Dossier: Un profesor de historia decapitado por enseñar caricaturas de Mahoma

Por Ciencias y Sociales

Claire Guyomarch, maestra de primaria en otro centro, señalaba otra preocupación: el descontrol de los padres —no de los jóvenes— en las redes sociales. “No se puede decir cualquier cosa. Nosotros tenemos problemas habituales de difamación, padres que proponen golpear al docente cuando lo que hace no les gusta. Nunca ocurre nada después. Ahora tenemos un muerto”, dice Guyomarch. Hoy en Francia —cinco años después del “Je suis Charlie” en solidaridad con Charlie Hebdo— ha nacido otro lema: “Je suis prof”. “Soy profe”.

«París. Una escuela de la República. Un profesor de historia asesinado. No hay peor escena imaginable, incluso por lo simbólico, para resumir un suceso que tiene algo de diabólico y mucho de apocalíptico. Son demasiados signos, demasiadas coincidencias, demasiadas antorchas de ejércitos enemigos sobre el perfil de la montaña advirtiéndonos de que hay algo que se acaba. Un suceso tan horrible como el asesinato de un profesor de Historia francés a manos de un terrorista islamista no puede agotarse en sí mismo. Tiene que ser, necesariamente, el signo de otra cosa.»

«Recordemos, a este respecto, que el derecho a ofender es un sagrado derecho democrático, como en sus mejores días recordara Manuel Valls

«Algunos estudiantes me dicen: ‘No es normal que falten el respeto a las religiones, no es normal que haya blasfemia. Es ahí que tienes que explicarles que la blasfemia, en un estado democrático, en un estado secular, no existe y no es un crimen. Tenemos que diferenciar entre criticar una religión y el hecho de que la gente, a título personal, puede sentirse ofendida», dijo en una entrevista con el RFI.

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