Anda Bewis saltando de generación, construyendo su nido y creando su nuevo disco. Y, al mismo tiempo, es “la Kika, la Tomasa, la Petronila, las que no vieron mis ojos, pero dentro encienden velas…”. Con su hogar en la linde de Viso del Marqués, visitó el pasado fin de semana Trashumancias 2.6 para formar parte de la tribu trashumante que se reunía en este extremo de la Cañada Real Conquense para celebrar el encuentro entre pastores y universitarios. Entre los agostaderos de la Serranía de Cuenca y los invernaderos de La Mancha.

Anda Bewis, con sus pocas gallinas, su par de ovejas y su huerto de confianza ecológica, mientras transita su mutación de hija a madre. El cuerpo como primer territorio: así tituló su charla-taller, en la que habló de Rap Rural, de artes escénicas, de tradición y de performance ante unas gentes tan variadas como la propia vida.

En Trashumancias compartió su proceso creativo: a veces más Bewis de la Rosa, a veces más Beatriz del Monte, pero también “la enana”, como la llamaban sus hermanos; o la pequeña flor de Villamayor de Santiago, la del bar “La Noche”, la de María Francisca o la de Anastasia. Porque somos múltiples y ricos en nombres y en recuerdos. Hijos e hijas “de la ida y de la vuelta”.

“Me pasé toda la vida yendo y viniendo de un lado para otro, en esa búsqueda de quién uno es en la vida. Yo soy el olor de la cámara de la casa de mis abuelos, esos momentos de silencio vividos en las vacaciones de verano: la casa de piedra, la cocina, la chimenea, el corral, el enebro, las hortensias, mi abuela, el ajo, el clavo…”, explica Bewis.

Hace más de una década que fundó la compañía Malditas Lagartijas, una plataforma desde la que cruza lenguajes corporales y exploración de identidades periféricas y que sigue siendo su sustrato escénico. Fue en 2020 cuando decidió lanzar su propuesta musical, hibridando su crianza urbana en el entorno de la cultura hip-hop madrileña y la memoria oral de las jotas que asimiló en Villamayor de Santiago. Así nació la “Bewis” rapera y la “Rosa” materna. Dos mundos que comparten métrica y lógicas de ejecución. Una manera de dar sentido a parte de nuestros heterónimos.

Así nació Amor más que nunca, su primer álbum de estudio, con canciones cocidas a fuego lento. Bewis recita algunos versos en el Museo de lo Popular de Viso del Marqués que parecen escritos para este lugar: “Esta tierra, ¿dónde está mi territorio? / He visto con estos ojos cómo caía el imperio. / Ahora quieren cultivarlo sin contar con nuestras manos. / Yo tengo unas cuantas piedras para tapar este agujero. / Me dicen que espere, pero yo no espero. / Quiero comprender el suelo cuando sé quién soy y de dónde vienen mis abuelos”.

Bewis cuestiona la tendencia a idealizar el campo como un escenario bucólico o de desconexión temporal, contrastándolo con las dificultades burocráticas cotidianas de quienes intentan sostener proyectos de vida o de ganadería extensiva en el territorio. Bewis de la Rosa: “Hablábamos de la ecología y de cómo el medio rural se está poniendo de moda en todas partes. Estamos súper rurales todas ahora, ¿no? Pero luego, realmente, en el día a día hay muchísimas trabas para poder llevar a cabo una vida en el rural, a no ser que lo hagas totalmente al margen. ¿Por qué han dejado los pastores de ir por las vías agropecuarias que había antes? Porque, a lo mejor, tenían que hacer cuarenta papeles para poder moverse por una vía. Si tú ahora quieres tener unas cestas en ecológico, tienes que hacer que un señor vaya a tu casa a ponerte mil pegas. Hay muchísimas barreras que hacen que dejes de hacerlo”.

Bewis anda inmersa en la producción de su segundo trabajo, El hogar en la linde, cuya preventa comenzará en formato de bolsa de pan artesanal. El concepto central del disco surgió de un elemento geográfico y legal concreto de las tierras heredadas de sus abuelos. Una encina que crece exactamente sobre la linde divisoria de dos parcelas familiares en Villamayor de Santiago. El árbol, situado en la frontera material del suelo, sirvió como desencadenante creativo de las nuevas composiciones, donde se analiza la caída progresiva de los muros de piedra seca y los deslindes del parcelario agrícola.

Hubo tiempo para que Bewis interpretara a capela algunos versos de Muchas casas, una pieza con la que anticipa su nuevo trabajo: “Mi abuela es una casa donde entro y retrocedo, donde el miedo ya murió. Son paredes de recuerdo. Huelan esta linde y el beso me acompaña si me pierdo. Es la casa donde siempre vuelvo. Su sofá verde esperanza, acolchado, donde pienso…”. Paredes de recuerdo que cada cual lleva dentro.

A lo largo del año habrá algunos conciertos de mayor formato en Alicante o Zaragoza, pero también una “línea de circulación pequeña y periférica” por las localidades de la Mancha conquense y albaceteña. Entre sus fechas confirmadas, destaca un recital acústico de formato reducido programado para el 14 de agosto en la Serranía de Cuenca, pero también su debut en La Mar de Músicas el 23 de julio en la Plaza del Ayuntamiento de Cartagena.

Bewis de la Rosa participó el 15 de mayo en el programa formativo de Trashumancias 2.6, iniciativa impulsada por la Cátedra UCLM-Diputación de Cuenca de Oportunidades frente al Reto Demográfico y vinculada al proyecto Aula Albura, financiado por el Ministerio de Cultura con la ponencia-taller “Rap Rural: artes escénicas, tradición y performance. El cuerpo como primer territorio”. Texto: José An. Montero. Fotografías de Irene Rotger Mas, Milagros Sevilla Carramolino y Marta Moyano

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