Unas cinchas amarillas, exageradamente gruesas y fuertes, sujetan las obras de Diego Vallejo Pierna a las ocho columnas de las caballerizas del antiguo caserón de Hernán Pérez del Pulgar. Cada una de ellas soporta por sí sola casi setecientos cincuenta kilos, como si estos paisajes abstractos fueran reales y necesitaran titanes mitológicos que los mantuvieran flotando en la sala. Como si los lienzos fueran las velas de la Nao Victoria, la nave que trajo a Sevilla a Juan Sebastián Elcano y protagonizaba la exposición de la sala anterior, y las cinchas fueran las que tensaban las vigotas de aquella nave.
La memoria suele mezclarse cuando vas pasando por distintas exposiciones y se van asociando unas imágenes a otras. La abstracción de Diego Vallejo, las hazañas de Magallanes y Elcano, los bodegones costumbristas de López Villaseñor, que con la edad sacan sus garras neorrealistas. Todo mezclado en la memoria. Lejos de la mirada pausada que pide la obra de Diego Vallejo.
Dieciséis óleos situados en lo más profundo del museo. La sala aún huele a óleo fresco, como si Vallejo acabara de dar los últimos toques a sus lienzos, o como si el propio López Villaseñor hubiera retocado estos cuadros para que sirvieran de fondo a sus bodegones. Mientras, la mente sigue atrapada en la imagen de la escultura de Iván Denísovich atrapado tras el tosco ventanuco de una puerta de madera claveteada, tras dos simples barrotes en cruz.
Desde ese gulag, la voz de Solzhenitsyn se expande hasta esta sala, y se escucha claramente decir que “el arte no es cuestión del qué, sino del cómo”. Si López Villaseñor transforma los fondos de los bodegones casi en abstracción a través de la intensidad matérica, Vallejo recorre aparentemente el camino contrario. En una atmósfera abstracta insinúa objetos y lugares.
Las pinturas de Vallejo se mezclan con la maza de acero expuesta en una vitrina anterior, la miseria celda de Denísovich, el olor claustrofóbico al óleo de este sótano sin ventanas mientras giro alrededor de los lienzos buscando al demiurgo invisible cuando dos personas entran en la sala. Escucho tras los lienzos. Esperaba inocentemente que uno de ellos fuera el artista tratando de explicar su obra, porque lo difícil, lo verdaderamente difícil en estos tiempos, es sencillamente pararse y mirar. Contemplar y reflexionar ya son palabras mayores.
“Reflexión”, de Diego Vallejo Pierna. Museo Municipal Manuel López-Villaseñor, Ciudad Real. Óleo sobre tela.
“Viaje a la Especiería de Magallanes y Elcano”. Museo Municipal Manuel López-Villaseñor, Ciudad Real. Organizada por la Secretaría General Técnica del Ministerio de Defensa, con la colaboración de la Subdelegación de Defensa en Ciudad Real.