El Naán, cultivando la música y la palabra

Por José An. Montero

Una bramadera volaba sobre las cabezas del público que llenaba la carpa de plástico instalada en las afueras de Hornillos de Cerrato, en la provincia de Palencia. El Naán acababa de publicar ‘Código de Barros’, su segundo trabajo, un disco que daba hacía girar sobre esa zumbadora a la música de raíz. Poesía contemporánea e instrumentos pretéritos bailando junto a ritmos tradicionales en composiciones propias. Una propuesta llamada a romper muchos tabúes sobre la música tradicional y que merece figurar entre los álbumes más importantes del folk español de todos los tiempos.

Han pasado más de diez años. Y el tiempo les dio la razón. Han ocurrido muchas cosas desde entonces. Llegaron ‘La Danza de las Semillas’ (2017) y ‘Germinal’ (2021). También la gira “Cable a Tierra” junto con Vetusta Morla y el macroproyecto ‘La Celtiberia’ junto a Xosé Lois Romero, Aliboria y Juanma Latorre, que hizo volar sobre escobas mágicas la Plaza Mayor de Palencia en 2025. 

Mientras tanto, la pulsión poética, las versiones desnudas en dúo, en trío, en alma y en verso, seguían latiendo en pequeños escenarios, haciendo carretera, alejadas de los grandes conciertos. Lejos de los grandes focos seguía latiendo el corazón poético de las luciérnagas y en este quinto trabajo, ‘Versos del Páramo Negro’, El Naán plasma esa otra cara del grupo que nunca ha dejado de latir. Ligeros de equipaje para que el ruido no oculte los silencios del Páramo.

Era un trabajo necesario. Imprescindible. Había que conservar en una grabación ‘La desaparición de las luciérnagas’, propuesta sobre la que se apoya este nuevo trabajo que reúne once piezas en el formato trío original, o power dúo, como suele bromear Carlos Herrero, con dos músicos y un poeta: Carlos Herrero (voz e instrumentación tradicional), Adal Pumarabín (percusión) y Héctor Castrillejo (poesía y rapsodia).

El repertorio alterna composiciones originales con piezas de tradición oral como “Romance de la loba parda”, “Serenita” o “A la rama”. Materiales recogidos en grabaciones de campo e integrados con composiciones propias que mantienen la referencia a la tradición ibérica, pero que cobran todo su sentido más allá de las individualidades de cada pieza. ‘Versos del Páramo Negro’ es uno de esos trabajos que merece la pena escuchar de punta a punta. De verso a coplilla. De palabra a nota. La palabra y la música se van entrelazando, a veces transformadas en canciones, a veces caminando separadas.

Versos y sonidos nuevos que “escarban” en las herencias castellanas, pero también en las del norte de África, porque las músicas son trashumantes y caminan de aquí para allá sin entender de fronteras, transmitiendo patrones rítmicos que guardan el tesoro de tradiciones ocultas. ‘Versos del Páramo Negro’ conecta con esa pulsión interna desconocida, con esa “tribu perdida” de la que habla Castrillejo: “Toqué un cuerno blanco / de un buey negro / para sumarme al sagrado oficio del pregonero / llamé a la tribu / a la tribu perdida de la que procedemos”. ¿Está ahí la tribu?, se preguntan. Está. Siempre está, aunque no seamos capaces de reconocerla.

Esa pulsión de tierra y ancestros a la que tratamos de aferrarnos buscando tierra firme, buscando raíz, buscando una forma de comunidad que sostenga el mundo. “Todos teníamos un abuelo de cuero / que trenzaba racimos de planetas”. “Todos teníamos una abuela de corcho / que hundía sus manos en leche con azúcar. (…) No son imaginaciones mías”.

Algunas presencias en el disco, como las voces de Rozalén, Anna Colom o Ringo Rango, suman y acompañan con delicadeza. Algunas cuerdas adicionales también arropan estos coros polifónicos que forman parte de la esencia misma de esta propuesta, que restaña significados perdidos para mantener viva la llama.

Una mesa convertida en símbolo y alma de una manera de entender el mundo, con toda la sencillez, con toda la profundidad de una mano sobre madera. Es el trabajo hecho en casa, a fuego lento, como al principio del principio. La mesa de la cocina, con el fuego presente, dentro del que van desfilando viejas historias en nuevos versos. Poesía y música. Salvajes y sagradas. “Y ya nadie trenza el silencio / ya nadie lo siembra / ni lo riega/ ni lo labra / ya nadie sabe / cómo se habla con las manos / como se habla con la tierra / como se calla”.

Texto y fotos de José An. Montero

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