RESINLAB: Un impulso innovador al tradicional oficio de la resinación

Por Helena Lázaro

Pocos oficios son tan duros como el de la resinación, que requiere mucho aprendizaje en el primer año, destreza, un gran esfuerzo físico y unas jornadas maratonianas. A ello hay que añadir que, a lo largo de su historia, han sido escasos los avances tecnológicos en las herramientas y métodos que se utilizan para la extracción de la resina. Estas condiciones laborales, sumado a la variabilidad del precio del producto en los mercados internacionales, hacen que este oficio con en el que España llegó a despuntar a nivel mundial el siglo pasado esté hoy prácticamente desapareciendo.

Ivan Fraile trabajando en agosto de 2021

Saúl Gómez, gerente de Industrial Resinera Valcan, situada en la provincia de Cuenca, se lamenta de esta situación ya que “Cuenca, por ejemplo, fue un referente nacional e incluso internacional cuando la resina estaba dominada en el mundo por España y Portugal”. No obstante, el gerente marca como punto de inflexión la supresión de los aranceles de importación de finales del siglo XX: “la industria no puede luchar contra el mercado. Europa es uno de los grandes consumidores de derivados de la resina como la colofonia o el aguarrás –muy valiosos para la industria química ya que con ellos se fabrican cosméticos, perfumería, tintes de impresión, barnices y disolventes, etc.- pero sin embargo, en cuanto a materia prima, no aparecemos ni en las estadísticas de producción a pesar de que tenemos lo más importante, que es el recurso. Tenemos la resina en nuestra puerta y tenemos industria, lo que nos faltan son resineros”.

Por ello, Industrial Resinera Valcan –creada a mediados del Siglo XX- se ha unido como socio al Grupo Operativo RESINLAB, cuyos objetivos son impulsar nuevos modelos de profesionalización que aumenten la eficiencia y rentabilidad del oficio del resinero así como desarrollar nuevas metodologías de extracción que aseguren la sostenibilidad del aprovechamiento. Este grupo creará un observatorio de datos parar mejorar la transparencia y trazabilidad del producto, que servirá de soporte para que propietarios, resineros e industria tomen las decisiones más acertadas. Así pues, GO-RESINLAB es un laboratorio experimental formado por una red de parceladas de las comunidades de Castilla-La Mancha, Extremadura y Castilla y León y uno de sus principales potenciales es el trabajo colaborativo de todos los actores de la cadena de valor de la resina natural: propietarios, gestores, investigadores, resineros y la industria de transformación. “Lo que pretendemos al unirnos a este proyecto es reimpulsar el oficio resinero para que recupere su esplendor. Si queremos hablar de futuro tanto la industria como el resinero y la administración debemos ir de la mano y en Valcan vamos a hacer lo posible por los resineros”, confirma Saúl.

La resinación

Iván Fraile tiene en su bagaje diez años de experiencia como resinero en Cuenca y ha decidido sumarse al proyecto para ensayar nuevas técnicas de resinación porque “es necesario pertenecer a estos grupos ya que visibilizan los problemas del sector, buscan soluciones y constan de todos los componentes del sector resinero”.

Para contextualizar, Fraile explica que la resinación es un trabajo de campaña que empieza en el mes de marzo y finaliza en les mes de octubre “pero lo primero que tiene que hacer un resinero, antes de nada, es solicitar los permisos al propietario del monte que se quiere resinar -la titularidad puede ser pública o privada- y pagar las cuotas o alquileres”. En este sentido, el resinero cuenta que la forma en la que este proceso se lleva a cabo varia de unas comunidades autónomas a otras: “En Castilla y León, por ejemplo, se realiza a través de una subasta y como en algunas de sus provincias, como Segovia o Soria, los pinos dan una gran cantidad de producción, el precio del pino suele ser más elevado que en otras. En mi caso, la mata que resino es propiedad del ayuntamiento de Huerta del Marquesado y he solicitado permiso para resinar cada cinco años”.

Saúl Gómez y Honorio Gallego

“Una vez conseguidos los permisos –continúa Fraile- en los meses de marzo y abril se lleva a cabo la preparación del pino, que consiste en desroñar la corteza para dejar la superficie (que se llama cara) que vas a trabajar más lisa. La siguiente labor, que se realiza con el trazador, consiste en delimitar las zonas donde se harán las incisiones al pino y se clavan las grapas –por donde se vierte la resina- y se colocan los potes –donde se recoge la resina-. Ya en verano se realizan los cortes al pino (picas) y se aplica una pasta estimulante para que le dé calor al pino y brote la resina. La última tarea será la de remasar (recoger la resina)”.

Cada cara que se trabaja –que tiene unas medidas aproximadas de 60 cm de alto por 12 cm de ancho- se conoce como “entalladura” y en el mismo lado del pino se le pueden realizar cinco entalladuras (una por año): “terminadas las cinco entalladuras de un lado (5 años), se pasa a resinar otro lado del pino. En cada pino se pueden hacer cinco lados con cinco entalladuras, por lo que la vida productiva del pino está estimada en 25 años”.

