Nuno Marques, “quem parte traz saudades”

Por José An. Montero

Agosto. Rectorado de la Universidade do Porto. 41,146° N. En esta sala se han celebrado los anteriores conciertos del ciclo «Grandes Maestros» del Porto Pianofest. Hoy, sin embargo, no es la misma. Ha girado sobre sí misma, como buscando nuevas coordenadas. El piano Yamaha, ahora está frente a la puerta, y las tribunas de los académicos quedan ocultas en un lateral por la oscuridad. Han dejado de ser el Salão Nobre para parecer más el salón de una casa de hace unas décadas. Sobre la tarima, además del piano, hay una mesa auxiliar de madera, una lámpara de madera y latón, una cafetera Smeg color crema, dos tazas y unos sobres de té de Lipton. Alrededor de esta escena familiar se distribuyen las sillas, aún vacías, pero pronto invisibles por la magia del teatro. 

Diciembre. O no. Biblioteca Pública. Quinta Avenida de Nueva York. 40,753° N. Apenas cuatro décimas de grado más al sur. Nuno Marques posa con una bufanda gris ceniza y la mirada fija, como si apuntara directamente al Océano Atlántico y a Portugal, quizá a su infancia. Quizá directamente a este salón y a esta tarde de agosto en la que presenta su primer disco en solitario, titulado Penas d’Amor: Fados for Piano (Azure Sky, 2026). Un regreso al patrimonio musical portugués que solo, según ha explicado el propio pianista, pudo comprender plenamente desde la distancia.

Llega a la sala António Durães, se quita el abrigo, enciende la lámpara, pone en marcha la cafetera y comienza a recitar: «…e embriagado em dores, peço uma alma inocente, a quem confie as minhas dores». Un coro de murmullos recita con él desde la oscuridad de la memoria, mientras pulsa las teclas del piano de una en una. Incluso durante un instante pareció que, al otro lado de los ventanales cerrados, caía lluvia neoyorquina. Entonces entró en escena Nuno Marques.

A veces hay que cruzar un océano y pasear al borde de la Quinta Avenida para poder escuchar, sin interferencias ni ruidos de fondo, la música del lugar del que se proviene. Este traslado profesional ha servido para desprender al fado de la pátina enmohecida que durante décadas le fue impuesta y, solo desde la distancia, descubrir que forma parte de tu identidad. Se trata de recordar que el piano también formó parte de su historia, no de reinventar el fado.

En ese punto nace la investigación que le hará redescubrir y devolver a la luz las partituras casi olvidadas del fado de salón de finales del siglo XIX y principios del XX, rescatando los Nove Fados para Piano de Alexandre Rey Colaço (1854-1928) y el refinado Fado Burnay de Eduardo Burnay (1877-1924), con los que ha construido este trabajo depurado, entretejido con las coplas de la tradición portuguesa y los versos de Camilo Pessanha, Almeida Garrett y Eugénio de Andrade. «Lograssem águas passadas atrás voltar! Quem dera!»

Regresar al fado anterior a su canonización, antes de que quedara fijado en el imaginario mundial. Buscar en la arqueología musical la roca madre del género para recuperar un repertorio que dialoga, por la ambición de su escritura pianística, con la mejor tradición europea del cambio del siglo XIX al XX. Un camino que también están recorriendo, desde otras perspectivas, Carminho, Lina, Júlio Resende, João Paulo Esteves da Silva o António Zambujo, ampliando los límites del fado sin renunciar a su identidad.

Marques devuelve a la luz una manera de hacer fado donde el piano concentra todo el conjunto instrumental y vocal tradicional. El pianista portugués desentierra un lenguaje pianístico de concierto en el que la mano izquierda imita los bordones graves y el marco rítmico de la viola de fado, mientras que la mano derecha ejecuta de forma simultánea el punteado metálico y los trinos agudos de la guitarra portuguesa, junto al fraseo lírico de la voz del fadista. Un solo teclado convertido en cantante, guitarra portuguesa y viola de fado al mismo tiempo; el fado reducido a un único instrumento capaz de contener, sin pérdida alguna, todo el universo expresivo del género. Es la restitución de una tradición prácticamente olvidada, no una transcripción ni un arreglo.

En «Um Fado» (Fado n.º 1) de Rey Colaço, el milagro se consuma. La mano izquierda marca el pulso grave de la viola de fado, mientras la derecha puntea y canta, como si en el teclado convivieran la guitarra portuguesa y la voz del fadista. La alternancia del piano y el recitado de António Durães demuestra hasta qué punto el piano de Marques sostiene el discurso sin perder nunca el pulso narrativo, en un ejercicio de concentración.

Es también un reencuentro con el Portugal de la infancia, donde todo sucede bajo las miradas cruzadas de los retratos decimonónicos de los antiguos rectores de la Universidade do Porto y del recién elegido rector, Pedro Nuno Teixeira, como si el pasado y el presente asistieran juntos al regreso de un repertorio olvidado. «Quem parte leva saudades, quem fica saudades tem”, pero también las trae de vuelta. 

Si no fue el concierto ideal, estuvo muy cerca de serlo, tanto por la atmósfera envolvente del espacio como por la trascendencia de un estreno patrimonial que encarna el propio Porto Pianofest. Nuno Marques, fundador y director artístico del proyecto, firmó una velada que desborda su propio papel institucional para reivindicarse, sencillamente, como uno de los grandes pianistas que han pasado por el festival.

Entre los 40,753° N de la Biblioteca Pública de Nueva York y los 41,146° N del Rectorado de Oporto apenas median cuatro décimas de latitud. Entre ambos lugares caben, sin embargo, un océano y un siglo de historia del fado, además de una vida entera, que, esta noche, encontró de nuevo el camino de casa.

Ficha técnica: Concierto de clausura del ciclo «Grandes Maestros» del Porto Pianofest, celebrado en el Salão Nobre de la Reitoria da Universidade do Porto. Estreno en directo de Penas d’Amor: Fados for Piano (Azure Sky, 2026), proyecto concebido e interpretado por Nuno Marques. Poesía y declamación en directo: António Durães, Libório Silva en la grabación del disco. Textos de la tradición popular portuguesa, Camilo Pessanha, Almeida Garrett y Eugénio de Andrade. Repertorio integrado por los Nove Fados para Piano de Alexandre Rey Colaço y el Fado Burnay de Eduardo Burnay.

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