Decía Peter Brook, el gran director inglés: “Puedo tomar cualquier espacio vacío y llamarlo un escenario desnudo. Un hombre camina por este espacio vacío mientras otro le observa, y esto es todo lo que se necesita para realizar un acto teatral”. Precisamente en estos espacios vacíos nació el teatro antes de que se llamara teatro. Ese “Teatro Tosco” de raíz popular e itinerante que no teme a la vulgaridad y que se enfrenta, como un vendedor a puerta fría, a un público con mil distracciones alrededor.
Es duro construir un escenario en cualquier pared y exponerse a un público de paso. Una naturalidad cruda, sin las hipocresías del teatro convencional. Entro en la web de Clownómadas para buscar el nombre del clown y me encuentro una cita de Chaplin: “La vida es una obra de teatro que no permite ensayos. Por eso, canta, ríe, baila, llora y vive intensamente cada momento de tu vida antes de que el telón baje y la obra termine sin aplausos”. Justo eso es lo que quería decir cuando hablaba de naturalidad cruda.
Rubén Carretero, artista de circo, clown y mago, asume el papel de payaso vagabundo (tramp clown) bajo el arco de la Puerta del Obispo de la Catedral de Palencia, que seguramente ha conocido a muchas personas vagabundas bajo sus arcos. Brújula, sin rumbo ni destino, podría haber sido uno de ellos en cualquier momento. El maquillaje blanco puede ser el lienzo sobre el que se escriban tantas caras bajo la nariz roja.
El clown vagabundo, el alma errante, forma parte durante unos minutos del capítulo no escrito de esta catedral, donde falta el retrato de la gente humilde que vivió y pasó por aquí sin dejar su cara en lienzos y esculturas.
Esta nota al pie de post forma parte de El Tomanotas, el cuaderno de paso de La Circular en Substack una libreta abierta donde se reúnen fragmentos culturales, imágenes, making of, comentarios al margen y pensamientos surgidos en el camino. Puedes seguir leyendo más textos y notas en La Circular en Substack y en La Circular. Texto y fotos de José A. Montero.