
Los cuentos verdaderamente poderosos poseen una capacidad de supervivencia casi infinita. Nacen y vuelven a renacer cuando parecen morira, una y otra vez, con cada generación y en cada cultura. Ordenan el mundo, lo hacen inteligible, nos permiten reconocer símbolos y arquetipos universales. Lo fundamental no está en que tenga moraleja, sino en saber contarlos con calidad y cariño, con humor y ternura, con ritmo teatral. Cuando eso sucede, los cuentos atraviesan edades, épocas y geografías.
Ese es el espíritu del montaje que La Pera Llimonera presentó en la Feria de Teatro de Castilla y León: Rucs, la maledicció del bruixot, representado por primera vez en castellano bajo el título RUCS – El maleficio del brujo. Un espectáculo que, más de treinta años después de su creación, sigue provocando carcajadas y complicidad inmediata en niñas y niños, suspendido en un tiempo eterno.
Ahí radica la verdadera magia del teatro: no en dar lecciones, sino en la risa compartida, en el asombro de las miradas, en ese instante en que lo clásico y lo actual se dan la mano. No hay nada que explicar, porque ya todo se entiende. Una obra honesta, que confía en el humor y en la inteligencia de los más pequeños, sin subestimarlos ni justificar la risa con una moraleja. Obras como esta siembran la semilla para que el teatro se convierta, durante toda la vida, en un lugar de recuerdos felices.

El relato bebe directamente de las grandes historias de Grimm o Perrault, pero añade a ese caldo primigenio la tradición antiquísima del teatro popular europeo, donde siempre resuena la pareja de clown formada por el Carablanca y el Augusto. Romagosa, genial en su vis cómica, encarna la parte que se deja arrastrar por la torpeza, mientras Casanovas aporta el contrapunto más rígido y estructurado. Esa fórmula, que ha sobrevivido desde la commedia dell’arte hasta el circo moderno, cuando se ejecuta con precisión, como es el caso, funciona desde el primer instante, sin importar la edad del espectador. Fue hermoso ver cómo, cuando lanzaban una broma comprensible sólo para los adultos, el Nuevo Teatro Fernando Arrabal recataba la infancia de quienes habían ido a acompañar a los más pequeños.
El texto es pura rima y musicalidad, lleno de juegos de palabras y de confusiones semánticas, heredero de un original en catalán que ha sido pulido durante décadas hasta adquirir una frescura eterna conservada en la traducción. Los niños aplaudían, reaccionaban, guardaban silencio cuando se les pedía porque querían escuchar la historia; hablaban en voz alta con los actores y, al terminar, salieron con una sonrisa. Esa interacción directa es el corazón del teatro. Si los espectadores pequeños entran en el juego, ríen y se emocionan, entonces el teatro se escribe con mayúsculas.
En la trama, rescatar al brujo llevaba como castigo tener que repetir la historia mil veces. Si hasta ahora apenas llevan diecisiete, quizá lo justo sería ampliarlo a mil más. Porque historias como esta, que juegan con lo clásico, hacen reír con inteligencia y se representan con honestidad artesanal, no deben, nunca, dejar de representarse.
El 25 de agosto de 2025, en el Teatro Nuevo Fernando Arrabal de Ciudad Rodrigo, se presentó la versión en castellano de RUCS – El maleficio del brujo, de la compañía catalana La Pera Limonera. Escrita por Pere Casanovas, Toni Albà y Pere Romagosa y dirigida por Albà, contó con la interpretación de Sergi Casanovas y Pere Romagosa. El montaje, con escenografía de Lliberat López y máscaras de Romagosa, tuvo una duración de unos 55 minutos.