
El Claustro de la Catedral de Cuenca acogió este lunes una de las propuestas más singulares del ciclo Lunes Cultural: La Música del Olivo de Getsemaní, una experiencia sonora creada por el compositor e investigador conquense Julio Sanz Vázquez dentro del Bio Music Lab–Huerto del Sonido. La convocatoria reunió a más de un centenar de personas en una actividad que combinó música, naturaleza, historia, espiritualidad y experimentación artística.
La sesión fue presentada por el dierector de la Catedral, Miguel Ángel Albares, quien destacó el valor simbólico del olivo plantado en el claustro. Se trata de un árbol que llegó a Cuenca como un brote procedente de Tierra Santa, enviado por los franciscanos en 2007 a la Hermandad de Jesús Orando en el Huerto de San Esteban. Tras permanecer años en cultivo bajo el cuidado de las Franciscanas de la Puerta de Valencia, fue finalmente plantado el 9 de mayo de 2015 en la esquina suroeste del claustro y trasplantado definitivamente en 2016, donde permanece desde entonces como símbolo vivo del vínculo espiritual con el Huerto de Getsemaní.

Julio Sanz introdujo la actividad explicando los fundamentos de la biomúsica, disciplina en la que lleva años investigando. A través de sensores aplicados al árbol, se registran impulsos eléctricos, microvibraciones y fluctuaciones internas del flujo de savia. Estas señales, imperceptibles para el oído humano, se transducen a frecuencias audibles que permiten “escuchar” la actividad vital del olivo. Sanz recordó que “la música no deja de ser frecuencias”, y que la física contemporánea sostiene que la materia misma puede entenderse como vibración. Su propuesta, afirmó, busca “llevar estas frecuencias a escala humana para permitir una experiencia contemplativa donde naturaleza y escucha se entrelazan”.

El público, en un silencio meditativo, asistió a la audición del canto bioeléctrico del árbol, que fue variando en función de las condiciones ambientales y de la proximidad de los visitantes. Según subrayó Sanz, estas modulaciones responden a cambios reales en la actividad del olivo, que “varía constantemente, dependiendo incluso de quién se acerque”. La sesión concluyó con una experiencia de participación colectiva en la que las vibraciones generadas por el árbol se extendían hacia el público, atravesando a las personas en forma de espiral. Guiados por el investigador, los asistentes retomaban esa energía y la devolvían al conjunto mediante pequeños gestos y sonidos, creando una cadena continua de resonancia compartida. Tal como recordó Sanz, “si no hay comunicación entre ustedes, se pierde la conexión”.

A esta jornada asistieron también estudiantes de la Facultad de Educación del Campus de Cuenca, que participaron en el marco de una clase universitaria vinculada a su trabajo académico. Se trataba del grupo de Conocimiento del Medio Social y Cultural de primer curso de Educación Infantil, dirigido por el profesor José An. Montero. Esta actividad formaba parte de su formación, centrada en la representación mediante diferentes lenguajes —oral, artístico, musical o corporal— de experiencias vividas en el entorno natural o social, mostrando sensibilidad estética y capacidad de simbolización. La experiencia del olivo evidenció de forma precisa cómo el ser humano interpreta y traduce la actividad natural mediante lenguajes culturales.
Lunes Cultural – La Música del Olivo de Getsemaní del Claustro de la Catedral. Catedral de Cuenca, 10 de noviembre de 2025, 17:00 h. Por Julio Sanz Vázquez, compositor e investigador. Bio Music Lab – Huerto del Sonido