Natalia Sánchez Hernández, estudiante de primer curso del Grado en Educación Infantil para la asignatura Conocimiento del Medio Social y Cultural, presentó Los sabores de Requena, una situación de aprendizaje dirigida al segundo ciclo de Educación Infantil (alumnado de tres a cuatro años). La propuesta tiene como finalidad acercar a los niños y niñas al patrimonio gastronómico y agrícola tradicional de su entorno cercano mediante una metodología activa y vivencial fundamentada en el aprendizaje por descubrimiento, la estimulación sensorial directa, la manipulación de alimentos y la implicación de las familias en la vida del aula. Diseñada para implementarse en cinco sesiones diarias durante la primera semana del mes de septiembre, en coincidencia con el inicio del curso escolar y la temporada de vendimia en el viñedo, la propuesta se vincula especialmente con la competencia específica 3 del área Descubrimiento y Exploración del Entorno, centrada en reconocer elementos y fenómenos de la naturaleza mostrando interés por hábitos sostenibles y apreciando el vínculo entre el entorno físico, el cuidado del medio y la vida de las personas.
El proyecto toma como eje patrimonial la cultura vitivinícola y las tradiciones culinarias de Requena, comarca de amplia tradición agraria donde la vid y la uva marcan el ritmo socioeconómico y festivo a finales del verano e inicios del otoño. La propuesta destaca los productos más arraigados de la mesa requenense, entre los que sobresalen el bollo típico —pan tradicional horneado con chacina o embutido— y los productos de la matanza artesanal, conectando estos saberes populares con el cultivo de la tierra y los paisajes rurales del municipio.
La secuencia didáctica comienza en la asamblea con la presentación de la uva Lola, una figura de apego y peluche que actúa como hilo conductor de todo el proyecto, y la narración del cuento ilustrado «Lola y los sabores de Requena». Durante el relato, la docente muestra imágenes de viñedos, cuévanos, bodegas, embutidos y cultivos, las cuales son exploradas y ubicadas por los escolares sobre un gran mural paisajístico del término municipal que permanece expuesto en la clase. La experiencia continúa con una salida didáctica a una viña cercana, donde los niños y niñas observan las cepas, perciben texturas y olores del campo y recolectan uvas en pequeños recipientes simulando el trabajo de los vendimiadores; tras regresar al centro, lavan el fruto, lo estrujan con las manos en recipientes y cuelan el líquido para elaborar su propio zumo natural.
En las sesiones siguientes, el aula se transforma en un taller de manipulación culinaria adaptada. En primer lugar, los escolares dialogan sobre la elaboración artesanal de la chacina y modelan piezas con masa blanda enrollada a mano, eligiendo alternativas de relleno como verduras, queso o pavo para garantizar la inclusión y atender a la diversidad del grupo. Al día siguiente, organizados en equipos de cuatro y con el apoyo de harina sobre la mesa, amasan individualmente porciones de masa de pan, les dan forma, incorporan los ingredientes preparados previamente y hornean sus propios bollos típicos de Requena. La situación de aprendizaje culmina con un almuerzo de convivencia abierto a las familias, donde el alumnado comparte y degusta los bollos recién horneados y el zumo de uva elaborado en clase, explicando a sus familiares el proceso seguido a lo largo de la semana antes de despedir al personaje de la uva Lola.
(*) Texto realizado con ayuda de IA a partir de la ficha de Situación de Aprendizaje de Natalia Sánchez Hernández.