
Durante tres meses y medio, la provincia de Cuenca ha sido escenario de un recorrido que ha conectado a un centenar de estudiantes universitarios con la realidad de sus pueblos, los saberes locales y las prácticas situadas de la creatividad contemporánea.
La localidad de Tragacete acogió la clausura de Trashumancias 2.5, un innovador programa de formación creativa, cultural e investigadora que, durante quince semanas, ha tejido un diálogo vivo entre arte, territorio y comunidad. Cada proyecto refleja un compromiso con el entorno, una escucha atenta a sus voces y el deseo de imaginar futuros donde arte, memoria y sostenibilidad se entrelazan. En conjunto, forman un archivo colectivo y afectivo de la Serranía de Cuenca, activado desde la creación contemporánea como herramienta de diálogo y transformación.
Con la inauguración de la exposición colectiva de 17 proyectos desarrollados por estudiantes de Bellas Artes, Comunicación Audiovisual, Periodismo y Educación, Trashumancias 2.5 se puso el broche a un proceso que ha recorrido diversas localidades de la provincia —Tragacete, Las Majadas, Enguídanos, Almonacid del Marquesado y Vega del Codorno— articulando cultura, pedagogía e innovación territorial.

Una jornada organizada por la Fundación Los Maestros, en colaboración con la Cátedra UCLM–Diputación de Cuenca de Oportunidades para el Reto Demográfico —codirigida por Carmen Vázquez y César Sánchez Meléndez— Trashumancias 2.5 ha contado con la dirección artística de José An. Montero y la dirección técnica de José María Martínez Navarro, consolidándose como un dispositivo cultural que trasciende la intervención artística para convertirse en experiencia de arraigo, escucha y creación situada.
El proyecto inició su fase formativa a finales de marzo, con seminarios y encuentros en distintas localidades rurales, y culminó en una residencia creativa de dos semanas en Tragacete a principios de junio, tras un proceso de acompañamiento y mentoría técnica, diecisiete estudiantes universitarios fueron seleccionados para desarrollar sus proyectos en la residencia universitaria.
La residencia se configuró como un espacio de convivencia intergeneracional en el que los estudiantes no solo trabajaron en sus propuestas, sino que también compartieron tiempo, saberes y afectos con la población local. “Este proyecto es mucho más que arte contemporáneo. Es comunidad, es memoria, es futuro”, afirmó emocionado José Miguel Rodríguez, presidente de la Fundación Los Maestros, en el acto inaugural.
La codirectora de la Cátedra, Carmen Vázquez, quiso agradecer la acogida de los vecinos de Tragacete: “Han abierto sus casas y sus historias a estos jóvenes, permitiendo que el territorio se convierta en un aula viva y que la cultura vuelva a ser un lugar de encuentro”.

Bajo la dirección José An. Montero y comisariada por Miki Delgado y Laia Skovsted, la exposición se presentó en la sede de la Fundación Los Maestros, transformando sus espacios en un recorrido vivo por la memoria y las historias del territorio. A lo largo de la tarde, más de tres centenares de vecinas y vecinos de Tragacete se reencontraron con los estudiantes y creadores con quienes habían compartido conversaciones, caminatas, tareas y afectos durante los meses previos. Este reencuentro fue un espacio de reconocimiento mutuo, donde arte y comunidad se entrelazaron de forma palpable.
En muchas de las salas se vivieron momentos de emoción al ver reflejados en las piezas a familiares, vecinos o recuerdos compartidos. Las historias contadas semanas atrás en los bancos, los huertos o la plaza reaparecían transformadas en instalaciones, fotografías, esculturas o vídeos. Algunos asistentes se reconocieron en la textura de un bordado, en la voz de una grabación, en un objeto recuperado o en los paisajes que ahora cobraban nuevos significados. Otros descubrieron cómo las anécdotas, saberes y gestos cotidianos que compartieron con los artistas habían inspirado obras capaces de devolverles una imagen artistica de su propio entorno.
En palabras de Delgado y Skovsted, la exposición “es un gesto colectivo de escucha y creación que devuelve al pueblo lo que el pueblo ha compartido: su memoria, su paisaje, su hospitalidad”. Esta devolución no fue sólo simbólica: se materializó en las conversaciones, las sonrisas y las lágrimas que surgieron al reconocer en las obras fragmentos de vidas y relatos que habían dejado de ser individuales para convertirse en patrimonio común.

