Teresa López Franco: la filosofía entra en prisión

Las puertas de las cárceles andan convertidas en pasarela de “dones”, que rememorando los años veinte del siglo pasado, desfilan por sus patios con sus guantes blancos. “En las prisiones hay una determinada manera de entender al ser humano, de entender lo que es el mal y por qué la gente hace cosas que no debería hacer”, explica Teresa López, doctoranda de Filosofía en la UAM y miembro del Grupo de Investigación de Humanidades Ecológicas. 

La prisión física, paradójicamente, intensifica la reflexión sobre la libertad. La experiencia del confinamiento ha sido, una y otra vez, motor de creación y de pensamiento sobre la autenticidad y la deshumanización. La cárcel funciona como esa fábrica de relatos de la que hablaba Piglia, donde “todos cuentan, una y otra vez, las mismas historias. Lo que han hecho antes, pero sobre todo lo que van a hacer. Se escuchan unos a otros, compasivamente. Lo que importa es narrar, no importa si la historia no le interesa a nadie”. La cárcel aparece como un lugar inesperadamente fértil para la creación y el pensamiento. Teresa López, cree que la filosofía puede ayudar a desentrañar esos relatos y categorías que operan allí dentro.

Teresa López cuyos trabajos giran en torno a la cuestión del castigo y el derecho penal en el marco de las teorías de la democracia, porque cree que “el caso concreto de las prisiones enseña muy bien que nuestras formas jurídicas en general tienen una fecha de nacimiento y eso nos permite pensar que hay otras formas posibles de gestionar la vida en común”. 

“De entrada, no diríamos que hay filosofía en las prisiones”, explica. “Pero en llas hay una determinada manera de entender al ser humano, de entender lo que es el mal y por qué la gente hace cosas que no debería hacer. Hay una serie de discursos que la filosofía está muy habilitada para identificar y ver cuáles son los relatos y las categorías que están operando ahí. Creo que esos reportajes sobre entrar en prisión, mostrar cómo es la vida y cómo se entienden a sí mismos los presos, son un aporte muy interesante para los filósofos, aunque menos clásico”. 

Teresa participa esta tarde en el seminario Sagita Magma trasladado al antiguo alfar de Pedro Mercedes. Sentada en un sofá de colores, detrás la antigua chimenea del salón del genial alfarero, testigo de muchas historias que después se plasmaron en sus cacharros. Fuera se ve el río Júcar y sobre nuestras cabezas crece el barrio de San Antón. En un rato comenzará la sesión que girará en torno a la pregunta “¿Quién contará nuestra historia? Identidad, memoria y márgenes del olvido” en la que participará junto con otras dos pensadoras Irene Ortiz Gala, y Alba González Medina.

“La prisión se piensa muchas veces como una institución que no tiene historia, como si fuese algo consustancial a la sociedad”, explica. “Pero el nacimiento de la prisión está muy vinculado al desarrollo del capitalismo y a las nuevas ideas a partir de la Revolución Industrial. Antes la encarcelación no se pensaba como un castigo en sí mismo, sino como una medida anterior, una medida cautelar simplemente para tener recluida a la persona y después poder castigarla. A partir del siglo XVIII y XIX, con las nuevas ideas ilustradas pero también con el auge del capitalismo, se empieza a concebir como un castigo en sí mismo.”

“Personalmente creo que podemos encontrar otras formas de dar respuesta al delito o al mal que sucede en la sociedad que no pasen por una respuesta tan violenta. Y eso sin dejar de abordar el mal que sucede, pero de otras formas”, reflexiona, “ porque existen propuestas de justicia restaurativa o de mediación que tienen más que ver con hacer que la gente se encuentre, generar diálogos para ver qué es lo que ha sucedido, por qué una persona ha actuado como lo ha hecho. Más que enfocarse en el castigo, en generar dolor a esta persona, buscan formas de reparación”. 

Para Teresa López, la filosofía puede ayudar a estudiar estos modelos “desde un punto de vista más abstracto y más distanciado que el derecho más clásico, para evaluar cuáles son los bienes que pueden salir de este tipo de experiencias. La filosofía es una herramienta muy útil para poder aproximarnos a mundos muy distintos (…) Hay una serie de discursos que la filosofía está muy habilitada para identificar y ver cuáles son los relatos y las categorías que están operando.”

Además, considera que “la filosofía es un poco camaleónica” y puede aportar “algo a gente que está pasando por experiencias muy difíciles. Un poco de reflexión puede ser incluso divertida, puede dar un momento de alivio, una vía de escape. Y puede dar herramientas que quizá puedan ser útiles para estas personas”, por eso tienen intención de poner en marcha un proyecto “con unos compañeros para proponer talleres de filosofía en distintas prisiones de Madrid. Creo que la filosofía tiene mucho que aportar porque muchas veces nos suena a algo muy abstracto, muy separado de la vida cotidiana, pero hay una parte importante que puede ayudar a reflexionar sobre cosas del día a día: la experiencia de la amistad, del amor, del odio”.

Teresa López considera que la filosofía tiene mucho que aportar en un mundo se ancla demasiado en discursos abstractos, por lo que “sería bueno que estuviésemos un poco más para reflexionar sobre si la forma en la que nos organizamos tiene sentido”.

Pasar de lo abstracto a las personas, a sus historias individuales, porque “cuando hablamos de política y de injusticia nos anclamos demasiado en discursos abstractos. Son importantes, pero podemos olvidarnos de que lo que se está jugando son vidas reales, personas concretas con sus nombres y apellidos. Son quienes sufren estas injusticias y a quienes tenemos que atender. Atender a esas historias individuales tiene muchísimo sentido. Creo que es importantísimo que las instituciones atiendan a estas historias, para no olvidarnos de que lo que manejan en su día a día tiene un impacto real sobre personas reales”.

Por ello, considera que “promover más cultura literaria es importante para atender a esos relatos de historia vital. La literatura no es solo entretenimiento: nos hace más sensibles a esas historias de vida. La filosofía a lo mejor no sirve para acercarnos directamente, pero sí para mostrarnos lo importante que es atenderlas”.

La entrevista con Teresa López Franco se realizó poco antes de su participación en la 11.ª sesión de Sagita Magma. Seminario-Dopamina. Estética Política y Ontología de la Comunicación, celebrada el 3 de diciembre de 2025 en el Centro Cultural Alfarería Pedro Mercedes. La sesión, titulada ¿Quién contará nuestra historia? Identidad, memoria y márgenes del olvido, fue un encuentro en el que participó junto a Irene Ortiz y Alba González. Este ciclo está coordinado por Ignacio Escutia, Andrés M. García Romero, Laura Budia Piña y Marina Álvarez, y se desarrolla con la colaboración de la Facultad de Bellas Artes, la Facultad de Comunicación y la Facultad de Educación y Humanidades, así como de Lamosa Lab, en el marco de Sagita Magma + Xtra-Poetry. El seminario se prolonga hasta mediados de diciembre, con un total de trece encuentros que entrelazan filosofía, arte y pensamiento crítico.

Texto de Laura Marín y José An. Montero con fotografías de Adrián de la Dueña y vídeo de Yaiza Aguado

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