091, hasta que llegó su hora

Por José An. Montero
El grupo granadino actuó el viernes 19 de agosto en el patio del Padre Nuestro del Centro Andaluz de Arte Contemporáneo dentro de programa POP-CAAC de Sevilla, compartiendo cartel con Sick Buzos que regresaban a los escenarios después de una larga etapa de separación.

Aunque hayan pasado ya cinco años de su regreso a los escenarios en la gira ‘Maniobra de Resurrección‘ y en esta ocasión esté presentando en directo en directo los temas de ‘La otra vida’ (2019), cada concierto de 091 es celebrado como una ceremonia de reencuentro, como una nueva oportunidad de reencontrarse con “otros como tú”.

Sick Buzos, abriendo la velada . Foto: María Ramos (c)

Pasaban unos minutos de las once de la noche en el inverosímil, como recinto de conciertos, Patio del PPN del Centro Andaluz de Arte Contemporáneo (CAAC). Cerca del escenario, entre rampas, escalones, césped y aislados de la barra se encierran unos cuántos cientos de fanáticos que «manifiestan una pasión y tenacidad desmedida» por los 091. 

Hace apenas veinte minutos que Sick Buzos, el grupo sevillano que hizo las veces de anfitrión había abandonado el escenario, cuando empezaron a sonar las notas de ‘L’uomo dell’ armonica’ de Ennio Morricone, tema principal de la spaghetti western que en España se títuló ‘Hasta que llegó su hora  (Once upon a time in the West, 1968), cuando cinco siluetas negras entran al escenario “a terminar lo que empezaron”.

Foto: María Ramos (c)

Con esta fílmica entrada de la banda en el escenario del POP-CAAC, dió comienzo lo que a la postre sería un concierto de más de dos horas en el que los granadinos presentan su primer trabajo en estudio tras ‘Todo lo que vendrá después’ (1995). Diez buenas canciones que no desmerecen en directo, con letras a la altura y sonido contundente, que se van trufando con los temas más conocidos de la banda. 

091 siempre tuvo hechuras de grupo grande sobre el escenario y fuera del escenario. No pretenden ser otra cosa que una buena banda de rock en directo con un repertorio de clásicos a los que el tiempo ha tratado bastante bien, precisamente porque siempre fueron un grupo que siguió su senda sin dejarse llevar por la tentación de arrimarse a las modas pasajeras. Cierto que hay canciones que musicalmente han salido algo peor paradas con el paso del tiempo, pero las letras de Lapido siguen siendo igual de certeras y afiladas que el primer día. 

Foto: María Ramos (c)

Desde ‘Zapatos de piel de caimán’, primer tema “clásico” del repertorio tras el inicial ‘Vengo a terminar lo que empecé’ hubo sitio para recorrer casi toda la historia del grupo en canciones que fueron coreadas a pleno pulmón por el público que completaba el aforo de la zona A más próxima al escenario. La inserción de temas nuevos entre los clásicos como fue el caso de ‘Por el camino que vamos’ entre ‘Cartas en la Manga’ y ‘La Noche que la luna salió tarde’ da nuevas lecturas a la manera de notas en los márgenes, “Se bifurca mi destino, se oscurece el cielo, / mi futuro se entretiene para repostar./ Palos a los vivos, flores a los esqueletos, / nos pasamos media vida esperando”. 

Foto: María Ramos (c)

José Antonio García sigue siendo ese ‘frontman’ de palabras justas entre temas, dejando que las letras sean las que hablen. José Ignacio Lapido no toma la palabra, pero es el constructor de palabras. El arquitecto sobre el que se asienta la leyenda del grupo. García en el centro, los hermanos Lapido a las guitarras en los extremos del escenario, casi ocultos tras las torres de luces, Víctor construyendo la simetría con José Ignacio, para que, de forma natural,  la luz de los focos caiga en el resto de los componentes del grupo. Jacinto Ríos pone al bajo las poses más roqueras de un grupo que sigue vistiendo de negro sobre el escenario. Sólo destacan la camisa hawaiana de José Antonio y el cinturón rojo intenso que acompañan las clásicas botas de cowboy. Todo sigue igual. Todo sigue igual de bien sobre el escenario. 091 sigue siendo un grupo de directos, con un buen directo. 

Se despiden del público y abandonan el escenario, para reaparecer recuperando la versión acústica ‘El fantasma de la soledad’, de disco ‘Tormentas Imaginarias’ (1993), que según nos comentó Manolo Nicasio, seguidor fiel de la banda, no tocaban en directo desde aquella gira, para después lanzarse a una imponente versión de ‘Cómo acaban los sueños’ que «sonó más eléctrico que nunca». Bloque de primeros bises que completaron con ‘Esta noche’ y la mítica ‘¿Qué fue del siglo XX?’ que el público corea con más rabia que nunca. Segunda tanda de bises que arranca con ‘Otros como yo’, verdadero himno identificativo entre los “cerofans”: “Sospechaba / Que el tren que yo esperaba / Iba lleno de otros como yo”. Muchos otros con los que volver a identificarse tanto tiempo después. Obviamente, el concierto finalizó con la canción que debía finalizar, esperada no sólo por la zona A, sino por todo el público del recinto, incluidos aquellos a los que los Cero en su tiempo solo fueron tangenciales. 

Al finalizar el concierto, el quinteto granadino hizo paseillo de estrellas del rock con fans, firmas y seguridad incluida hasta alcanzar la salida del recinto. Hacía tiempo que no se veía un concierto con tantas camisetas del grupo, tanta gente comprando en el puesto del merchandising, camisetas, chapas, vinilos, fotografías y todo un arsenal para mitómanos de estas bandas que, a pesar del tiempo, sigue siendo algo más que un grupo de rock, quizá una forma de entender el mundo, como dicen en una de sus canciones más recientes “me dieron en la cabeza con la piedra filosofal”. 

La Liebre siempre en el recuerdo. 

Testo: José An. Montero y fotos de María Ramos para La Circular.

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