Tras el recorrido se proyectó en los jardines el minidocumental realizado por Jhonson Ogando, titulado “Tomás. Un retrato de la vida trashumante en extinción”. El joven cineasta dominicano acompañó a Tomás Torralba en su jornada cotidiana de Tomás Torralba, pastor local y uno de los últimos trashumantes de la Serranía de Cuenca, registrando con belleza la fragilidad de un oficio en vías de desaparición. Imágenes de los paisajes recorridos a pie, los gestos pausados del trabajo con el ganado y la relación fraternal que Tomás mantiene con la tierra y los animales. Muchos aplausos, y más de una lágrima emocionada se dejó ver entre quienes se reconocían en las historias, memorias y saberes que su figura encarna.
Como colofón de la jornada y ya adentrada la noche, se estrenó el cortometraje “Una cinta colorá”, dirigido por Toni Villegas, joven cineasta castellanomanchego. Concebido como un ejercicio de docuficción, el proyecto nació de un proceso de investigación y escucha activa con vecinas de Tragacete, especialmente Juli y Guadalupe, que compartieron historias orales locales. La narrativa central reconstruye la fuga amorosa del cura Juan Francisco y su amante Paquita, un episodio que marcó al pueblo más de medio siglo atrás, desafiando las normas sociales de la época. Los cálidos aplausos finales fueron el inicio de muchas conversaciones posteriores sobre los recuerdos que evoca esta historia y sobre las anécdotas de quienes la vivieron en primera persona.

Proyectos: el territorio como archivo vivo
Los 16 proyectos desarrollados durante la residencia Trashumancias 2.5 constituyen un mosaico de miradas, disciplinas y lenguajes que convergen en una idea común: el territorio como archivo vivo y espacio de creación situada. A través de prácticas artísticas, investigativas y pedagógicas, las y los estudiantes se adentraron en la Serranía de Cuenca para escuchar, caminar, recolectar y dialogar con las memorias materiales e inmateriales del lugar.
Bajo la dirección artística de José An. Montero, la muestra fue comisariada por Laia Skovsted y Miki Delgado, relevando a Cristina Domínguez tras su trabajo en la edición de Astarté, aunque permaneció vinculada al proyecto como asesora artística. La producción estuvo a cargo de Olga Megina, con el apoyo del equipo humano de la Fundación Los Maestros —Sonia, Nerea, Nuria, Byron, Nacho, entre otros—, cuya implicación resultó clave para fortalecer el vínculo entre los estudiantes y la comunidad de Tragacete.
Entre las propuestas, Cartografías de lo rural, de María Herreros De la Fuente, convierte restos de cerámica en mapas sensibles que narran historias de lugares deshabitados, activando la memoria de lo cotidiano. Mudanzas perdidas, de David García Martínez, aborda el caminar como gesto político y ancestral, con esculturas que evocan la trashumancia.

En un plano íntimo, Tus pétalos sobre mis manos de Laia Skovsted entrelaza bordados y flores autóctonas para tejer una genealogía femenina del paisaje. Gloria Nieto, en Quienes cuidan la hierba, cuidan el cielo, explora la relación entre pastoreo tradicional y biodiversidad mediante cianotipias de aves y plantas locales, y esculturas textiles que evocan la presencia de los rebaños.
Vellón Deslanado, de Miki Delgado, presenta esculturas de ovejas hechas con acero, huesos y lana deshilachada que denuncian la desvalorización de la lana y homenajean la trashumancia; entre ellas destacan Casilda y Carmen, las dos primeras figuras de este rebaño escultórico que evocan la memoria rural y la fragilidad de los saberes tradicionales.
También desde lo material, Memorias de José Fernando Algaba (Mati) rescata objetos abandonados para transformarlos en relatos invisibles, mientras Fachadas expandidas, de Nuria Araque, imprime en tela las texturas del pueblo mediante frottage. Ivette Vélez en Las plantas también recuerdan crea un herbario afectivo donde retratos de mujeres locales emergen en hojas gracias a la clorotipia, cruzando etnobotánica y memoria.
Otros trabajos amplían formatos: Tragacete Resuena de Paz García Blanes levanta una radio comunitaria; Juego de los Posibles, de Javier Soligó y Melisa Vezhdieva, propone un tablero participativo para imaginar futuros rurales; y el fotolibro de María Brito recoge recetas trashumantes como justicia epistémica.
La Ali en Abrazos húmedos traza, con caminatas y bordados, una cartografía afectiva traducida en imágenes en movimiento, mientras Tender al suelo de Melisa Vezhdieva recoge voces locales sobre el cuidado de la tierra, convirtiendo el suelo en archivo de memorias en transformación. Hay un monstruo en Tragacete, de Alma Rosell, cierra el recorrido con un cuento visual que hibrida realidad y ficción, cuestionando las fronteras entre lo humano, lo natural y lo tecnológico.
Cada propuesta aporta una mirada única sobre el territorio, fruto de la escucha y el diálogo con sus habitantes, y expresa el deseo de construir futuros en los que arte, memoria y sostenibilidad convivan de forma orgánica. En conjunto, dan forma a un archivo vivo y afectivo de la Serranía de Cuenca, donde la creación contemporánea se convierte en vehículo de encuentro y transformación social.

