El pasado jueves vino a nuestra facultad Diego Yahir, un maestro de origen mexicano, y tuvimos la oportunidad de hacerle algunas preguntas (Ángela D.). Da clases a alumnos de 12 a 15 años en una de las zonas más alejadas de su país: «Si buscan ustedes lugares abandonados de México, ahí es mi escuela» (Diego Yahir).
Durante nuestra conversación, le hicimos unas preguntas que nos hacen mucho en nuestra carrera: «¿Desde pequeño querías ser profesor? ¿Siempre fue tu vocación?». Él nos respondió que no, que no era una vocación que tenía desde pequeño, sino algo que descubrió una vez que entró en la carrera. Sus padres eran maestros y le decían que valía para la enseñanza; por eso decidió estudiar esta carrera y consiguió descubrir que era lo que siempre había querido hacer (Nerea R.).
Nos habló de bastantes diferencias, pero la que más nos impresionó es que allí se trabaja con otra metodología, que consiste en valorar más cómo se siente cada niño o niña que los conocimientos teóricos (María M.). Aquí en España se centran más en dar clase como tal de las materias; en cambio, allí en México, aparte de dar las clases, también se centran en la parte emocional, en sus problemas familiares y en su situación (Lucía A.). Por eso, él incorporaría a España la cercanía que los docentes de México transmiten a sus alumnos y alumnas, ya que así los niños tienen la confianza para poder hablar con el profesor, mostrar sus emociones… y también se sienten más queridos. Piensa que la enseñanza que se imparte en España es más fría, porque se centra más en hacer fichas que en atender emocionalmente a sus alumnos y alumnas (Diana C.).
También nos acercó a una realidad muy distinta. La mayoría de familias no tenían esa preocupación por tener comunicación con la escuela, aunque había excepciones, porque había muchos problemas sociales como el narcotráfico o las armas (Claudia M.). En las aulas, principalmente a los más mayores, les hablaban sobre las pandillas, las drogas y las armas, intentando concienciarlos desde pequeños de que todo eso se tenía que evitar. No era lo mismo en todas las zonas de México, ya que había zonas más alejadas del centro en las que todo eso estaba más normalizado (María S.). Además, nos respondió con una broma: «Si queréis, podéis ir alguno para allá», insinuando que faltan muchos maestros en su país, al contrario que en España, y que por ello allí se consigue trabajo como maestro con más facilidad (Ruth M.).
Sus alumnos le habían enseñado que siempre hay que estar dispuesto a seguir aprendiendo algo nuevo, y que por mucho que sepamos, nunca terminamos de saberlo todo. Tenemos una idea equivocada, porque pensamos que el maestro tiene el papel de enseñar porque lo sabe todo, y en algunas ocasiones eso no es así: los alumnos en determinados momentos pueden llegar a enseñarle al profesor (Ángela D.).
Le pedimos el mejor consejo para nosotras, como futuras docentes, y nos dijo que para ser un buen docente a veces hay que creer que no sabes y leer muchos libros. Es verdad que a veces tenemos que aceptar que no sabemos para poder seguir aprendiendo cosas mejores (Dairén S.).
Nos quedamos con sus palabras sobre la profesión que hemos elegido: «Es algo que les va a llenar mucho el corazón si conocen a las personas, si las tratan bien, si escuchan mucho a sus pequeños alumnos. Se van a dar cuenta de que es una de las profesiones más nobles que pueden existir» (Diego Yahir). Y con la nota que nos dejó al despedirse: «Gracias por la oportunidad de contar mi experiencia, espero os ayude en algo. Les deseo todo el éxito del mundo y brillo en el camino» (Diego Yahir).
Por Ángela D., Diana C., Claudia M., Dairén S., Lucía A., María M., María S., Nerea R., Ruth M., Paula T. y Elena C. Primero de Educación Infantil. Curso 2026/27 de la Facultad de Educación de Cuenca.