Trashumancias 2.5: proyectos de creación situada en la Serranía de Cuenca

Por La Circular

La localidad de Tragacete, en la Serranía de Cuenca, acogió en junio de 2025 la clausura de Trashumancias 2.5, un programa de residencias creativas y pedagógicas que durante quince semanas conectó a 24 jóvenes artistas con el territorio y sus comunidades. Organizado por la Fundación Los Maestros en colaboración con la Cátedra UCLM–Diputación de Cuenca de Oportunidades para el Reto Demográfico, el proyecto contó con la dirección artística de José An. Montero y la dirección técnica de José María Martínez Navarro. La muestra final, comisariada por Laia Skovsted y Miki Delgado, relevó a Cristina Domínguez —comisaria en la edición anterior—, quien permaneció vinculada como asesora artística. La producción estuvo a cargo de Olga Megina y el equipo de la Fundación Los Maestros (Sonia, Nerea, Nuria, Byron, Nacho, entre otros), cuya implicación resultó esencial para fortalecer el vínculo entre los estudiantes y la comunidad de Tragacete.

Los 16 proyectos desarrollados durante la residencia constituyen un mosaico de miradas, disciplinas y lenguajes que convergen en una idea común: el territorio como archivo vivo y espacio de creación situada. A través de prácticas artísticas, investigativas y pedagógicas, las y los estudiantes se adentraron en la Serranía de Cuenca para escuchar, caminar, recolectar y dialogar con las memorias materiales e inmateriales del lugar.

Entre las propuestas, Cartografías de lo rural, de María Herreros De la Fuente, emerge como un gesto poético de ética del territorio. Restos de cerámica encontrados en campos y casas abandonadas se convierten en mapas sensibles que narran historias de lugares hoy deshabitados, donde cada fragmento habla de una vida cotidiana detenida en el tiempo. Un archivo material que cartografía ausencias y activa la memoria de los que habitaron estos paisajes. Mudanzas perdidas, de David García Martínez, aborda el acto de caminar como gesto político y ancestral, reuniendo esculturas y objetos encontrados que evocan los desplazamientos trashumantes. 

En un plano más íntimo, Laia Skovsted construye en Tus pétalos sobre mis manos una genealogía femenina del paisaje, entrelazando bordados con flores y plantas autóctonas. La pieza convierte el gesto textil en acto de cuidado y memoria, evocando historias de mujeres cuyas manos tejieron las tramas de la vida rural.

Desde un registro audiovisual, Alma Rosell en Hay un monstruo en Tragacete hibrida realidad y ficción para proponer un cuento visual en el que una criatura híbrida acecha las calles vacías del pueblo. La pieza cuestiona las fronteras entre lo humano, lo natural y lo tecnológico, y abre un espacio para imaginar nuevas formas de convivencia.. Desde un registro audiovisual, Alma Rosell en Hay un monstruo en Tragacete hibrida realidad y ficción para proponer un cuento visual en el que una criatura híbrida acecha las calles vacías del pueblo. La pieza cuestiona las fronteras entre lo humano, lo natural y lo tecnológico, y abre un espacio para imaginar nuevas formas de convivencia.

La instalación Memorias de José Fernando Algaba (Mati) resignifica objetos abandonados —puertas desvencijadas, utensilios rotos, maderas carcomidas— recogidos en expediciones casi arqueológicas por casas y campos del pueblo. Intervenidos con técnicas mixtas, estos elementos se transforman en portadores de relatos invisibles que invitan a detenerse y contemplar lo que queda de lo cotidiano olvidado. También en Fachadas expandidas, de Nuria Araque, que parte del frottage directo sobre las paredes del pueblo para plasmar en telas las texturas acumuladas por el tiempo.

El proyecto “Vellón Deslanado” de Miki Delgado es una reflexión poética y crítica sobre la memoria rural y la sostenibilidad. A través de esculturas de ovejas construidas con acero, huesos y fibras de lana deshilachada, Delgado aborda la paradoja de un material antaño valioso que hoy es tratado como residuo. En exposición se presentaron Casilda y Carmen, las dos primeras figuras de este “rebaño” escultórico, que simbolizan tanto la fuerza como la vulnerabilidad de la trashumancia y el mundo pastoril. Acompañadas de textos colaborativos y sonidos que evocan susurros, estas obras invitan al espectador a reflexionar sobre la desvalorización de la lana y la desaparición de la ganadería extensiva. En palabras del propio artista, es un “ejército de sombras blancas” que reclama un futuro donde lo auténtico, lo artesanal y lo sostenible vuelvan a ocupar el lugar que merecen.

En Quienes cuidan la hierba, cuidan el cielo, Gloria Nieto explora la relación entre pastoreo tradicional y biodiversidad. A través de cianotipias colgantes de aves y plantas locales, junto a montículos de lana afieltrada que evocan la presencia del rebaño, la instalación subraya cómo los saberes rurales sostienen los ecosistemas. Una obra que invita a contemplar el paisaje y reflexionar sobre prácticas sostenibles en el medio rural.

Ivette Vélez crea, en Las plantas también recuerdan, un herbario expandido que cruza etnobotánica y afectividad. Caminatas de recolección, relatos compartidos y la técnica fotográfica de clorotipia (impresión sobre hojas) revelan retratos de mujeres del pueblo como impresiones vegetales, un archivo sensible donde lo humano y lo vegetal dialogan.

Otros proyectos exploran formatos y sensibilidades diversos: Tragacete Resuena, de Paz García Blanes, construye una radio comunitaria junto a vecinos de todas las edades; Juego de los Posibles, de Javier Soligó y Melisa Vezhdieva, propone un tablero participativo para imaginar futuros colectivos y cuestionar dinámicas de poder en el medio rural. Desde el juego, la obra invita a pensar alternativas desde la escucha mutua y el diálogo horizontal; y el fotolibro de María Brito activa la memoria gastronómica documentando recetas trashumantes como acto de justicia epistémica.

La Ali, con la colaboración de Nuria Araque, despliega en Abrazos húmedos una poética del gesto y la escucha. A través de caminatas y bordados, la artista traza una cartografía afectiva del territorio, generando un vídeo instalativo donde las imágenes en movimiento funcionan como hilos entrelazando lo visible y lo latente.. En Tender al suelo, de Melisa Vezhdieva Gyultenova propone un acercamiento íntimo a la relación entre los cuerpos y la tierra. El proyecto, presentado como diario visual y sonoro, recoge las voces de las vecinas de Tragacete sobre el cuidado de las tierras, haciendo del suelo un archivo de memorias en constante transformación.

La muestra también incluye dos piezas audiovisuales: el minidocumental “Tomás. Un retrato de la vida trashumante en extinción”, dirigido por Jhonson Ogando, que acompaña a Tomás Torralba —uno de los últimos pastores trashumantes de la zona— en su jornada cotidiana, y el cortometraje “Una cinta colorá”, de Toni Villegas. Este último, concebido como un ejercicio de docuficción, surge de un proceso de escucha activa con vecinas de Tragacete, especialmente Juli y Guadalupe, y reconstruye la historia de amor y fuga del cura Juan Francisco y su amante Paquita, un episodio que desafió las normas sociales del pueblo hace más de medio siglo.

En su conjunto, estas propuestas conforman un archivo colectivo y afectivo de la Serranía de Cuenca, activado desde la creación contemporánea como herramienta de diálogo y transformación.

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