PODCAST 102 | Juanjo Pulido de SOPA comunidad

Por Ángela Brun

Conversamos con Juanjo Pulido, cogestor y promotor junto con Sabah Walid, del Congreso Internacional de Socialización del Patrimonio en el Medio Rural que tiene previsto celebrar este año su décima edición. En esta conversación con Juanjo Pulido, participan Ángela Brun y José An. Montero, acompañados de la música de Zas Candil Folk. 

Desde tiempos inmemoriales los caminos fueron recorridos por gentes itinerantes, que iban sembrando allá donde llegaban nuevas formas de pensamiento y nuevas estrategias de supervivencia. Gentes acostumbradas a compartir, a intercambiar y a celebrar cada nuevo día. En este camino abierto a nuevas vías de gestión de los bienes comunes desde lo rural cristalizada en el SOPA, el Congreso Internacional de Socialización del Patrimonio del Medio Rural, que tuvo su edición inaugural en Malpartida de Cáceres y que este año celebrará su décima edición en Argentina, habiendo pasado ya por Celanova (Galicia), Benito Juárez (Argentina), Zalamea de la Serena, Mérida-Canicab (México), Olmué (Chile), Usme-Vereda de San Jorge (Colombia) y Fundão (Portugal). 

Impulsando esta iniciativa de unión de proyectos y colectivos que trabajan sobre el patrimonio rural y su interrelación con las comunidades se encuentra el colectivo Underground: Arqueología, Patrimonio y Gente, formado por la historiadora Sabah Walid y el arqueólogo Juanjo Pulido, ambos mediadores culturales y también editores de la Descommunal, revista iberoamericana del patrimonio y comunidad. “La comunidad SOPA surge en 2013 por la necesidad de socialización del Patrimonio del Medio Rural. Nosotros queríamos visibilizar esos trabajos que se hacen desde la comunidad, buscando un punto de encuentro entre colectivos, asociaciones e incluso instituciones o las propias universidades”, explica Juanjo Pulido. 

En el medio rural, el trabajo en comunidad es algo consustancial a su propia esencia. “Lo que nosotros queremos es que esos procesos se extiendan también con esos otros nuevos patrimonios que han ido surgiendo a lo largo del tiempo y que ahora, por distintos motivos, no se consideran como tales”, continúa explicando Juanjo, porque “cuando hablamos de declaraciones de bienes de interés cultural, reservas de la biosfera y, sobre todo, de procesos de desarrollo turístico impulsados por las administraciones públicas siempre se insiste en los mismos espacios y el mismo patrimonio. Muchos pueblos se quedan fuera de estos parámetros porque nadie desde arriba le da importancia”, algo que según el propio mediador cultural, termina por calar en la propia población rural que, cuando comienzan con un proyecto, suelen extrañarse de que su pueblo sea el espacio elegido para desarrollar sus iniciativas. 

Un medio rural cada vez más despoblado que se enfrenta también al reto de convivir con nuevas gentes que desean instalarse en ellos, un proceso que ha hecho crecer el temor en mucho pueblos a perder su identidad, por lo que uno de focos sobre los que inciden es en tratar de que “esas memorias de la gente que viene al rural, se sumen con las antiguas, para generar cosas nuevas, creando un rural más dinámico y más actual, pero conservando al mismo tiempo las raíces de cada lugar”.

No tardaron mucho en descubrir cómo las dinámicas cuantitativas dominantes en el medio urbano, tenían consecuencias dramáticas para el medio rural. “En uno de nuestros primeros proyectos, denominado Cinetítere,” un cine itinerante por la recuperación social del patrimonio en el medio rural, “dependiendo de las localidades el número de asistentes era más o menos variable, pero un día en un pueblo cercano a Ciudad Rodrigo acudió sólo una persona. Una mujer bastante mayor que me contó que el año anterior se había apuntado a un curso para aprender a leer y escribir, porque le hacía mucha ilusión aprender, pero que lo habían suspendido porque el mínimo eran seis personas y sólo se habían apuntado cinco, con lo cual se quedó sin poder aprender a leer y escribir. Desde entonces, siempre hemos tenido el lema de que hay que trabajar por la gente sin depender el número de personas que participen”. 

Autores de varias guías sobre “Arqueología  y Procomún” o sobre “Cómo hacer patrimonio comunes en lo rural”, esta última editada por el Ministerio de Educación  y Formación Profesional, están acostumbrados a tejer alianzas con agentes culturales del territorio para poder sacar adelante sus proyectos. “Nuestro propio carácter de nómadas y las diez ediciones del Congreso SOPA han propiciado que hayamos creado una red de contactos bastante grande” y que colaboren con diversos proyectos y colectivos como Culturarios de El Cubo Verde, MASAV, FECYT, el Instituto de Arqueología de Mérida, la Colectiva Errante, así como con numerosos museos, ayuntamientos y universidades de la Península Ibérica y de América del Sur.

“Queremos sacudir un poco cómo se ve la cultura en el medio rural y sacar nuevas ideas para que la gente las aproveche. En los pueblos, las inversiones culturales se han centrado en la cultura que viene desde arriba, llevando el teatro o los artistas a los pueblos, pero no creando proyectos que impliquen a la población”. Precisamente en este momento se encuentran trabajando en un proyecto relacionado con el hallazgo de una hecatombe de caballos sacrificados en Casas del Turuñuelo de Guareña (Badajoz). “Con el proyecto Tarteso en Comunidad, estamos colaborando con la gente joven de los institutos. Queremos que sean los que lideren los procesos participativos con el resto del pueblo”. 

Esta entrevista de Ángela Brun y José An. Montero también se publicó en Nueva Tribuna (Público)

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