Marta Garrido, el alma de Mohbu

Por Ángela Velert & Elena Satue

Conversamos con la periodista y emprendedora Marta Garrido, creadora de Mobhu, “Madera certificada, trabajo con sentido y sostenibilidad ambiental, social y económica” como define al proyecto que la ha trasladado de Barcelona a Cuenca.  

Marta Garrido estudió periodismo en Barcelona y comenzó a trabajar en una empresa inmobiliaria para pagar el Máster en Relaciones Internacionales. Como ocurre en tantas ocasiones, acabó quedándose diez años en esta empresa aprendiendo gestión empresarial y de equipos, toma de decisiones, hasta que hace algo más de un año decidió dar un cambio de rumbo a su vida y sumarse al proyecto UFIL, donde se ha convertido en emprendedora en el mundo de la madera. 

“La madera es mi pasión, pero no soy ni bióloga ni ingeniera forestal, ni tengo experiencia previa en el sector de la madera, pero llevaba un tiempo pensando en iniciar una nueva trayectoria profesional en este ámbito que me parece que ofrecerá grandes oportunidades en el futuro”, explica Marta. “Además, mi hermano es una persona con discapacidad, pensé que sería interesante buscarle un sentido social a mi iniciativa empresarial y que estuviera relaciona con ofrecer oportunidades de trabajo a este colectivo de personas”.

En la ciudad de Cuenca existen actualmente dos talleres de madera que trabajan en colaboración con asociaciones de personas con capacidades especiales. Cuentan con todo lo necesario para poder llevar a cabo sus funciones, lo que no tienen es trabajo. La propuesta consiste en que Mobhu haga de comercializadora para que estos talleres puedan recibir trabajo. 

Cuenta Marta que se inspira en una empresa catalana en cuanto al modelo de empresa social que “genera a los que trabajan un montón de beneficios emocionales y además un valor añadido al utilizar sólo madera certificada de estos bosques que se gestionan responsablemente”. 

La idea de Mobhu es crear mobiliario, en un principio centrado en las oficinas y la hosteleria, para entidades medianas y grandes; aunque también empresas familiares, que puedan tener vinculación o sensibilidad con lo que es la zona, el producto y el valor añadido y luego irá ampliando horizontes. 

“A largo plazo me encantaría crear un taller en las zonas rurales de aquí de Cuenca, para llevar esa oportunidad a otras zonas, pero también me parecería desaprovechar recursos tener dos talleres que no están funcionando y no trabajar con ellos” asegura la creadora. 

Por el momento, la empresa empezará su andadura con la comercialización de cinco productos básicos, muy minimalistas, que respetan el color y carácter natural de la madera. A partir de ahí y según su funcionamiento, se empezará a plantear la capacidad de personalización del producto para los clientes. 

Se plantea además llevar a cabo sinergias con otras empresas, por ejemplo, los hoteles rurales. Todos los productos tendrán su historia y signo identitario y diferenciador y contarán con la posibilidad de ser comprados in situ, porque el objetivo es conseguir confianza mutua y así poder divulgar y avanzar juntos en una misma dirección.

Artículo de Ángela Velert y Elena Satué para La Circular en colaboración con Ojos del Júcar

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