Hace un tiempo escribí un artículo titulado Cattelan, nada de bromas sobre la exposición de Maurizio Cattelan en Museu de Arte Contemporânea de Serralves. Allí aparecía Comedian, la banana pegada con cinta adhesiva a la pared que terminó convertida en una de las imágenes más reconocibles del arte reciente. En aquel momento escribí que la pieza se movía “entre el icono, el ridículo y la manifestación radicalmente política”.
Esta mañana, caminando por los pasillos de la Facultad de Bellas Artes de Cuenca, me encuentro otra banana. Esta vez impresa en 3D. El título es Guld är det inte (2026), de Ulder Sotomayor. El concepto sigue funcionando bastante bien. Quizá incluso mejor, porque incluso ya ha desaparecido la caducidad de la fruta original. Ésta no se pudrirá ni tendrá que ser reemplazada. Aquí hay plástico, modelado digital y una copia descarada.
La iconografía contemporánea produce sus propios recuerdos a una velocidad vertiginosa. Obras de arte que se convierten en iconos y acaban transformadas en camisetas, tazas o souvenirs, hasta convertirse en una obra de arte de otra obra de arte. Qué naïf resulta hoy Duchamp. Qué próxima aparece la broma, la bufonada o la crítica descarnada. Piezas que se miran en el espejo deformado de su tiempo y desdibujan el concepto de autoría.
La réplica de Ulder Sotomayor sigue siendo reconocible porque ya forma parte de la iconografía
Esta nota al pie de post forma parte de El Tomanotas, el cuaderno de paso de La Circular en Substack un lugar donde van quedando pequeñas crónicas culturales, imágenes, making of, comentarios al margen y materiales difíciles de clasificar. Puedes seguir leyendo más textos y notas en La Circular en Substack y en La Circular. Texto y fotos de José A. Montero.