
Seis años de la Colección Roberto Polo en Castilla-La Mancha han supuesto un esfuerzo de apertura cultural y de encuentro con el arte europeo moderno y contemporáneo, buscando el diálogo con la tradición abstracta que forma parte de la identidad conquense. En Cuenca, las obras encontraron un contexto donde convivir con la memoria de los edificios y con la vida cotidiana de la ciudad. La iglesia de Santa Cruz se convirtió en un hogar provisional configurado por una experiencia estética distinta a la del Museo de Arte Abstracto Español y la Fundación Antonio Pérez.

En sus salas se reunieron nombres decisivos para la historia de las vanguardias y para la transformación del arte en Europa. Pintura, escultura, fotografía y diseño mostraron cómo las artes se cruzan y se expanden más allá de los géneros y las disciplinas.
En Cuenca, la Colección Roberto Polo presentó nombres clave de la modernidad artística. Delacroix y Degas iniciaron el recorrido como precursores de una nueva sensibilidad, seguidos por Grimshaw y Rops, ligados al prerrafaelismo y el simbolismo. Las vanguardias se hicieron presentes con Moser, Hoffmann y van de Velde, referentes de la Secesión vienesa y el art nouveau; con van Doesburg y Rietveld, figuras de De Stijl; y con Itten, maestro de la Bauhaus. A ellos se sumó la innovación de Eileen Gray, pionera del diseño del siglo XX.

Estos artistas, decisivos para la modernidad europea pero poco presentes en la tradición cultural española, ofrecieron a Cuenca una apertura hacia genealogías artísticas inéditas en estas tierras. La falta de referencias previas y de un contexto compartido limitó su arraigo y dificultó que la ciudad los incorporara plenamente a su imaginario artístico, reduciendo también la posibilidad de un debate más amplio sobre lo que significaba sumar esas tradiciones al palimpsesto cultural de la ciudad.
Ese tiempo concluye sin que la colección llegara a enraizar en el territorio ni a ser plenamente asumida por la ciudad. La Colección Roberto Polo cierra así su etapa en Castilla-La Mancha y prepara un nuevo destino en Europa, donde quizá encuentre un marco más propicio para ser comprendida. Queda la memoria de un proyecto que buscó ampliar la posición de Cuenca en el mapa del arte contemporáneo, cuya huella solo podrá medirse con el paso del tiempo.