Mis sueños son sencillos…

Por Laura Sanz Corada

Mis sueños son sencillos. O eso creo. Este año llega la 31ª edición de ARCA: la primera a la que asistirá mi hija, de apenas año y medio, y la última bajo la dirección de Jorge Sanz, mi padre, ideador de este festival mágico en Aguilar de Campoo desde sus inicios.

Digo que mis sueños son sencillos porque me doy cuenta de que lo son cuando, de pronto, se cumplen. Casi no los imaginé antes, pero cuando suceden es cuando entiendo su brillo. ¿Cómo podría haber previsto que la primera edición de mi hija como espectadora y la última de mi padre como director coincidirían?

Este cruce de tiempos me fascina. Me confirma que ARCA está hecho de pedacitos de materia sensible: gente que se sienta en corro para mirar cómo un clown levanta una ceja o para ver, asombrada, cómo un acróbata vuela dos segundos más de lo previsto. Gestos mínimos que, sin embargo, hacen girar el mundo un poco más despacio.

Remedios Zafra escribe que ningún pensamiento resiste sin tiempo y sin pozo. Desde que tengo conciencia de mi padre como trabajador de la cultura, lo sé bien: la permanencia de ARCA no es fruto de la magia, sino del empeño y del compromiso con lo común. La cultura sobrevive cuando le damos tiempo para madurar y un espacio profundo donde desarrollarse y arraigar.

Mis sueños son sencillos: que el tiempo siga haciendo estos trucos, que junto a la cultura teja puentes insólitos entre generaciones y que, en uno de esos puentes, un abuelo y una nieta puedan encontrarse en la raíz misma del asombro.

Texto: Laura Sanz Corada. Imagen: Oliver Hamer

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