
La antológica de Manuel Prior es algo único, casi rozando el realismo mágico de una longevidad creativa casi sin precedentes, pues recoge setenta años de pintura de un autor que, a sus noventa y un años sigue produciendo obras de interés. Desde ‘Tarde de sábado (Los borrachos)” de principios de los cincuenta, hasta algunas piezas aún con el óleo reciente, sirven para transitar por de la biografía del autor y sus distintos periodos, pero también para construir una mirada sociológica que desvela el cambio de percepción de la cultura tradicional en los últimos setenta años de la historia de España.
Nacido en 1933 en la llamada ciudad minera Puertollano, Prior habita la Valdepeñas de la postguerra, en los cincuenta conoce Francia, Alemania y Austria, para recalar en Madrid, donde vivirá su plenitud creativa, para regresar la mirada hacia su tierra con los deberes de la vida y del arte cumplidos, lejos ya de pretender hacer vanguardia artística, pero con una mirada que le hace ser más vanguardista que nunca.

Si la antológica arranca con el realismo social de la citada ‘Tarde de sábado (Los borrachos)”, con todas las ínfulas de un joven soñador que emula a Velázquez, o con el óleo ‘El voto’ (1951), donde la única salida a la miseria parece ser caminar hacia esa luz que señala el niño con su mano al anciano. Caminar hacia las luces de neón de la gran ciudad. Huir como tantos otros de una tierra podrida de hambre para llegar como millones más a Madrid, donde convertirse en moderno, soñando con un seiscientos y un piso en el extrarradio.
Más de cincuenta años de tránsitos, de tratar de ver lo que los demás no ven y expresarlo pintando, citando una frase del propio Manuel Prior, explorando todas la formas del expresionismo figurativo, pero manteniendo un sustrato interior identificable que alcanza la cima con la colección dedicada a los Danzantes y Pecados de Camuñas a finales de los setenta, precisamente con un primer regreso a la potencia de las fuerzas ancestrales. Expresionismo puro de colores y formas. De máscaras que, como su pintura, desvelan más de la realidad que la propia realidad.
Una fuerza del expresionismo tradicional al que retornará en estos últimos años con piezas como ‘La Manguera’ (2017), tras recorrer un largo camino por en el que también pintó el erotismo liberado de los ochenta y al Madrid de los noventa.

La exposición que ya ha recorrido varios espacios y que se hospeda hasta el 10 de noviembre en el Museo del antiguo Convento de la Merced de Ciudad Real, está dispuesta de forma cronológicamente libre, con meandros que van haciendo parada y fonda en lo más personal de la obra. Sin duda, la mano de las comisarias de la exposición, Margarita y Guadalupe Prior Ruiz, hijas del pintor, van dejando muchos hilos personales de los que tirar que sirven para dar contexto vital, latido humano a estos setenta años de trayectoria artística.
José Hierro dijo de Manuel Prior que su pintura es la inteligencia queriendo meter en cintura al instinto. Aunque después de setenta años, podríamos decir que han llegado a un gran acuerdo y que esta muestra es la inteligencia aliada con el instinto.