La residencia creativa no habría sido posible sin la generosidad de los vecinos y vecinas de Tragacete, que abrieron sus casas, sus huertos y sus memorias a los jóvenes artistas. Personas como Tomás Torralba —el pastor sobre el que gira el documental de Jhonson—, Vicente, Magdalena, Antonio, Chus, Juli y Guadalupe compartieron relatos, saberes y tiempo, convirtiéndose en cómplices y anfitriones de muchas de las propuestas. Marcela, Isabel y nuevamente Magdalena ayudaron a Gloria en la elaboración de las bolas de lana que forman parte de su instalación, mientras que Guadalupe y Sole acompañaron a Melisa y Javier en la creación de su proyecto participativo. Apolonio y Granada, Alfonso, Rocío, Jerónimo, Fernando y Javier, junto con el cura José Antonio Campanero, también estuvieron presentes a lo largo del proceso, ofreciendo hospitalidad y compromiso. Todos ellos, junto con muchos otros vecinos y vecinas de Tragacete, hicieron que el territorio se transformara en un aula viva, donde arte y vida cotidiana se entrelazan en un diálogo continuo. Su implicación demuestra que la comunidad es el verdadero motor de Trashumancias.

Trashumancia como metodología: caminar, escuchar, habitar
El programa Trashumancias —en su edición 2.5— se propone como una metáfora metodológica: una forma de moverse con el territorio, no sobre él. Durante estos cuatro meses de actividad se han celebrado 25 conferencias y mesas redondas, 6 mentorías técnicas y 4 actuaciones culturales, con un centenar de estudiantes universitarios participando en las fases formativa y creativa.
Las sesiones formativas han reunido a voces procedentes de ámbitos tan diversos como las artes, las ciencias sociales, la educación, la agroecología y la antropología. A lo largo de este recorrido se ha reflexionado sobre el papel de la creación contemporánea como herramienta para la transformación social y comunitaria, explorando cómo el arte puede actuar como catalizador de nuevas formas de diálogo y pertenencia en el medio rural.
Desde una perspectiva medioambiental y agroecológica, se abordaron las prácticas culturales vinculadas al territorio, la sostenibilidad y los modos de vida campesinos, invitando a pensar en estrategias para preservar los ecosistemas locales y revalorizar saberes tradicionales frente a los retos del cambio climático y el despoblamiento.

El programa también dio espacio a un análisis crítico de las dinámicas rurales actuales y el papel del conocimiento local en la construcción de futuros sostenibles. Se debatió sobre las tensiones entre memoria y modernidad, así como sobre el equilibrio necesario entre innovación tecnológica y respeto por los ciclos naturales y sociales que configuran el paisaje rural.
A estas perspectivas se sumaron las voces de profesionales del medio rural, quienes compartieron sus experiencias directas en la agricultura, la ganadería y la gestión de los recursos naturales. Su testimonio aportó una dimensión humana y práctica, subrayando la importancia de los oficios tradicionales como patrimonio vivo y su potencial para generar resiliencia comunitaria.
La participación de especialistas internacionales enriqueció el diálogo con visiones globales sobre la gestión de paisajes, la gobernanza de los recursos y los modelos de desarrollo territorial, proponiendo un marco de reflexión que conecta lo local con lo planetario.
En conjunto, las conferencias se convirtieron en un espacio de encuentro interdisciplinar donde convergieron saberes académicos, artísticos y populares para abordar los desafíos del mundo rural desde múltiples dimensiones: culturales, sociales, económicas y ecológicas.
En palabras de Carmen Vázquez Varela, codirectora de la Cátedra, “Trashumancias no busca respuestas únicas, sino abrir procesos sostenidos donde la juventud pueda imaginar su lugar en el mundo rural”. La iniciativa se enmarca en la estrategia de laboratorios ciudadanos de la Cátedra, con el objetivo de activar capital social y redes de confianza en territorios afectados por la despoblación.
Trashumancias 2.5 ha sido impulsado por la Cátedra Diputación de Cuenca-UCLM de Oportunidades para el Reto Demográfico y la Fundación Los Maestros, con la colaboración de entidades como Inland Campo Adentro, AVAN_espais rurals de recerca contemporània, Ayuntamiento de Tragacete, La Circular y especialmente los ayuntamientos de las localidades participantes.