Natali Camolez, el escenario que nos une

La bailarina Natali Camolez impulsa Includanza, un proyecto que reivindica el derecho de las personas con discapacidad a crear y protagonizar las artes escénicas

¿Quién tiene derecho a ocupar un escenario? Durante años, esta respuesta ha estado limitada a ciertos colectivos. Hoy, iniciativas como la de Natali Camolez cuestionan este hecho y le dan un giro utilizando la danza como herramienta para visibilizar, incluir y dejar atrás esa idea, creando un espacio donde personas con discapacidad puedan expresarse de manera libre al público.

Desde la mirada que une el arte y el compromiso social, el trabajo de Natali Camolez se sitúa precisamente en ese punto de inflexión. Bailarina y coreógrafa brasileña afincada en España, ha decidido convertir la inclusión en una forma de crear arte, siendo el eje central de su trayectoria, “Desde el minuto uno sabía que quería derivar mi experiencia previa como profesional del arte escénico con el mundo de la vulnerabilidad, sobre todo con el mundo de la discapacidad” comentaba en la entrevista realizada en el encuentro realizado por Trashumancias 2.6. A través de la compañía Includanza, impulsa espectáculos protagonizados por personas con discapacidad intelectual, donde el proceso creativo es igual de importante que el resultado final.

Natali Camolez durante las mentorías en Trashumancias 2.6. Foto Irene Rotger

Una de las principales reivindicaciones que atraviesa este proyecto es la necesidad de dejar atrás la infantilización de las personas con discapacidad, rompiendo con una mirada que históricamente las ha situado en un lugar de dependencia. Lejos de ello, Includanza defiende su capacidad creativa, su autonomía y su derecho a ocupar espacios culturales en igualdad de condiciones. El proyecto plantea su presencia en el espacio cultural desde la creación y con voz propia dentro del proceso artístico.

En este sentido, la compañía nace precisamente con el objetivo de que sean protagonistas en las artes escénicas, participando en la construcción de las piezas y en su exhibición pública. Sus espectáculos como ¿Jugamos? o Iris, presentan propuestas escénicas que generan espacios donde el movimiento, los objetos y la expresión corporal actúan como formas de comunicación.

Esta filosofía se extrapola a los procesos de trabajo, donde la creación colectiva y la adaptación a las capacidades de cada participación son fundamentales. Tal y como se desprende del propio desarrollo del proyecto, la danza se convierte en una herramienta de intervención social que favorece la participación, el aprendizaje progresivo y la construcción de una identidad artística propia. “No se trata de tratarles diferente, sino de generar espacios donde puedan desarrollarse como otra persona”, una idea que atraviesa el discurso de Camolez.

Sin embargo, llevar a cabo este tipo de iniciativas no está exento de dificultades. A pesar del impacto que generan proyectos como Includanza, estos se enfrentan a una falta de apoyo que limita su desarrollo. La escasez de recursos, la dificultad para acceder a financiación y la poca presencia de la danza inclusiva en los discursos culturales tradicionales, evidencia una carencia institucional que contrasta con los valores de estas propuestas. Tal y como señala Camolez en la entrevista, gran parte del trabajo se sostiene gracias al esfuerzo personal y la dedicación de quienes forman del proyecto, lo que obliga a mantener un equilibrio entre la vocación artística y la sostenibilidad de este.

Natali Camolez durante la entrevista. Foto Irene Rotger

Esta falta de respaldo afecta también a la producción de espectáculos y a la posibilidad de ampliar el alcance del proyecto, así como a garantizar su estabilidad en el tiempo. En un contexto donde la inclusión forma parte del discurso institucional, hay una mucha distancia entre la teoría y la práctica, evidenciando la necesidad de un mayor compromiso con la accesibilidad a la cultura. “Nosotros hacemos un trabajo de calidad, pero muchas veces no podemos acudir a determinadas convocatorias porque no existen para proyectos como el nuestro… nos quedamos ahí en el medio del camino” señalaba Camolez.

El trabajo de Natali Camolez y de Includanza abre espacios e interpela directamente a las estructuras culturales que los limitan. Cada función es, en sí misma, una respuesta, una forma de demostrar que el talento no entiende de etiquetas.

Textos de Milagros Sevilla y Marta Moyano. Fotos de Irete Rotger para LaCircular.es

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