Europa en ocho estaciones sonoras bajo la luz de Torner

Por José An. Montero

La música en directo y, en general, cualquier representación cultural en vivo, se arraiga siempre en el presente y en el contexto que la rodea. “Ningún poeta ni artista tiene su sentido completo por sí solo”, reflexionó T. S. Eliot. Tampoco ningún espectador. El concierto a dos órganos enfrentados en la Catedral de Cuenca, Entre el Mediterráneo y el Norte de Europa, a cargo de Marta Misztal e Irene de Ruvo, brilló por su valor artístico propio, amplificado por el entorno y por las capas de significado, que lo convirtieron en una experiencia profunda.

Afuera la ciudad bullía con la celebración de la Cuenca Histórica. Bajo la fachada inacabada de la Catedral, Alfonso VIII acababa de tomar posesión de la ciudad conquistada, y la Plaza Mayor festejaba aquella victoria de hace nueve siglos con un mercado y unas calles transformadas en escenario de un medievo indeterminado.

Este año la celebración coincidió con la Noche del Patrimonio, en una conjunción cultural que desbordó las plazas del Casco Antiguo de música y abrió los museos en medio de la algarabía festiva de la Cuenca Histórica. Es maravilloso ver la ciudad antigua plenamente integrada en la vida ciudadana.

Un bullicio festivo que traspasaba los muros de la Catedral entre pieza y pieza, rebajando la solemnidad al concierto y formando parte de la partitura, sumándose activamente a la conversación entre los dos órganos. El programa trataba de diálogo, de territorios y de tiempos, sostenido en la música.

El programa fue un viaje por Europa en ocho estaciones temporales y geográficas. Marta Misztal Bloch, organista titular de San Antonio de los Alemanes en Madrid, e Irene de Ruvo, profesora en el Conservatorio Giuseppe Martucci de Salerno y formada en repertorio barroco en Basilea, trazaron un mapa sonoro que unió Venecia con Varsovia, Ámsterdam con El Escorial. Bossi, Haendel, Soler o Correa de Arauxo dieron forma a un relato que se movía del órgano solitario al dúo, del rigor modal a la vitalidad operística.

El viaje se abrió en el siglo XX con Marco Enrico Bossi y continuó por el Barroco atlántico de Haendel, el humanismo veneciano de Giovanni Gabrieli, la tradición ibérica de Correa y Soler y el teatro italiano de Giovanni Morandi. Una verdadera celebración de la cultura europea, desplegada bajo las vidrieras de Gustavo Torner, impulsor de la apertura de este templo a la cultura contemporánea y cuya huella sigue guiando gran parte de la vida cultural de esta ciudad, como es el caso de este emblemático ciclo dirigido por Miguel Ángel Albares.

El repertorio contenía varias cargas de profundidad que dejaron momentos de gran intensidad emocional. Uno de ellos llegó cuando la organista polaca Marta Misztal abordó un fragmento de la Tablatura de Varsovia (segunda mitad del siglo XVII), una partitura cuyo original desapareció en la devastación de la Segunda Guerra Mundial y que solo sobrevivió en parte gracias a la copia manuscrita realizada en 1924 por el musicólogo Adolf Chybiński. La memoria herida de Europa que revive estos días en la frontera Este de Europa con la Guerra de Ucrania y el ataque de drones rusos a territorio polaco. Tambores de guerra sobre las delicadas melodías de la Tablatura de Varsovia.

En el cierre del programa oficial del concierto, una pieza para la memoria del ciclo Música en la Catedral, la Sinfonía Marziale a 4 mani de Giovanni Morandi, interpretada en el órgano de la Epístola. Un tour de force de manos y registros que terminó con sonrisas cómplices entre Irene de Ruvo y Marta Misztal, con la energía escénica propia del estilo italiano. Memorable. Memorable.

Como colofón festivo, regresaron a la Canzon Sol, Sol, La, Sol, Fa, Mi de Giovanni Gabrieli, el compositor más antiguo del repertorio. Un final vibrante que volvió a tender puentes con el bullicio exterior y la algarabía de la ciudad en celebración. Humanos, profundamente humanos, en todas sus dimensiones, atravesados por esa luz eterna que cada día cruza las vidrieras de Gustavo Torner.

El Concierto 8 del ciclo Música en la Catedral, titulado “A dos órganos: entre el Mediterráneo y el Norte de Europa”, tuvo lugar el 13 de septiembre a las 20:30 horas en la Catedral de Cuenca, con los órganos de la nave del Evangelio y de la Epístola como protagonistas. Estuvo a cargo de Marta Misztal Bloch, organista titular de la Iglesia de San Antonio de los Alemanes (Madrid), e Irene de Ruvo, profesora de Órgano en el Conservatorio Giuseppe Martucci de Salerno. 

El ciclo Música en la Catedral continuará el 27 de septiembre con el Concierto 9, dedicado a “Música portuguesa para órgano de los siglos XVII, XVIII y XIX”.

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