Laboratorio de experimentación GO-RESINLAB: taladro mecanizado

Iván Fraile tiene una concesión para resinar 5.000 pinos rodenos (Pinus pinaster) pero afirma que resina 4.000: “para este proyecto hemos marcado tres parcelas intentando que cada una de ellas tuviera algo particular y distinto, algo que luego se pueda observar y plasmar en datos”. Así pues, cada parcela se ha dividido en tres bloques y cada uno de ellos consta de 130 pinos rodenos (también conocidos como pinos resineros) de los cuales  55 se hacen con taladro mecanizado aplicándoles pasta estimulante; otros 55 se hacen con pica de corteza tradicional con estimulante; 8 pinos se hacen con taladro mecanizado sin estimulante; otros 8 con pica de corteza tradicional sin estimulante y 4 pinos se dejan sin tocar “para ver cómo está la salud de la masa forestal y ver cómo resultan”.

“Lo que se intenta con este ensayo, sobre todo, es ver si con el taladro mecanizado se evita al resinero las labores de desroñar y clavar, que es muchísimo trabajo, y si realmente se consigue una resina de mayor calidad ya que al verter la resina en bolsas herméticamente cerradas no contendría agua ni otras impurezas”, lo que proporcionará una resina más competitiva. Igualmente, con este experimento que ha comenzado en 2021 y que finalizará en 2023, “se comparará también la producción de la resina, para ver si se obtiene mayor o menor rendimiento”, asegura Iván, que añade que “el final se trata de comprobar la viabilidad y sostenibilidad de esta nueva técnica”.

Para el ensayo también se han tenido en cuenta otras variables como el diámetro y la altura de los pinos, las caras que ya tiene trabajadas (en su mayoría empiezan de primer año), la orientación de las caras del pino y de las parcelas. También se han tenido en cuenta la densidad de pinos que hay en cada bloque y la climatología: “desde el año 2018 tenemos una estación meteorológica que recoge datos de la temperatura y la humedad”.

La finca que resina Iván, denominada ‘Los Brosquilejos’, se dejó de resinar a principios de los años 60, aunque él lo empezó a resinar de nuevo hace diez años, y está a una altitud que oscila entre los 1.450 y los 1.700 metros, donde el Pinus pinaster convive con otras especies como el pino silvestre y el pino nigra, la carrasca, la sabina rastrera y el roble.  

Bolsa de Recoger Resina

Otros aprovechamientos del monte

Uno de los mayores hándicaps del oficio del resinero es su temporalidad, ya que es un trabajo de campaña que dura aproximadamente 9 meses, por lo que el resto del año el resinero estaría desocupado. Emilio Gómez, de Industrial Resinera Valcan (socio del Grupo Operativo RESINLAB) asegura que “otro de los puntales de este proyecto es precisamente poner en valor y hacer cumplir el contrato territorial, que consiste en que durante los meses en que el resinero no está resinando pueda realizar otras funciones, por ejemplo, la limpieza de montes”.

Una opinión que secundan resineros como Paco Risueño, de Talayuelas (Cuenca), que afirma que “la limpieza de montes es la base. Si los montes están sucios, la productividad del pino es menor”. Además, por supuesto, de garantizarles un trabajo el resto del año, por lo que el contrato territorial otorgaría mayor estabilidad al resinero.

Por otro lado, el aprovechamiento resinero es perfectamente compatible con otros tipos de aprovechamientos como el maderero, el micológico o el cinegético.

Iván Fraile tiene claro que el resinero tiene “muchísimo valor” por los numerosos beneficios que genera en el monte: “vigilamos la salud de la masa forestal durante todas las estaciones del año, lo que ayuda a una detección temprana de plagas; podemos servir como una vigilancia contra incendios utilizando las nuevas tecnologías, ya que podemos enviar en tiempo real nuestra ubicación y la administración sabría que esa zona está vigilada; si se produce un incendio seremos los primeros en dar el aviso y también podemos inhibir la presencia de pirómanos o gente que quiera causar algún daño al monte”.

Otras externalidades positivas del oficio de la resinación, si se mantiene, es el de fijar población en el medio rural: “a la hora de poner en valor el oficio del resinero o resinera solo se tiene en cuenta el precio de la resina, no se tiene en cuenta el valor de todo lo que podemos aportar”.

La resina como principal competidor del petróleo

Para Fraile, todavía hay un aspecto de la resina que es más importante: los derivados de la resina como principales competidores de los derivados del petróleo: “ahora que nos movemos en un contexto de crisis energética y climática conviene saber que la resina es un combustible no fósil hipocarbónico, lo que quiere decir que las emisiones de CO2 en su transformación están por debajo de lo que se estima para una sociedad baja en emisiones de CO2 y sus principales competidores provienen de hidrocarburos como el petróleo y el Tall-Oil”.

Por todo ello, el Grupo Operativo RESINLAB busca diseñar modelos innovadores que faciliten empleos multifuncionales,  mediante el asociacionismo, el cooperativismo y la colaboración entre agentes públicos y privados con el objetivo de mantener el oficio de la resinación como una actividad forestal sostenible, mejorando las condiciones laborales y la rentabilidad del resinero y promoviendo un mayor respeto por el medio ambiente.

Forman parte de este proyecto como socios: CESEFOR, COSE, JOGOSA, ADISGATA, FAFCYLE, Sociedad Cooperativa PINASTER, Industrial Resinera VALCAN S.A. y LURESA Resinas S.L. El proyecto de innovación del Grupo Operativo RESINLAB tiene una duración de dos años y ha sido beneficiario de una ayuda en materia de productividad y sostenibilidad agrícolas (AEI-AGRI) en el marco del programa nacional de desarrollo rural 2014-2020 (FEADER) en la convocatoria 2020, con un presupuesto total de 570.699,77€ (456.559,82€ FEADER y 114.139,95€  AGE).

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