista vasco, que recuperó una vertiente efectista y por momentos casi teatral del repertorio para órgano ibérico. Desde la luminosa Sonata en Re mayor de Mateo Albéniz y la Batalla de José de Torres, con sus pájaros, refriegas y artillería sonora, hasta las adaptaciones de Carlo Fumagalli de las óperas de Verdi La Traviata e I vespri siciliani.
Pocos instrumentos parecen más dispuestos al juego teatral que un órgano como el de Villarramiel, capaz de hacer aparecer flautas, pájaros, dulzainas o una batería de trompetas que se proyecta horizontalmente hacia la nave. Una paleta de colores que explica también que las adaptaciones operísticas de Verdi encuentren aquí un escenario especialmente propicio.
Fue precisamente la creciente entrada de este tipo de repertorio en los templos uno de los fenómenos contra los que reaccionó el movimiento ceciliano, que culminó con el Motu proprio de Pío X de 1903, el cual buscó volver a formas más austeras de música sacra. Esta nueva sensibilidad religiosa fue arrinconando la brillante trompetería de los órganos ibéricos. Afortunadamente, en Tierra de Campos no hubo dinero para sustituir o transformar aquellos instrumentos en órganos románticos, por lo que en muchas parroquias se optó por relegarlos y sustituir
su uso por el armonio, mucho más barato y austero.
Una propuesta muy estimulante la que hizo ayer Joxe Benantzi, que acompañó la interpretación con su habitual explicación didáctica de las piezas, algo que se agradece mucho cuando, como en este caso, resulta amena y no resta protagonismo a la música. Una mediación que sirvió también para hacer comprensibles los imprevistos técnicos de un instrumento histórico que terminó imponiendo sus propias reglas al programa. “Este órgano está partido entre el do sostenido y el re. Y esto es la primera vez que yo me lo encuentro en mi vida”, confesó Benantzi. Una singularidad del teclado que dejó fuera de juego al clarín previsto para el Voluntary de John Stanley y obligó a sustituir la pieza por la Toccata avanti il Ricercar de Girolamo Frescobaldi.
Ficha técnica. Concierto de órgano a cargo de Joxe Benantzi Bilbao, celebrado el 6 de agosto de 2026, a las 20.30 horas, en la iglesia de San Miguel de Villarramiel (Palencia), dentro del programa Allegrissimo. Verano Cultural 2026, organizado por la Diputación de Palencia, con la colaboración de la Diócesis de Palencia y el Ayuntamiento de Villarramiel. El concierto se interpretó en el órgano histórico construido por Juan Otorel en 1889.