SO, escuchar sin ver

Por José An. Montero

En Fuera de tono, Alberto Bernal escribe que “en una sociedad dominada por lo que vemos, anteponer la escucha a la mirada puede suponer un acto de resistencia”. Esa idea cobra forma escénica en SO, el proyecto de Los Sara Fontán junto a Amorante. En Cerezales, un escenario sin focos ni artificios, al aire libre, apenas un círculo, el público alrededor y nueve pequeñas linternas moviéndose en la penumbra de una noche de estrellas. El efecto era sencillo y radical al mismo tiempo. Volver al fuego primigenio, a ese gesto humano de reunirse en torno a una luz mínima para escucharse en un viaje imprevisible sin jerarquías entre estilos.

Fragmentos ensamblados, registros mezclados, un collage vital que recuerda a lo que Agustín Fernández Mallo llamaba “emboscada poética”. Esa intersección entre la calma de lo heredado y la inquietud de lo nuevo. Un viaje sonoro imprevisible, del trap a los cantos tradicionales, de Bésame Mucho a ecos de Manu Chao, pasando por loops electrónicos, cencerros y un violín de corte clásico.

Este proyecto, nacido en Azpeitia en el marco de la residencia artística Dinamoa–Sormen Gunea y ya ha viajado por escenarios de referencia antes de recalar en Cerezales. Estuvo en el Festival O que non se escribe en Santiago de Compostela, en la Fira Mediterrània de Manresa, en el Festival EnCanta en Roda de Ter o en el FIAS 2025 en los Teatros del Canal de Madrid.

SO se ofrece bajo una premisa tan sencilla como transgresora, recuperar la experiencia pura de escuchar, uniendo tradición, improvisación y música contemporánea. En Cerezales, al aire libre y sin apenas contaminación lumínica, el proyecto alcanzó su forma más orgánica, acercándose a un ritual sonoro que dialogaba con el entorno rural y con las montañas circundantes bajo la única luz de las estrellas.

Ubicados en círculo abierto, con apenas un par de centenares de espectadores alrededor, Sara Fontán, Edi Pou e Iban Urizar tocaban y danzaban iluminados tan solo por algunas linternas que colgaban de sus faldas rojas. La penumbra difuminaba el límite entre escenario y público, transformando la escucha en un concierto expandido donde las miradas directas rompían la cuarta pared del escenario y devolvían a la música su esencia comunitaria. Recuperando la idea del Deep Listening de Pauline Oliveros, surgida a finales de los ochenta. No se trataba sólo de oír, sino de activar una conciencia sónica. Poner la atención en lo pequeño, como un punto, o abrirla hacia lo amplio, como un círculo. Distinguir el oído como reflejo involuntario de la escucha como un acto consciente.

Ese gesto encontraba eco en la sensibilidad que Bernal explora en Fuera de tono, pensar lo sonoro como una práctica que desborda formatos y desafía lo visual. En Cerezales, SO se convierte casi en un ritual poético que abre el espacio a la atención expandida, entre lo ritual y lo contemporáneo, entre la calma de lo ancestral y la inquietud de lo nuevo.

Lo que emergió fue un collage polifónico de recuerdos sonoros, donde lo culto y lo popular convivieron sin jerarquías ni estilos. Entre lo clásico y el punk, entre el jazz y el folk. Un concierto llamado vida. Una experiencia anclada en lo corporal, en las vibraciones físicas y en la naturaleza circundante, como si el propio lugar se hubiera integrado en la partitura.

SO es, además, un proyecto polisémico que suma lo catalán, lo vasco y lo gallego. Sonido. Mirada. Debajo. Pero también resuena el “so” rural, el detenerse. Una polifonía cultural que transitó no sólo en lo acústico, sino también en lo performativo y en lo subterráneo de la memoria. Sonido. Mirada. Debajo. Detenerse a escuchar. 

El 23 de agosto de 2025, a las 21:30 horas, el ciclo TROPOS de la Fundación Cerezales Antonio y Cinia acogió en su escenario exterior la propuesta SO, formado por Sara Fontán (violín, pedales y sintetizador), Edi Pou (batería, percusión y set rítmico) e Iban Urizar, Amorante (trompeta, pedales y sintetizador).

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